¿Qué pasa con el empleo joven en América Latina?

Qué pasa con el empleo joven en América Latina

Diversas son las barreras que tienen los jóvenes para entrar al mercado laboral, desde la falta de experiencia hasta no tener las habilidades que los empleadores demandan. Según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), los jóvenes de 15 a 24 años representarán casi un quinto de la población total de la región en el año 2020. ¿Cómo adelantarnos a las necesidades del mercado de trabajo, de manera que estos jóvenes tengan oportunidades de encontrar un empleo?. Más aún, ¿cómo asegurar que estos empleos sean de calidad?

Los jóvenes en el Índice de Mejores Trabajos

El Índice de Mejores Trabajos del BID nos muestra el estado del empleo en 17 países de América Latina midiendo dos dimensiones: cantidad y calidad. La primera hace referencia a cuánta gente quiere trabajar (participación laboral) y cuánta está trabajando (ocupación), mientras que la segunda captura cuántos reciben un salario suficiente para superar la pobreza (salario suficiente) y cuántos trabajadores tienen seguridad social (formalidad). Se mide considerando a la población en edad de trabajar, excluyendo a quienes estudian a tiempo completo.

Según el Índice de Mejores Trabajos, la región tiene una deuda de calidad que afecta especialmente a los jóvenes. En una escala de 0 a 100, los países de América Latina obtienen en promedio 74 puntos en la dimensión de cantidad. En lo que respecta a calidad, sin embargo, el promedio es de apenas 40,1. En todos los países, la baja calidad del empleo es mucho más profunda en los trabajadores jóvenes (15 a 24 años), quienes en muchos casos no solo perciben salarios insuficientes para salir de la pobreza, sino que además trabajan de manera informal.

Según el Índice de Mejores Trabajos, la región tiene una deuda de calidad que afecta especialmente a los jóvenes.

Empleo joven en América Latina

Ninguno de los 17 países que conforman el Índice alcanza la mitad del puntaje máximo en formalidad y salario suficiente para superar la pobreza. Si comparamos la situación de los jóvenes a la de los adultos, el panorama es todavía más gris. Por ejemplo, a pesar de que Uruguay se ubica en el primer lugar en el Índice global, es también el país con la mayor brecha generacional en la dimensión de calidad (seguido por Argentina y Ecuador). Otro caso que llama la atención es el de México, en donde la brecha entre adultos y jóvenes en términos de calidad es casi 10 veces la brecha que se observa en la dimensión de cantidad.

A pesar de que Uruguay se ubica en el primer lugar en el Índice global, es también el país con la mayor brecha generacional.

En el extremo opuesto a Uruguay se encuentra Honduras, el país con la menor brecha generacional en términos de calidad en el Índice de Mejores Trabajos. Sin embargo, esto no es necesariamente positivo (de hecho, el país se sitúa en el penúltimo lugar del Índice global). Por un lado, vemos cómo en Honduras la baja calidad del empleo afecta a todos los trabajadores por igual, sin distinción de edad. Por otro, esta publicación muestra que el costo mínimo (el salario mínimo legal más todos los aportes necesarios para una contratación formal) de emplear a un trabajador asalariado en Honduras representa el 95% del PIB por trabajador. Esta combinación de altos costos laborales y baja productividad se traduce en incentivos para la contratación informal.

Mejores condiciones laborales para los jóvenes

A pesar de que en los últimos años ha habido un aumento relativo en la calidad de los empleos, el Índice nos muestra que la diferencia generacional en los países de América Latina se ha incrementado ligeramente. Además de enfrentar mayores tasas de desempleo y rotación laboral, los jóvenes suelen percibir salarios más bajos que los de los adultos. Ante este panorama, es imperativo desarrollar políticas integrales de empleo que contemplen programas para ayudar a los jóvenes a sortear los obstáculos que les impiden encontrar trabajos de calidad. Se necesitan más esfuerzos para suavizar la transición a un primer empleo, asegurando que los jóvenes cuenten con las habilidades demandadas por los empleadores. Los programas de aprendices son una opción que ha mostrado resultados positivos para apoyar esta transición de la escuela al trabajo (como demuestran este estudio de Fazio y otros y este de Novella y Pérez-Dávila).

About the Author

Stephanie González Rubio
Stephanie González es consultora en la División de Mercados Laborales del Banco Interamericano de Desarrollo desde 2017. Anteriormente, ella trabajó como investigadora en el Departamento de Estudios del Ministerio del Trabajo y Previsión Social en Chile, apoyando en temas de indicadores laborales, participación laboral femenina y juvenil, trabajo infantil, salario mínimo, sindicalización, y programas de capacitación. Dentro de esta área, ella participó en la creación de proyectos de Ley y realizó distintas investigaciones. Stephanie obtuvo un Master en Economía en la Universidad de Chile y es Licenciada en Ciencias Económicas en la misma universidad.

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