¿Es hora de acabar con las propinas en Estados Unidos?

Como las películas de Hollywood o las hamburguesas, las propinas forman parte de la cultura popular contemporánea de los Estados Unidos. Utilizadas no solo como una simple gratificación por el trabajo bien hecho, sino en numerosas ocasiones como una parte significativa del propio salario de muchos trabajadores en el sector servicios, las propinas constituyen una tradición que, sin embargo, no convence a todos. El país, inmerso en la recuperación de la crisis y con una tasa de desempleo que ha caído hasta el 5,3%, celebra este lunes el ‘Labor Day’ (su particular Primero de Mayo) con un debate cada vez más latente: ¿estamos ante el principio del fin para las propinas en Estados Unidos?

Nada en la actualidad indica que las propinas, de origen medieval y europeo, llegaron a estar prohibidas en ciudades como Seattle o Memphis: hasta seis estados aprobaron leyes para acabar con ellas a comienzos del siglo XX. El escenario a día de hoy es bien distinto. Aunque una encuesta afirma que el 95% de los estadounidenses está a favor de este sistema de propinas, cada vez son más las voces discordantes, sobre todo desde que algunas de las principales ciudades del país –empujadas por un movimiento ciudadano que crece progresivamente– han elevado el salario mínimo. Ante las desigualdades que en un mismo negocio pueden generarse entre quienes trabajan de cara al público y quienes lo hacen ‘entre bastidores’, algunos empresarios del sector servicios han reaccionado suprimiendo las propinas (elevando los precios de sus servicios para incrementar así los salarios de sus trabajadores).

Según un estudio de la Universidad de Cornell, el 44% de los estadounidenses preferiría que los trabajadores que les atienden en los restaurantes tuvieran mejores salarios, de tal forma que las propinas no fueran decisivas en sus ingresos. He aquí, en realidad, la esencia de la cuestión: ¿hasta qué punto debe caer sobre los hombros de los clientes una responsabilidad tan importante? ¿Por qué deben tener los comensales de un restaurante tanto poder sobre lo que un trabajador acabará ingresando por su actividad laboral?

Quienes están en contra de este sistema argumentan, entre otras cosas, que las propinas conforman un sistema poco transparente (también desde un punto de vista fiscal), fomentan la explotación laboral o que incluso generan graves problemas de desigualdad. Por el contrario, sus partidarios defienden, por ejemplo, que las propinas otorgan más poder a los consumidores, que son un incentivo para los trabajadores o que pueden desembocar en un muy buen salario. La propina “es un contrato social”, explica el profesor Michael Lynn: “Muchas personas trabajan en Estados Unidos con la expectativa de que se les dará propina”. Esa esperanza de obtener una buena gratificación es la que, para algunos consumidores, resulta contraproducente, pues en ocasiones provoca que los trabajadores (algunos meseros, por ejemplo) sean excesivamente “insistentes”.

Las cuantías de las propinas también forman parte de la discusión. Para un extranjero que llega a Estados Unidos, el sistema es sin duda confuso: ¿cuánto y a quién hay que dar un extra? En algunos países, como en muchos de América Latina, una propina del 10% al camarero de un restaurante supone una gratificación generosa, el premio a un buen trabajo. En Estados Unidos, por el contrario, ese porcentaje se asocia a un muy mal servicio: el comensal generalmente no está obligado a dejar propina, pero no hacerlo le causará probablemente una discusión en público y un sonrojo, incluso aunque el servicio haya sido realmente malo. Pese a sus detractores y a las confusiones que genera, este método de pago está totalmente arraigado en la sociedad estadounidense… ¿Será así siempre?

Autor Foto: Steven Depolo

About the Author

Mikel A. Alcázar
Mikel A. Alcázar es el coordinador de la estrategia de comunicación de la División de Mercados Laborales y Seguridad Social del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra y Máster en Comunicación Empresarial por la Universidad de Barcelona, antes de incorporarse como consultor al BID (en 2014) trabajó como periodista en diferentes medios (radio, prensa escrita y televisión), y como responsable de Comunicación de Aprocta, la asociación profesional más representativa de los controladores aéreos españoles.

4 Comments on "¿Es hora de acabar con las propinas en Estados Unidos?"

  1. Buen día, claro que tiene repercusiones, considerando el texto anterior la gente esta muy acostumbrada a que se le de propina por un servicio, aun si este ha sido malo, caso contratrio en México, la propina muchas veces, la gran mayoria de veces, es superior al salario que gana un trabajador en este sector, sin embargo, aunque se escuche raro, un gran porcentaje de propinas las genera el propio mexicano, ya que los turistas extranjeros al contratar un servicio “todo incluido” lo hacen precisamente para evitar el estar dando propinas por cada servicio recibido. Recordemos tambien que el monto generado por las propinas ha hecho pensar a nuestras autoridades hacendarias la posibilidad de gravarlas con algún impuesto, esto ha generado mucha polemica ya que, por un lado, no hay transparencia en como se gastan los impuestos recaudados y segundo este ingreso representa para algunos mexicanos el 60 o 70% de su ingreso y, en algunos casos es solo su unico ingreso, recordemos que la economia de Estados Unidos no es para nada igual a la de México y la propina genera ingresos por los salarios tan bajos que tienen algunos sectores prestadores de servicios.

  2. Buenas tardes,

    Siempre me he sentido un poco incómoda con este tema de las propinas.

    Se supone que la regla general para dar una propina es premiar el buen servicio recibido. Pero… ¿acaso eso no es responsabilidad de la empresa, negocio, u organización que presta el servicio? Son ellos los que deben velar por atender con excelencia los clientes, ya que si no lo hacen se verán afectadas sus ventas y reputaciones.

    Como opinión personal la propina solo debe ser dada si el cliente lo desea, si sintió que la manera como fue tratado superó por mucho sus expectativas.

    El incentivo para que los trabajadores atiendan y presten un servicio de excelencia no debe ser la propina que se va a recibir, esto debe ser incentivado por la gerencia del negocio.

  3. En México, las propinas son un instrumento de doble filo, por una parte es una excusa perfecta para que hasta los mejores restaurantes (Si, los de cinco estrellas) paguen salarios de hambre y por otra la oportunidad para quien trabaja buscándola. En lo personal nunca es una obligación, pero solo con saber su nivel de salario me motiva a otorgarlo, de otra forma no podrían sustentarse. Que por cierto, en los lugares lujosos y centros nocturnos un mesero puede ganar +20 veces su salario.

  4. Absalón Méndez Cegarra | 7 septiembre 2015 at 6:23 pm | Responder

    La costumbre, casi ley, de dar propina a la persona que presta un servicio, por el cual recibe una paga, un salario, alto o bajo, por la empresa u organización que le contrata como trabajador formal, es negativa y debe ser abolida, pues, en países como Venezuela, esa costumbre, según la Ley Orgánica del Trabajo, de los Trabajadores y Trabajdoras( LOTTT, 2012),es parte del salario integral que percibe el trabajador, con lo cual, a la larga, el usuario o cliente del servicio termina pagando el salario del trabajador y el empresario o empleador debe tomar todas las precauciones, en caso de las indemnizaciones a que está obligado por Ley. Es absurdo que se establezca, como ocurre en Estados Unidos, un determinado porcentaje del monto del consumo, con independencia de la calidad del servicio. Dar una propina debe ser una liberalidad del usuario o cliente, nunca un obligación. Un usuario recibe múltiples servicios y puede ofrecer, igualmente, múltiples servicio.Por ejemplo, un médico es un prestador de servicio, igual, un abogado o un policía y, a nadie, se le ocurre darle propina al médico por la consulta; pero, el médico, si acude a un restaurante, seguro, debe darle propina al mesero que le atiende, quien, a lo mejor, ha sido o es su paciente. Cosas verdaderamente absurdas.

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