08 agosto 2017

¿Por qué las mujeres Guna paren sin dolor?

Por Carolina Martin y Ana Grigera*

En un viaje a Guna Yala, una de las comarcas del pueblo indígena Guna en Panamá, el Director Regional del Ministerio de Salud nos contó que cuando al centro de salud llega una mujer Guna que se encuentra de parto, lo primero que le pregunta es si tomó tuleina – la medicina (‘ina’) de los Guna (‘tule’). Él sabe que la planta del inadule (médico tradicional Guna), tomada cuando comienzan los dolores de parto, ayuda a las mujeres a dilatar muy rápidamente y en muchos casos casi sin dolor, a diferencia de lo que generalmente ocurre en un parto occidental.

Esta práctica de medicina tradicional no es la única que asombra a los médicos occidentales. Muchos reconocen la eficacia con que los inadule curan temas de ortopedia, dermatología y partos, entre otros. Médicos que trabajan cerca de las comarcas Guna cuentan cómo han quedado sorprendidos al ver huesos rotos sanar en mucho menos tiempo que con las prácticas médicas occidentales. No entienden el qué ni el cómo, pero se “quitan el sombrero” ante sus contrapartes indígenas.

Como conocimiento colectivo, la medicina tradicional representa un conjunto de sabidurías y prácticas, generalizado al interior de un pueblo indígena, para resolver sus problemas de salud y fomentar el bienestar biológico, psicológico, social y espiritual del individuo y de su comunidad en condiciones de equidad. Existen diferentes profesionales de salud: especialistas terapeutas, parteras, ortopédicos, promotores, sobadores, entre otros. Cada médico tradicional trabaja con sus propias plantas, según su especialización, conocimiento y ecología local.

Al ser los guardianes de la salud de una comunidad y pueblo, los médicos tradicionales figuran también como los principales guardianes de conocimiento y protección de la biodiversidad, de los bosques y de la Madre Tierra.

Recientemente acudimos a un encuentro realizado, en el marco de un proyecto del Banco Interamericano de Desarrollo entre médicos tradicionales de las comarcas de Guna Yala y Ngäbe-Buglécuyo, concebido para facilitar el intercambio de conocimiento entre ellos. Ahí pudimos entender mejor el funcionamiento, los desafíos y el potencial de la medicina propia en Panamá. Nos contaron que los médicos vienen dotados con habilidades desde el vientre de la madre y luego reciben capacitación de médicos tradicionales ancianos. Aprendimos también acerca de las investigaciones que realizan para profundizar su conocimiento y desarrollar nuevos remedios, particularmente para nuevas enfermedades. Los médicos tradicionales también expresaron su gran preocupación ante el hecho de que la medicina propia se está perdiendo. La falta de reconocimiento de la existencia, valor y aporte de sus prácticas limita la capacidad de ejercer y desincentiva a los jóvenes a seguir esta vocación. Los cambios sociales y culturales externos también debilitan los conocimientos y buenas prácticas de la medicina tradicional.

Frente a los desafíos de salud que enfrentan los pueblos indígenas de Panamá –desnutrición crónica, tasas de mortalidad infantil de casi el doble al promedio nacional y una esperanza de vida en las comarcas casi diez años menor que en otras provincias del país (MINSA 2015)– es importante movilizar todos los recursos (“tradicionales” y “occidentales”) para  mejorar  la salud de la población indígena.  Se ha visto que la salud intercultural puede mejorar el nivel de conocimiento sobre salud y prácticas saludables dentro de pueblos indígenas, reducir la mortalidad infantil y la mortalidad materna e incluso reducir costos.

Proteger el conocimiento tradicional de los pueblos indígenas y articular sus prácticas con la medicina occidental es uno de los grandes desafíos pendientes.

Hoy, en el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, El BID celebra la identidad, conocimiento, tradiciones, prácticas y creencias de los pueblos indígenas de la región. Reconocemos estos componentes como una fuente importante de soluciones, a ser aprovechada y fortalecida y reiteramos la importancia del desarrollo de políticas públicas culturalmente apropiadas para mejorar su bienestar colectivo.

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