Cuando Gabriel García Márquez trabajaba en una de sus obras más emblemáticas, “El coronel no tiene quien le escriba”, corría 1960, y en Colombia cada mujer tenía cerca de siete hijos como media. Él mismo tenía 11 hermanos, lo que no era inusual en su Aracataca natal. Veinte años después, podría haber titulado su obra “Crónica de un envejecimiento anunciado”, porque el índice de fecundidad ya había caído por debajo de 4 hijos por mujer y en 2022, año en que la población del país decreció por primera vez en su historia reciente, se situó en 1,69 hijos por mujer. Entre enero y octubre de 2024, la natalidad en el país disminuyó nuevamente un 14,4% en comparación con el mismo periodo del año anterior, marcando la cifra más baja de la última década, según el Departamento Nacional de Estadística.
El caso de Colombia ilustra lo que está ocurriendo en América Latina y el Caribe (ALC) con la marea del cambio demográfico: el envejecimiento se acelera y su avance generará profundas transformaciones sociales y económicas en un futuro cercano, especialmente en tres dimensiones: sistemas de pensiones, de salud y de cuidados. Esto hace necesario actuar con urgencia para que nuestra región afronte el futuro con las reformas necesarias que garanticen el bienestar no solo de los mayores de 65 años, sino de toda la población.
Cómo responder al envejecimiento de la población y la caída de la natalidad fue el tema de un reciente webinario con la participación de Ana María Ibáñez, Vicepresidenta de Sectores y Conocimiento del BID, Marc Canal, asociado de McKinsey Global Institute, e Irene Arias, CEO de BID Lab, quienes compartieron su visión de esta realidad y cómo enfrentarla.
¿Cómo ayudamos a aprovechar las oportunidades del envejecimiento en el BID?
El tema del envejecimiento no es nuevo para el BID. Llevamos años impulsando la economía plateada, trabajando con gobiernos de la región para promover el desarrollo de políticas que ayuden a minimizar las consecuencias del cambio demográfico y generando productos de conocimiento que sitúen esta realidad en la agenda pública. El objetivo ha sido dar visibilidad a un problema incipiente y aprovechar las oportunidades que los cambios poblacionales pueden entrañar para el crecimiento económico y social de la región.
Desde el punto de vista de políticas públicas, en el BID ayudamos a los países en sus procesos de reforma de los sistemas de pensiones. Según los datos compartidos por Ana María Ibáñez, durante el seminario, en promedio, el 69% de los adultos mayores de 65 años de ALC cuentan con una pensión, pero la cobertura es muy heterogénea: mientras en Costa Rica es de 73% y en Uruguay llega al 91% en Honduras, El Salvador o Guatemala no llega al 20%. Además, la tasa de reemplazo, es decir el porcentaje de pensión que reciben los mayores respecto a lo que era su salario, apenas supera de media el 40%, con extremos tan dispares como el 18% en Bolivia o el 64% en El Salvador.
En cuanto a los sistemas de salud, el 80% de la población de América Latina y el Caribe tiene acceso a servicios de salud, pero la calidad de estos servicios es baja. Esto es consecuencia de la falta de preparación entre los profesionales de la salud, instalaciones inadecuadas y deficiente manejo de las enfermedades crónicas. La prevención, detección y tratamiento temprano de las enfermedades crónicas son los pilares que permiten aumentar la esperanza de vida con buena salud después de los 65 años y no podemos ignorar que el envejecimiento trae consigo un aumento en los gastos en salud: se espera que, para 2050, esos gastos se incrementen en un 175%, lo que implica grandes retos para la sostenibilidad fiscal.
Con todo, posiblemente la dimensión de cuidados es la que más tenemos que trabajar. Alrededor de 8 millones de personas mayores de 65 años de nuestra región necesitan ayuda para realizar alguna de las funciones básicas de la vida cotidiana. Sin embargo, una buena parte de nuestros países apenas dan cobertura al 5% de sus mayores, y la calidad de la misma es inadecuada por la deficiente formación de los cuidadores (8 de cada 10 personas que cuidan a los mayores no tienen ningún tipo de capacitación), por las condiciones de trabajo precarias e inseguras (el 70% de los cuidadores remunerados ganan el salario mínimo o menos) o por la gran informalidad en el sector (solo 1 de cada 4 cuidadores contribuye a la seguridad social), según evidencia una encuesta llevada a cabo por el BID en 2024.
Ante esta situación las políticas públicas juegan un gran papel y el BID puede ayudar a los países en este proceso de transición demográfica con el diseño de políticas públicas adecuadas o con el fortalecimiento de las instituciones que prestan estos servicios. Las políticas públicas, junto con la asistencia técnica del BID, pueden apoyar la formulación de nueva legislación, de marcos regulatorios (incluidos los estándares de calidad) y la capacidad del sector público de actuar como proveedor directo, así como comprador estratégico de servicios proporcionados por el sector privado, con fines de lucro o sin ellos.
El financiamiento público dirigido a asistir a las personas que necesitan cuidados y a los cuidadores elegibles más vulnerables puede realmente dar forma a un mercado de servicios provistos por el sector privado que cumpla con altos estándares de calidad. El apoyo del BID es también relevante con la generación de productos de conocimiento para diseñar políticas públicas que permitan enfrentar esos retos y alertar a los países incitando a la acción.
América Latina y el Caribe tiene que hacerse rica antes de hacerse mayor
La región está a menos de una generación de tener la misma estructura poblacional que tienen hoy en día las economías desarrolladas, según Marc Canal, pero la renta per cápita de la región es del 50% en paridad de poder adquisitivo. Para generar al menos la misma cantidad de recursos ALC tendrá que duplicar la renta per cápita así que nuestra región “tiene que hacerse rica antes de envejecer”, aseguró el asociado de McKinsey. Hacer frente a esta situación y generar crecimiento requiere crear más y mejor empleo y, en segundo lugar, hacer que cada empleo sea más productivo. Para todo ello son necesarios niveles mucho más altos de inversión.
Una longevidad más productiva o la permanencia de los trabajadores por más tiempo en el mercado laboral contribuyen al crecimiento del empleo. También es clave aumentar la participación femenina en el trabajo. En América Latina y el Caribe, la tasa de participación de las mujeres alcanza en promedio el 65%, mientras que en las economías más avanzadas supera el 80%, lo cual representa una gran oportunidad.
Las empresas pueden dar soporte a esa mayor participación laboral en todas las edades y, particularmente, a las personas de más edad, con formación y reciclaje profesional, con mentorías cruzadas entre personas mayores y jóvenes, y con innovación en áreas para la longevidad productiva en todos los sectores. Con medidas en esa dirección podremos llegar a una economía plateada que sea mucho más de los consumidores, concluyó Marc Canal.
La economía plateada no es una realidad alejada que vaya a ocurrir en unos cuantos años. La marea demográfica está subiendo de una manera lenta pero constante. En nuestra región las olas del envejecimiento apenas nos están llegando a las rodillas, pero sabemos que seguirán avanzando. Un enfoque en pensiones, en salud y en cuidados nos permitirá mantener la línea de flotación en la marea del cambio poblacional de manera satisfactoria para nuestras sociedades.
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