Robots en el trabajo: ¿quién podrá defendernos?

Recientemente circulaba por las redes sociales una foto de los nuevos quioscos de autoservicio de McDonald’s, que permiten ordenar pedidos utilizando una pantalla táctil, acompañado del siguiente texto “¿Cree que su trabajo vale 15 dólares la hora? Le presentamos a su reemplazo”.  El mensaje, indiscutiblemente subjetivo, rápidamente se hizo viral ya que está relacionado con dos temas populares: la batalla por incrementar el salario pagado por las cadenas de comidas rápidas en Estados Unidos y el reciente debate sobre la posibilidad de que las máquinas reemplacen buena parte de los trabajos que hasta ahora desempeñan personas.

Este mensaje, en apariencia pasajero como la mayoría de las fotos o videos que se hacen virales en las redes sociales, revive una discusión creciente sobre el impacto de los cambios tecnológicos y la automatización sobre el mercado laboral en un futuro cada vez menos lejano. De hecho, que esté sucediendo en la mayor franquicia del planeta que emplea cerca de 2 millones de personas en el mundo es una muestra de que el temor a la automatización se está trasladando de la academia a las calles.

¿Pero qué tan bien fundado es este temor? Históricamente, los economistas han rechazado el argumento de que los incrementos en la productividad laboral reduzcan el empleo en el largo plazo, puesto que no existe un número fijo de empleos y las nuevas tecnologías crean nueva demanda de trabajo. Pero en la era de la revolución digital, existen dudas de que este argumento se pueda seguir rechazando tan tajantemente, ya que la automatización avanza a un ritmo mucho más acelerado del que se había experimentado en el pasado, con la posibilidad de reemplazar trabajo humano a una escala jamás observada. Además, la automatización no se concentra en algunos sectores concretos, sino que afecta potencialmente a todos los sectores de la economía.

David Autor, profesor de la universidad MIT y asiduo estudioso del tema, presenta tres argumentos por los cuales, al menos a nivel agregado y en el largo plazo, no tendríamos que preocuparnos tanto.

Primero, la automatización no solo elimina trabajos sino que demanda otros que son complementarios. Es más, por lo general las tareas que no son susceptibles de ser sustituidas por la automatización son complementadas por esta. Así, se genera una demanda por trabajos que solo pueden realizar seres humanos, y que al ser más especializados, son mejor remunerados.

En segundo lugar, la automatización reduce el costo de operación de las empresas, posibilitando su expansión. Un ejemplo similar al caso de McDonald’s ocurrió en los años 70 con la introducción de los cajeros automáticos. Se temía que estos reemplazaran a los cajeros humanos pero, al contrario, el empleo aumentó ligeramente. Los cajeros automáticos redujeron el costo de operación de las sucursales bancarias y por esta vía contribuyeron indirectamente al incremento en la demanda de empleados. Aunque disminuyó el número de cajeros humanos en cada sucursal bancaria, la proliferación de sucursales compensó el efecto. Adicionalmente, los cajeros automáticos reemplazaron las tareas más rutinarias de los cajeros clásicos y dieron paso a la creación de otras posiciones en los bancos asociadas con el servicio al cliente más especializadas y mejor remuneradas.

Finalmente, los empleados mejor remunerados crean una mayor demanda por bienes y servicios, e incluso crean una demanda que antes no existía. Por un lado, aquellos con más tiempo libre (principalmente en los países desarrollados) gastan más en entretenimiento, viajes y en cuidado médico. Otros, con menos tiempo libre, demandan otro tipo de servicios como por el ejemplo para el cuidado de sus seres queridos y mascotas, entrenadores personales,  etc.

Aunque la automatización puede traer beneficios generales para la sociedad como un todo, a nivel individual y en el corto plazo sí se producirán reajustes y sin duda habrá damnificados. Además, aunque no hay evidencia de que el número de empleos vaya a caer en el agregado, sí existen dudas razonables acerca de la calidad de los mismos y aunque hay esperanzas para pensar en algunos trabajos mejor remunerados, esto no será cierto para todos. Entonces ¿quién podrá ayudarnos?

Sin duda el camino es largo, pero el primer paso es reconocer que el problema no es tecnológico, ni de escasez de empleos, sino de distribución, desigualdades y calidad. Existen muchas alternativas desde la política pública que pasan por estos tres ejes:

· Primero, reforzar, mediante mejores sistemas de formación, las habilidades requeridas en actividades de difícil automatización, incluyendo no solo las habilidades socioemocionales sino aquellas que requieren resolución de problemas, intuición, persuasión, creatividad, etc.

· Segundo, fortalecer los sistemas de intermediación laboral para actualizar, reentrenar y reubicar a los trabajadores que han perdido sus empleos, con fórmulas innovadoras en términos de política social.

· Y, finalmente, consolidar el rol de las empresas en los sistemas de formación e intermediación laboral, quienes tienen un papel fundamental en este proceso, como se explica esta entrada anterior de este blog, apostando por la capacitación, la inversión en investigación y la innovación.

*Descubra la serie completa de posts sobre El futuro del trabajo‘, en la que cada mes reflexionamos sobre los empleos que vienen. Lea el artículo anterior: ‘¿Qué necesitas para ser el trabajador más buscado?‘.

 

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