29 noviembre 2017

Mujeres en América Latina: menos y peores trabajos

 

Por Verónica Alaimo y Mariangela Mendoza*

Se estima que un cuarto del crecimiento económico experimentado en los últimos 20 años en América Latina se debe a la incorporación de la mujer al mercado laboral. Sin embargo, pese a la etapa de bonanza, los países de la región aún tienen un largo camino por recorrer para alcanzar el nivel de los países desarrollados. Buena parte del problema está en los mercados laborales, que en la región no funcionan como deberían: la mayoría de los trabajos son informales (sin acceso a los beneficios de la seguridad social), altamente inestables y poco productivos. Ante esta realidad, ¿qué tan relevante es el papel de las mujeres?

Las mujeres representamos el 51,7% de la población económicamente activa en América Latina, es decir, más de la mitad del talento del que dispone la región. Sin embargo, la realidad es que la presencia de las mujeres en el mercado de trabajo es débil, tanto en términos cuantitativos como cualitativos. Así lo demuestra el Índice de Mejores Trabajos, una nueva herramienta que permite comparar, por primera vez, las condiciones laborales en 17 países de América Latina.

¿Cómo es la brecha de género en los países de la región?

Los datos del Índice de Mejores Trabajos nos muestran con claridad que los hombres de la región tienen más trabajos y de mejor calidad que las mujeres. El índice permite identificar el tamaño de esta brecha para cada país. Así, se observa que la mayor brecha de género se encuentra en Guatemala y la menor, en Uruguay. Esto coincide, justamente, con el resultado general del índice: Uruguay es el país con mejores trabajos y Guatemala, el último clasificado.

El Índice de Mejores Trabajos mide, en una escala de 0 al 100, el estado del empleo en los países a través de dos dimensiones (cantidad y calidad), cada una de ellas conformada por dos indicadores. La dimensión de cantidad captura cuánta gente desea trabajar (participación laboral) y cuántos efectivamente lo hacen (ocupación). La de calidad mide cuánto del trabajo que se genera en los países está registrado en la seguridad social (formalidad) y cuántos trabajadores reciben salarios que son suficientes para superar la pobreza (salario suficiente). Cada indicador y dimensión tiene el mismo peso dentro del índice y se mide con relación a la población en edad de trabajar (excluyendo a quienes estudian a tiempo completo).

En promedio, la diferencia de puntuación entre hombres y mujeres en América Latina es de 22,5 puntos (en Uruguay es de 15,6, mientras que la de Guatemala alcanza los 33 puntos). En todos los países, la brecha de género es mayor en la dimensión de cantidad (que mide la participación laboral y ocupación) que en la de calidad (que incluye formalidad y salario suficiente para superar la pobreza). Como los datos son comparables entre países y también a lo largo del tiempo, se observa que la brecha de género en la región apenas se ha reducido seis décimas desde el año 2010.

Ante este panorama, es imperativo profundizar en la comprensión de las barreras que limitan la participación de las mujeres en los mercados laborales y diseñar políticas que reduzcan esas brechas. Entre otras soluciones, los países pueden mejorar los beneficios que se ofrece a las mujeres (baja por maternidad, guardería, flexibilidad horaria…), aunque su diseño debe ser el óptimo para no acabar perjudicándolas. También es crucial que, como se conversó en este Facebook Live, los países proporcionen mayor orientación laboral a las mujeres para que estas accedan a oficios no tradicionales (en los que sus salarios serían más altos). No podemos olvidar la existencia de grandes barreras culturales, que se deben combatir con campañas de difusión y más capacitación. Herramientas como el Índice de Mejores Trabajos nos ayudarán a fomentar políticas que puedan conducir a condiciones de empleo más favorables, especialmente para las mujeres.

Verónica Alaimo es especialista sénior de la División de Mercados Laborales y Seguridad Social del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Verónica inició sus labores en el BID en 2008 como especialista en desarrollo social en la División de Salud y Protección Social. Verónica lidera la investigación en temas de protección contra el riesgo de desempleo, incluyendo el libro ‘Empleos para crecer’, de reciente publicación, y la generación de indicadores laborales. Además, participa en el diseño e implementación de proyectos sobre mercados laborales en la región. Antes de ingresar al BID, Verónica fue consultora del Banco Mundial. Cuenta con un Doctorado en Economía de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign en el 2007, y con una Maestría y una Licenciatura en Economía de la Universidad Nacional de La Plata.

 

Mariangela Mendoza es consultora de comunicaciones en la División de Mercados Laborales y Seguridad Social del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Licenciada en Comunicación Social (Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, Venezuela) y candidata a maestría en Comunicación Corporativa y Relaciones Públicas de la Universidad de Georgetown. Antes de ingresar al BID se desempeñó como ejecutiva de cuentas de comunicación corporativa y de marketing, en Hill and Knowlton Strategies México, para organizaciones como Bridgestone América Latina, Millward Brown Latinoamérica y Groupon, entre otras.

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