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Por Marta Rubio-Codina. 

Todo empezó con mi frustración con la comunidad internacional ante la falta de respuesta a la crisis de refugiados sirios. Las imágenes desoladoras que pasaban noche tras noche en los noticieros mostraban familias enteras detrás de alambradas, buscando con desesperación en la mirada una entrada al frío invierno europeo. Entonces decidí convertir mi frustración en acción.

Mi trabajo me ha permitido conocer muy de cerca varios modelos de promoción del desarrollo infantil a través del trabajo con familias, en particular el de Reach Up and Learn, que se enfoca en visitas domiciliarias de juego y estimulación. Se me ocurrió, como a tantos otros, que estas familias podrían beneficiarse enormemente de este tipo de intervenciones. Como estrategia de contención de la merma de capital humano que conlleva la pérdida de oportunidades lúdicas, pedagógicas y educativas que sufren los niños y niñas afectados por situaciones de conflicto armado y desplazamiento. O también como forma de atenuar las consecuencias negativas que tiene el estrés postraumático, promoviendo, por ejemplo, la resiliencia en niños y niñas y sus cuidadores a través del juego y de interacciones cálidas y receptivas, o la cohesión social en talleres de construcción de juguetes para familias.

Entonces,

definí un objetivo: hacer llegar Reach Up and Learn a la población siria desplazada.

tracé un plan: visitar campos de refugiados sirios, comprender cómo se organiza la ayuda humanitaria sobre el terreno en esos contextos, e identificar ONGs con las que colaborar y usar como plataforma para implementar una intervención de promoción del desarrollo infantil.

Empecé a soñar e imaginar la ‘propuesta de investigación’ que permitiría financiar la adaptación, implementación y evaluación del modelo mientras en mi cabeza construía castillos en el aire.

La suerte estaba de mi lado, más bien, del lado de mis sueños

En mayo coincidí en una conferencia con la Senior Technical Advisor para desarrollo infantil temprano del International Rescue Committee (IRC), una ONG que apoya a personas afectadas por conflicto armado y desastres naturales. ¡Tres meses más tarde estaba visitando los campamentos de Zatari y Azraq en Jordania y varios asentamientos informales en el valle de Beqaa en el Líbano con un equipo del IRC! Pasé algo más de una semana conversando con familias sirias, piloteando materiales—libros, rompecabezas, juguetes hechos con material reciclable—y sondeando posibles estrategias de intervención con las familias beneficiarias, los voluntarios y los trabajadores del IRC. Fue una experiencia extraordinaria—aprendí un montón sobre muchas cosas. Sobre la realidad del conflicto armado, sobre su crudeza y sobre la capacidad de las personas de sobreponerse a la adversidad.

La mayor lección de realismo nos la dio una niña de cuatro años que se bloqueó emocionalmente ante una lámina de un perro realizando varias acciones (saltando, corriendo, comiendo), pensada para aprender vocabulario. El pánico era visible en su cara. Su padre nos explicó que su chiquita nunca había visto un perro pero que los escuchaba ladrar en las noches en las afueras del campamento y que sufría pesadillas por ello. Entonces miré a mi alrededor y me di cuenta de los poquísimos estímulos sensoriales en el entorno de estos niños y niñas. ¿Cómo íbamos a hacer para adaptar los materiales de la intervención a esta realidad tan vacía de estímulos? ¿Qué imágenes íbamos a reflejar en los libros si ni tan siquiera crecen flores en ese desierto?

La mayor lección de resiliencia nos la dio un papá que después de una sesión piloteando materiales y juguetes en grupos de familias, con emoción en los ojos nos dijo: “estos bloques, tan simples y tan versátiles… nos habéis hecho recordar que tenemos hijos”. Esto solo era motivación suficiente para seguir.

Y seguimos…

Reach Up e investigadores de la Universidad de Nueva York se sumaron a la iniciativa. Ahora soñábamos juntos: formamos a equipos locales de IRC en la intervención y escribimos propuestas para financiar un programa de trabajo.

En paralelo, IRC inició una colaboración con Sesame Street para mejorar las condiciones de vida de los niños y niñas desplazados en Iraq, Líbano, Jordania y Siria. La estrategia de trabajo contaba con tres componentes: una versión local de Barrio Sésamo, convertir tiendas de campamento en centros de cuidado infantil, y una intervención de visitas domiciliarias basada en Reach Up y con elementos adicionales. Presentaron una propuesta a MacArthur Foundation y, ¡ganaron 100 millones de dólares para implementarla! Esto es noticia en mayúsculas no sólo para el proyecto sino también para todos aquellos que creemos y trabajamos por la primera infancia por la relevancia y visibilidad que este premio da a este tema.

Compartir esta historia es mi forma particular de honorar el Día Mundial de la Justicia Social. En muchas ocasiones, contribuir a ella está mucho más a nuestro alcance de lo que nos imaginamos. Cualquier contribución es relevante, por marginal que pueda parecer. Lamentablemente, el número de desplazados por conflictos armados, políticos, o por desastres naturales en nuestra región sigue aumentando. De nosotros depende pasar a la acción.

¿Qué puedes hacer en tu día a día, en tu entorno, en tu comunidad para contribuir a la justicia social? Cuéntanos en la sección de comentarios o menciona a @BIDgente en Twitter.

Marta Rubio-Codina es Economista Senior en la División de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo.

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Showing 10 comments
  • Magdalena
    Responder

    Hola! Como se puede aplicar para trabajar en algún centro de cuidado infantil?

  • Santiago
    Responder

    excelent

    • andreapro
      Responder

      Muchas gracias Santiago! Me alegra que te haya gustado.
      Marta

  • Luis Guillermo Alarcon Lopez
    Responder

    Encomiable. Me gustaría conversar contigo. Mi hija trabaja con refujiados en Tijuana.

    • andreapro
      Responder

      Muchas gracias Luis Guillermo. Y muchas felicitaciones a tu hija por su labor en Tijuana.
      Envíanos tu contacto y comentario/pregunta a sph-communication@iadb.org para mayor información.
      Marta

  • María Elena Dávila Díaz
    Responder

    Felicitaciones. Gracias por impulsarnos a actuar. Tengo un proyecto para capacitar en competencias parentales a jóvenes internos de un penal . La idea es que al salir ellos sean los padres que tal vez no tuvieron la suerte de tener. Solamente se puede valorar a la infancia conociéndola y esa es mi intención. No tengo ningún financiamiento, Ojalá en algún momento pueda encontrar el apoyo que tuvo su proyecto y así contribuir más. Como aquí se dice. Tal vez sea solo menos que un granito de arena, pero es la acción y la motivación la que no podemos dejar ir.

    • andreapro
      Responder

      Muchas gracias María Elena y muchas felicitaciones a ti por tu labor con jóvenes reclusos. Este es también un tema importantísimo y muchas veces olvidado, así como el de las madres reclusas y el de la situación de sus pequeños que crecen con ellos en prisión. Por descontado que la motivación y la acción son fundamentales y factores imprescindibles para desencadenar hazañas tanto mayores. ¡Ánimo!
      Marta

  • Carolina Moreno
    Responder

    Muchas felicidades Marta, es una gran labor trabajar con estos grupos, me parece que ellos en su contexto actual sufren de una forma determinada, pero por eso ello es loable el proyecto que llevan a cabo con estos niñitos a través del juego , y con los padres también quienes necesitan un aliento para sentirse útiles y de gran valor para la existencia de sus hijos.
    Ojala pudieras escribir algo mas extenso sobre este modelo de trabajo y también crear una red con otras personas quienes quisiéramos reproducirlo en nuestros contextos en América Latina y con otros grupos de niños en pobreza extrema o bien que sean parte de grupos vulnerables como niños indígenas.
    Saludos desde México.

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