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Por Florencia Lopez-Boo.
Es claro que el abuso físico contra los niños es delito. Está penado legal y socialmente. En 40 países del mundo se prohíbe explícitamente la aplicación del castigo corporal hacia los menores y en América Latina son 8 los países que ya han prohibido estas prácticas. Norbert Schady escribió un interesante post en nuestro blog en el que destaca que el castigo corporal severo es alto en ciertos países de nuestra región. También la Asociación Americana de Pediatría repudia todo tipo de maltrato, incluyendo las “nalgadas”.
Otra crueldad
Si bien el castigo físico ya está reconocido como algo negativo, ¿qué hacemos, por ejemplo, con la crueldad emocional? Parece que, en el caso de Gran Bretaña, ésta también podrá ser condenada por parte de la justicia con la llamada “Ley Cenicienta”. Incluso, en los casos más severos podría llegar a ser castigado con penas de hasta 10 años de prisión.
¿Cómo se define este tipo de maltrato? La crueldad o maltrato emocional por parte de los padres se entiende como el abandono, la falta de cariño o afecto en el trato y el desentendimiento severo al menor. Marines Bringiotti del Programa de Investigación en Primera Infancia Maltratada de la Universidad de Buenos Aires, distingue dos tipos de maltrato emocional:
- por acción, como la crueldad, los gritos y amenazas
- por omisión, como no responder a las demandas del niño o no estimularlo.
¿Qué sabemos de la importancia de una buena calidad del ambiente familiar en América Latina y el Caribe?
Un ambiente adecuado en el hogar es de gran relevancia para el desarrollo de un niño. Uno de los instrumentos más populares para la medición de dicho ambiente familiar es el indicador HOME (Home Observation for Measurement of the Environment) que ya ha sido aplicado en distintos países como Ecuador, Nicaragua, un grupo de países del Caribe, Chile y Perú. Las cuatro palabras que integran el instrumento HOME (que se traduce como Observaciones del Hogar para la Medición de Ambiente) se refieren a la filosofía subyacente al instrumento:
- HOGAR: La información recolectada por este instrumento es información sobre el hogar.
- OBSERVACIÓN: La puntuación de todos los ítems del HOME está basada en lo que se observa durante la visita al hogar. Lo importante del observador en este caso es la capacidad de observar eficazmente las pequeñas interacciones entre niños y padres que son clave para determinar la naturaleza de la relación.
- MEDICIÓN: El instrumento HOME no es simplemente un proceso informal de recolección de datos, sino un instrumento diseñado para proveer mediciones sistemáticas del ambiente del hogar. En los procesos de investigación, es fundamental preservar una descripción objetiva del medio ambiente, lo que permite relacionar aspectos del medio con el desarrollo del niño.
- AMBIENTE: Durante los primeros años, el hogar y la familia constituyen el medioambiente más importante en la vida del niño. Por ello, es allí donde debe comenzar la evaluación del mismo.
El HOME es un inventario que consta de 6 dimensiones, cubriendo, entre otros, los relativos al grado de respuesta e interacción entre padres e hijos, o los relativos a la disciplina y castigos o restricciones y prohibiciones que el niño recibe; aceptación; provisión de materiales adecuados para el juego, organización del tiempo y el espacio, y variedad en actividades de estimulación.
También sabemos que un hogar sin estrés materno es de gran relevancia para el desarrollo de un niño. Se ha demostrado que los niveles de estrés de la madre afectan al desarrollo del niño y madres con mayor nivel de educación, en general, reportan menores niveles de estrés. El estrés se mide a partir de una muestra de cortisol en la saliva (los niveles de cortisol en la saliva aumentan en las situaciones asociadas con niveles de estrés físico o psicológico).
Evidencia de la región muestra que existen importantes gradientes socioeconómicos en el HOME, con los hogares pobres presentando peores medioambientes familiares. Asimismo, el HOME parece tener mejores puntajes en zonas rurales (el medioambiente familiar es mejor). Para poner algunos ejemplos, mientras tres cuartos de los hogares en Perú, Nicaragua y Ecuador vocalizan espontáneamente al niño al menos dos veces durante la visita, solo la mitad felicita a sus hijos o les dice el nombre de un objeto o persona. Asimismo, y si bien solo en 2% de los hogares les pegan a sus niños durante la visita, un quinto de los hogares prohíben algo o restringen al niño más de tres veces durante la visita. Es importante señalar que existe una correlación elevada entre los puntajes del HOME y los niveles de desarrollo de los niños en varios países y contextos.
Implicancias de políticas públicas
Ahora ¿cómo se pondría en práctica tal ley contra la crueldad? Por un lado, está la complicación de las pruebas. Juan Pablo Viar, abogado especialista en violencia familiar, dice en una entrevista que en la justicia penal es difícil reunir pruebas para establecer una condena a los padres que sean crueles con sus hijos. No es claro si con denuncias de otros vecinos o familiares sería suficiente, o si deberían existir pruebas más directas, muy difíciles de demostrar si no hay violencia física, donde la marca del “golpe/zapatazo” suele ser la prueba más contundente. Por otro lado, existe el riesgo de exagerar las condenas. Tomemos el ejemplo en EEUU de una pareja de hermanos de 10 y 6 años de Maryland que caminaban sin la supervisión de un adulto en un trayecto de una milla, que conecta el parque al que suelen acudir con su hogar, bajo consentimiento de sus padres. A falta de pruebas, los progenitores fueron juzgados como culpables de negligencia. ¿Será que con esta ley los padres de estos niños irían presos?
Quizás más importante sería pensar en intervenciones de política que pudieran evitar la crueldad e indiferencia. Muchos estados de la región parten de un paradigma de los derechos del niño para argüir que no se debe maltratar a un niño (física y emocionalmente) nunca. Pero ¿cómo llevar el paradigma a la práctica? Conozco pocos ejemplos en la región, pero se me ocurren algunas ideas: ¿quizás con campañas de concienciación sobre la importancia de fortalecer la autoestima de un niño desde la cuna (¡lo cual implica cero crueldad!) o con talleres de disciplina positiva?. ¿O intentando brindar apoyo a los hogares que sufren de tales niveles de estrés que no pueden tener la paciencia de “tratar bien” a sus hijos?
En la conocida historia de los hermanos Grimm de la Cenicienta, la malvada madrastra humillaba a la protagonista y nadie la condenó. ¿Deberíamos haberla condenado? ¿Cómo suele verse la crueldad hacia los niños en tu país? ¿Hay alguna intervención que intenta evitar la crueldad? ¿Cómo reacciona la sociedad al respecto? ¿Existen medidas legales al respecto? Comparte tus opiniones en la sección de comentarios abajo o mencionando a @BIDgente en Twitter.
Florencia López es economista senior en protección social en la División de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
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