por Carina Lupica

En la Argentina más de 900 mil mujeres de 14 a 24 años de edad son madres, es decir, el 24,2% de las jóvenes tienen hijos. No todas ellas, sin embargo, pueden cuidarlos. Ese trabajo es realizado en distintos ámbitos y por personas diferentes: dentro de la propia familia, o en el ámbito no doméstico, donde operan el Estado, las empresas, las organizaciones sin fines de lucro y las sociedades. Pero, ¿quiénes cuidan realmente a los niños?

La principal carga del trabajo de cuidado de niños pequeños recae en las familias y, dentro de ellas, en las mujeres. Son las madres quienes proveen el 60% del tiempo total destinado al cuidado en el hogar de niños y adolescentes, situación que se agudiza entre las más jóvenes, quienes tienen menores probabilidades de contar con apoyo para el desenvolvimiento de estas tareas.

Pese a que el incremento de la incorporación de las mujeres en el mercado de trabajo provoca que más familias decidan externalizar el cuidado de sus hijos y los dejen a cargo de otra persona o institución durante algunas horas al día, solo el 32% de los niños de 0 a 4 años de edad que viven en el país asiste a instituciones educativas o de desarrollo infantil.

¿Cuáles son las razones y las consecuencias?

En contextos en los cuales la oferta de servicios públicos de cuidado es insuficiente, el cuidado de los niños depende de las capacidades y recursos de las familias y condiciona las oportunidades de desarrollo infantil y las posibilidades de inserción laboral de sus padres. Una madre joven con hijos pequeños y sin acceso a una sala cuna o a un jardín de infantes enfrenta problemas obvios para culminar sus estudios formales y para insertarse en el mercado de trabajo.

En el caso de los hombres jóvenes, la paternidad acentúa la tendencia de la incorporación temprana en el mundo del trabajo (95,9% de la población masculina de 14 a 24 años de edad que convive con hijos trabaja), lo cual afecta también que puedan continuar sus estudios.

Dos avances recientes en la Argentina

La incorporación del componente de cuidados en el Programa de Respaldo a Estudiantes de Argentina -Prog.r.es.ar., para fomentar la culminación de los estudios de los jóvenes de 18 a 24 años que no trabajan, tienen un empleo informal o que ganan por debajo del salario mínimo constituye un avance en la concepción de los cuidados infantiles como una responsabilidad social. Se delegó al Ministerio de Desarrollo Social de la Nación la responsabilidad de garantizar el acceso de los hijos de los beneficiarios del programa a servicios públicos de cuidados, que sean gratuitos y de calidad.

También, el anuncio realizado en el mes de septiembre de 2014 por el Gobierno nacional de extender la obligatoriedad de la asistencia escolar de los niños desde los 4 años de edad, tendrá implicaciones sobre el uso de tiempo de las familias.

¿Cómo se puede avanzar aún más?

Se necesita admitir que el cuidado infantil aporta un valor clave a la sociedad y reconocer el mismo como un derecho universal, tanto para los niños como para quienes ofrecen el servicio. Cuando éste se constituya como un derecho, la sociedad y el Estado se verán obligados a atender las garantías y mecanismos que aseguren su provisión digna y adecuada.

Se recomienda entonces la incorporación de los cuidados infantiles como un componente del sistema de protección social. Esto conlleva a articular el pacto social y fiscal para reorganizar la distribución social del cuidado entre el Estado, el mercado y la sociedad, suscitar un reparto más equitativo de las responsabilidades familiares y domésticas entre hombres y mujeres en el interior de los hogares y promover servicios públicos de cuidados de calidad.

La ampliación y creación de servicios de cuidado infantil representan una oportunidad importante para formalizar empleos ya existentes y para generar nuevos puestos de trabajo, lo que podría beneficiar especialmente a las trabajadoras jóvenes. Esto permitiría:

  1. Revalorizar el rol de los trabajadores en este sector
  2. Fomentar condiciones de trabajo decentes
  3. Profesionalizar la tarea del cuidador y retribuirla dignamente
  4. Mejorar la calidad de los servicios de desarrollo infantil

Garantizar el cuidado desde la corresponsabilidad social promueve el desarrollo de la primera infancia en condiciones de equidad, a la vez que contribuye a la inclusión social de los jóvenes padres y madres a la educación y el mercado laboral. Ambos son requisitos indispensables para el desarrollo sustentable y el bienestar social.

¿Cuál es la situación del cuidado infantil en tu comunidad? Cuéntanos en la sección de comentarios y comparte este artículo para iniciar el diálogo con otras personas.

Carina Lupica es consultora de la Organización Internacional del Trabajo y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe y Directora Ejecutiva de la Fundación Observatorio de la Maternidad.

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