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Entrevista por Andrea Proaño Calderon.

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¿Cómo tomamos decisiones cuando nuestras vidas son tan complejas? Una manera cada vez más popular de abordar esta cuestión es a través de las ciencias del comportamiento, la ciencia de evaluar los factores psicológicos, cognitivos, emocionales, culturales y sociales, y su impacto en las decisiones. Para explorar la intersección entre la ciencia del comportamiento y las políticas públicas, el Banco Interamericano de Desarrollo ha lanzado una serie de seminarios en línea (webinars) con la participación de renombrados expertos en la materia y el liderazgo de nuestra co-editora, Florencia López Boo.  

Hablamos con Ariel Kalil, directora del Center for Human Potential and Public Policy y codirectora del Behavioral Insights and Parenting (BIP) Lab de la Universidad de Chicago, sobre la aplicación de la ciencia del comportamiento a las políticas de Desarrollo Infantil Temprano.

Durante el webinar dijiste algo muy poderoso, que “los padres ejercen la mayor influencia sobre los niños”. ¿Cómo y por qué el rol de los padres es primordial para el desarrollo infantil?

Usualmente, cuando pensamos en el aprendizaje y el desarrollo de los niños, pensamos en escolaridad e instituciones fuera del hogar. Mi hipótesis es que la mayoría de personas creen que podemos resolver problemas asociados a la niñez a través de la escolaridad. En consecuencia, el rol de los padres de algún modo se ha invisibilizado tanto en la investigación como en las políticas al respecto. Pero si se observa dónde pasan los niños su tiempo, especialmente durante sus primeros y más cruciales años, es en un entorno familiar. Están menos tiempo en la escuela que en compañía de sus padres y cuidadores. E incluso más allá de las tareas de cuidado, los padres cumplen un papel crucial en el transcurso de los años. Por ejemplo, en todo momento escogen los entornos que consideran positivos para los niños, como los barrios, las escuelas, etc., aunque existen ciertas limitaciones. Todo esto sugiere que los padres ejercen la principal influencia sobre los niños.

¿Qué tan cierto es que los padres en contextos de bajos ingresos, usualmente bajo estrés, tienden a procrastinar más en sus interacciones con los niños que aquellos de contextos de altos ingresos?

Es la pregunta del millón… Hay una noción general de que la vida es más compleja y complicada en los contextos de bajos ingresos, y que mientras el estrés aumenta, también aumenta la probabilidad de procrastinar. Bajo estrés, podría resultar más atractivo optar por un momento de ocio o mirar televisión durante 20 minutos más que por leer con tus hijos, porque has tenido un largo día y piensas que leerás mañana. No hay duda de que esto sucede en todas las familias, pero podría ser más común en los hogares de bajos ingresos porque están sujetos a más —o diferentes— factores estresantes. Esto no significa que esos padres no valoren el retorno que supone la inversión de tiempo en la primera infancia. Encuestas hechas a padres de niños pequeños muestran que tienen expectativas muy altas para el futuro de sus niños y, por lo tanto, están dispuestos a invertir en el presente para aumentar su desarrollo cognitivo. Pero a los padres menos educados o de bajos ingresos les cuesta más convertir lo que desean hacer en lo que realmente hacen.

¿Los niños de estos contextos aprenden a procrastinar?

Es una pregunta interesante. La conducta de los niños está moldeada según la de sus padres y tal vez si crecen en hogares que no tienen rutinas o un lenguaje acerca de por qué hacer las cosas hoy es importante para el futuro —tales como “necesitas leer hoy porque vas al jardín infantil mañana”– eso puede suceder. Si los niños no captan la idea de que la razón de hacer las cosas hoy tiene una recompensa en el futuro, su horizonte podría ser diferente.

La evidencia sugiere que los padres más educados pasan más tiempo con sus niños. ¿Qué implicaciones tiene esto en contextos vulnerables? ¿Qué estrategias pueden implementarse para revertir esta situación?

Si asumimos que las interacciones padre-niño tienen un impacto en el desarrollo, debería preocuparnos que un grupo de niños obtengan los beneficios del tiempo que les dedican sus padres y otros no. Sin embargo, los padres de bajos ingresos han ido aumentado considerablemente el tiempo que le dedican a sus niños. Los padres menos educados pasan ahora la misma cantidad de tiempo con sus niños que la mayoría de padres más educados lo hacían hace 30 años. Pero éstos últimos también han aumentado su inversión en el tiempo que pasan con sus hijos, por lo que la inequidad de tiempo compartido en base al ingreso persiste. Si hay un umbral mínimo para la inversión de tiempo, los padres de bajos ingresos lo han alcanzado, pero lo que aún no hemos resuelto es si existe tal umbral o si más es mejor siempre.

Cerrar estas brechas resulta ser más fácil de lo que habríamos podido pensar, porque sabemos que los padres de bajos ingresos comparten las mismas aspiraciones para el desarrollo de sus niños. No disfrutan menos del tiempo que pasan con sus hijos ni carecen del todo de las herramientas para promover su desarrollo. La mayoría de hogares tienen por lo menos algunos libros. Pero la respuesta no es darles más libros. Más bien, debemos proporcionarles herramientas para una toma de decisiones óptima, donde la mejor decisión sea que los padres hagan lo que dicen que quieren hacer.

La evidencia también sugiere que los padres con menores niveles educativos tienen los mismos sentimientos positivos acerca de cuidar y pasar más tiempo con sus hijos, si bien conceden menos tiempo a esas actividades. ¿Qué nos dice esta aparente paradoja?

Que, de darse la oportunidad, lo harían más y lo disfrutarían igual. En el LabBIP hemos aprendido mucho sobre por qué los padres hacen o no ciertas cosas, descartando supuestos tradicionales. Por ejemplo, no es siempre cierto que los padres menos educados no hacen algo en particular para sus niños porque carecen de información. Cuando los encuestamos, ¡descubrimos que saben mucho! Y entonces, si lo saben, ¿por qué no lo hacen? La ciencia del comportamiento ubica a la crianza dentro de un marco de toma de decisiones.

Las decisiones que toman los padres sobre si leer para sus niños no necesita ser distinta de cualquier otra decisión sobre algo no relacionado con ellos. En definitiva: si tienes una hora por delante, ¿cómo la usarás? Esta es una manera muy nueva de asumir la crianza. Las intervenciones que se han diseñado en torno a este concepto buscan crear las condiciones necesarias para que los padres puedan decidir entre A vs B: leer vs no leer, cepillarse los dientes vs no hacerlo, comer saludablemente vs no hacerlo.

¿Cómo lograr este objetivo?

Queremos ayudar a los padres a pasar de no hacer nada de lo que dicen que quieren hacer la mayor parte del tiempo, a hacer por lo menos un poco de ello durante más tiempo. Para hacerlo, necesitamos manejar diferentes sesgos cognitivos que impiden que los padres hagan las cosas que dicen que quieren hacer. Queremos que los padres se fijen objetivos y se proyecten, trayendo el futuro al presente.

Las herramientas que usamos no son caras, no demandan mucho tiempo a los padres y funcionan en distintos contextos. Por ejemplo, enviamos recordatorios vía mensajes de texto a los padres, para que se fijen y cumplan con su objetivo del tiempo de lectura establecido para esa semana. O, si piensan que otros niños no están asistiendo a la escuela tanto como los suyos, les demostramos que eso podría no ser cierto, cambiando los patrones de normalización que se interponen en que hagan las cosas de distinto modo. Se trata de encontrar la manera correcta de adecuar las herramientas que ya existen a las conductas que se quiere cambiar.

Para finalizar, una pregunta muy importante. Mencionaste que “la clave para cerrar la brecha en los resultados de los niños es cerrar la brecha en lo que las familias hacen con sus niños”. ¿Cuáles son algunos ejemplos de lo que los padres podrían hacer para lograr este fin?

Hay algunas cosas claves que los padres deberían hacer, y la estimulación cognitiva es básica: conversar, leer, estimular interacciones de calidad y comunicaciones sólidas… No hay aplicación o medio de comunicación o televisión que pueda sustituir la interacción activa y dinámica con los seres humanos, que toma muchas formas.

En segundo lugar, los niños necesitan constancia, de modo que debe haber una rutina en el cuidado. Hablando metafóricamente, necesitan saber de dónde viene su próxima comida y confiar en su entorno. Los padres deben ser afectuosos y cálidos, y serlo sistemáticamente.

Un aspecto importante al que los padres deben prestar atención es la salud de sus niños. Desafortunadamente, esto cambia mucho entre los hogares de ingresos altos y los de ingresos bajos. Nuestra investigación demuestra que la infección número uno entre los niños, y también la más prevenible, ¡son las caries! Ésta es, en gran medida, resultado de una conducta: el cepillado dental. La mayoría de padres tienen lo que necesitan para prevenir la infección: un cepillo de dientes.

Todo esto demuestra que acercarse a los padres desde una perspectiva de una mejor toma de decisiones y moldear su conducta puede, definitivamente, preparar el camino para que los niños alcancen todo su potencial. Y, en esto, necesitamos ser sus mejores aliados.

¿Qué actividades desearías compartir más con tus hijos? Comparte tus experiencias en la sección de comentarios o menciónala en @BIDgente en Twitter.

Andrea Proaño Calderon es consultora en comunicaciones para la División de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo. 

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Showing 3 comments
  • maría inés
    Responder

    De acuerdo con la función de los padres en el desarrollo y crecimiento de los niños.
    Por mi experiencia en el estado, creo que la intervención externa necesita realizar una observación crítica de su abordaje. Demasiada distancia con la realidad humana.
    Decidí trabajar con las personas y familias más excluidas, desde una asociación civil en red con otras latinoamericanas. Si logro confirmar lo que intuyo, lo publicaré.
    Es necesario escuchar más y creo que las personas que viven en condiciones más precarias conocen más sobre los problemas que tenemos que solucionar como humanidad.

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