Por Lauren Pisani, Jane Leer, Amy Jo Dowd, EdD. 

Tenemos una gran noticia para quienes apoyan programas de educación temprana. “Velar que todos los niños tengan acceso a servicios de atención y desarrollo en la primera infancia y a una enseñanza preescolar de alta calidad” se ha incluido oficialmente en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), un grupo de objetivos de las Naciones Unidas diseñados para establecer las metas de desarrollo a nivel global para el período 2015-2030. Este hecho marca un hito para los programas de primera infancia, no obstante, es importante conocer los riesgos que este compromiso conlleva.

¿Qué tipos de riesgos podrían estar asociados a la promoción de estos programas?

El impacto positivo de los programas de educación temprana de alta calidad es bien reconocido. Gran parte de esta evidencia proviene de estudios realizados sobre programas de educación temprana tradicionales, donde diariamente los niños deben salir de sus casas para asistir a un centro físico de aprendizaje. Asistir a clases de preescolar en un ambiente limpio, seguro, con materiales de aprendizaje interactivos y dirigido por un educador competente es una oportunidad maravillosa para los niños pequeños. Sin embargo, es un privilegio que no se concede a la mayoría de los niños.

Si bien los indicadores muestran que el 49% de los niños en los países de bajos y medianos ingresos tienen acceso a programas de aprendizaje temprano, la ausencia de datos en muchos países de bajo ingreso esconde una tasa mucho menos alentadora. Los niños más afectados son los más pobres, particularmente aquellos que viven en las zonas rurales. En cuanto a la calidad de enseñanza, los materiales de aprendizaje son limitados y los educadores que trabajan en centros de educación infantil no suelen contar con la experiencia y el entrenamiento formal comparable a los de maestros del sistema de educación primaria.

Por tanto, las oportunidades disponibles para que los niños puedan recibir una buena educación temprana fuera de sus casas son muy limitadas. Si los ODS priorizan exclusivamente la expansión del sistema de educación tradicional, entonces será una batalla larga y costosa para garantizar el aprendizaje temprano de calidad para todos los niños.

Mientras tanto, hay creciente evidencia que demuestra el potencial de los programas de educación temprana de alta calidad no tradicionales, facilitados por educadores comunitarios capacitados. Estos programas empoderan a las familias para apoyar el desarrollo cognitivo y socio-emocional de sus hijos a través de actividades y juegos estimulantes que se pueden hacer fácilmente en casa. El impacto positivo que estos programas han tenido en la región  de América Latina y el Caribe ha sido discutido en varias ocasiones en este blog, sin embargo, el fenómeno no es exclusivo al contexto latinoamericano.

El ejemplo de Bután

Al igual que los esfuerzos realizados por el Banco Interamericano de Desarrollo y sus contrapares en la región, Save the Children ha trabajado por muchos años en el diseño e implementación de programas de desarrollo infantil de alta calidad que puedan ser utilizados en comunidades rurales de escasos recursos.

Por ejemplo, en Bután, la tasa nacional de matrícula preescolar es aproximadamente 10% y la mayoría de los centros de educación se encuentran en zonas urbanas. Debido a esto, el 90% restante de los niños que viven en las zonas rurales no tienen acceso alguno a los programas de educación temprana.

En 2014, Save the Children, en colaboración con el Ministerio de Educación de Bután y UNICEF, llevó a cabo un estudio nacional de las habilidades de aprendizaje temprano de los niños butaneses. El estudio utilizó la Evaluación Internacional de Desarrollo y Aprendizaje Temprano (IDELA, por sus siglas en inglés) para investigar el nivel de desarrollo de los niños en áreas tales como: habilidades motoras, desarrollo socioemocional, nivel de lenguaje y dominio de matemáticas básicas. Así mismo, se evaluaron las prácticas de cuidado familiar.

IDELA es un instrumento riguroso, holístico y de código abierto (open source) que puede ser adaptado fácilmente a contextos diversos. Fue desarrollado para apoyar el fortalecimiento continuo de programas impulsados por Save the Children y  sus colaboradores, fortalecer el compromiso por parte de actores globales involucrados en iniciativas de educación temprana y ofrecer evidencia coherente y continua sobre el aprendizaje y desarrollo de los niños pequeños alrededor del mundo.

El instrumento busca ayudar a los gobiernos y actores globales a reproducir a gran escala las experiencias de programas exitosos. Save the Children, con apoyo de colaboradores académicos y gubernamentales, ha logrado de forma exitosa aplicar IDELA en 28 países, incluyendo algunos países de América Latina.

Los resultados del estudio en Bután ilustran la fuerte relación entre la calidad de la estimulación (juego, lectura, apego) que los niños reciben en el hogar y su nivel de desarrollo temprano (conocimientos y habilidades).

Relación por edad entre el ambiente de aprendizaje del hogar y el desarrollo del lenguaje.

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El estudio encontró una fuerte relación entre la cantidad de actividades de aprendizaje y de juego que realizan las familias con sus niños pequeños y el desarrollo infantil. Asimismo, la brecha de aprendizaje entre los niños que cuentan con entornos de aprendizaje favorables y aquellos con entornos desfavorables aumenta con la edad.

La relación es tan fuerte que niños de 5 años que cuentan con ambientes favorables demuestran casi el doble de habilidades (lectura y números) que los niños que cuentan con entornos de aprendizaje inferiores. Sabemos que estas brechas seguirán creciendo a medida que los niños entran a la escuela primaria, dejando a los niños de entornos familiares débiles en mayor riesgo de deserción y fracaso escolar.

Estos resultados destacan la importancia de la atención y la estimulación en el hogar, en particular para los niños de Bután y sus compañeros alrededor del mundo que viven en comunidades donde tienen baja probabilidad de acceso al sistema de educación temprana tradicional en los próximos 15 años.

En lugar de esperar el día en que los presupuestos nacionales ofrezcan un nuevo centro o aula para los alumnos menores de la comunidad, debemos actuar ahora para aumentar el acceso a los programas de educación temprana que tienen capacidad de llegar a todos los niños. De esta manera,  aunque tenemos esperanza de que los ODS pueden promover una mayor inversión en el desarrollo de programas de educación infantil, esperamos que no sea un esfuerzo que deje fuera a los maestros más importantes: las familias.

¿Cuáles esfuerzos se realizan en tu comunidad para apoyar a las familias a que jueguen y aprendan con sus hijos pequeños en el hogar? Cuéntanos en la sección de comentarios abajo o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Si quieres leer la segunda parte de la serie, visita Serie #ObjetivosMundiales – Lo que quedó fuera de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Lauren Pisani es Especialista sénior en investigación en Save the Children. 

Jane Leer es Especialista en investigación en Save de Children.

Amy Jo Dowd, EdD. es Directora sénior para el área de investigación sobre educación en Save the Children. 

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Comments
  • Arturo Celis B. Ph.D
    Responder

    La adquisición del lenguaje empieza desde el vientre y continua después de nacer hasta los cinco años aproximadamente cuando deben desaparecer los errores fonológico-fonéticos. La política económica del mundo hizo que la madre tuviera que salir del hogar para hacer parte del aparato productivo y contribuir al sostenimiento del hogar. Esta situación hizo que desapareciera la estimulación lingüística del niño desde muy temprano en la vida y por tanto ahora tenemos niños que a los dos años de edad no tienen lenguaje verbal y al ingresar al sistema escolar formal no entienden lo que su maestra dice. Peor aun, el desarrollo lector se impacta inmediatamente y en consecuencia la capacidad de entender lo que leen es muy pobre porque su léxico lo es igualmente pobre. El cerebro femenino es capaz de producir aproximadamente 21.000 palabras diarias mientras que el masculino solo un tercio, es decir, alrededor de 7.000. Estas investigaciones explican el por qué al quitar ese estímulo de la madre del lado de un bebé genera desordenes del lenguaje que conducen al fracaso escolar posterior.

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