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por Patricia Jara.

Hace unos días conocí a Paulina en una tienda de artículos electrónicos. Me comentó que era su último día de trabajo: había renunciado para cuidar a Manolo, su hijo de 3 años. Ellos y su esposo, viven en una casita prefabricada que instalaron en el patio de su suegra. Ambos trabajan por el salario mínimo y juntos reúnen menos de lo que necesitarían para vivir mejor. Les vendría bien que ella trabajara a tiempo completo. Sin embargo, vuelve a casa. A 5 cuadras de donde ellos viven hay un jardín infantil, pero estos padres han decidido no matricular a Manuel. Ésta no es una situación aislada: en Chile casi la mitad de niños y niñas que no asisten a jardín de infantes, centros de cuidado infantil o de educación preescolar pertenecen a hogares del primer quintil de ingresos. ¿Qué es lo que explica esta situación?

No cabe duda que la falta de centros y cupos, así como la mala localización de algunos que se sitúan en lugares donde no existe demanda, son obstáculos objetivos. Sin embargo, hay factores de naturaleza cultural que explican buena parte de las decisiones de no envío de los hijos a centros infantiles. Según la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional, 8 de cada 10 familias que no matriculan a sus hijos en salas o jardines, no lo hacen porque dicen que lo pueden cuidar en la casa, o porque no les parece necesario que los niños asistan a tan temprana edad. Entre éstas últimas, la mayoría piensa que el jardín es útil sólo porque prepara a los niños para desempeñarse mejor en la escuela.

El programa de Gobierno de la Presidenta Bachelet ha incluido entre sus metas prioritarias, la expansión significativa de la oferta de servicios de cuidado infantil y educación preescolar, decisión que ha sido recibida como una muy buena noticia porque nuevos cupos significan más oportunidades para combatir las desigualdades desde los primeros años de vida. Pero también es importante ocuparse de las limitaciones en el acceso por el lado de la demanda.

Una política de expansión de esta naturaleza, requiere conocer en profundidad los factores que inciden en que una familia envíe o no a su niño a una sala cuna o jardín infantil y, generar en base a ellos, estrategias de promoción de la demanda. En este punto, la medida de ampliación de cobertura enfrenta un doble desafío. Por un lado, trabajar en torno a las creencias de las familias sobre el cuidado y la educación de sus hijos. Muchos padres ven en salas cuna y jardines sólo una alternativa de cuidado. Además, en muchos sectores prevalece la fuerte creencia de que es a la madre a quien le corresponde cuidar a los hijos y por el mayor tiempo que sea posible, lo que genera una serie de aprehensiones sobre el rol de las educadoras y del cuidado que se brinda a niños y niñas en los establecimientos. En el post ¿Muy chico para ir al jardín? habíamos hablado sobre este mismo tema en el contexto uruguayo.

Por otro lado, es preciso atender a las expectativas de las familias sobre la calidad del cuidado que esperan que se les provea a sus hijos e hijas. Además de información, la mejor manera de estimular demanda es ofrecer servicios de calidad. Las características de los centros que son importantes para las familias tienen que ver con aspectos como seguridad, infraestructura e higiene, baños independientes, provisión de comidas, número de niños por adulto a cargo, posibilidad de que los padres visiten el jardín o sala cuna a cualquier hora y que el centro cuente con reconocimiento oficial o respaldo de una institución. Pero sobre todo tienen que ver con el trato que dan las educadoras a los niños o lo que los especialistas llaman la calidad de los procesos o interacciones entre ellos. Sin duda, estándares básicos que debieran ser parte de la política.

Hablé de esto con Paulina. No sé si cambiará su decisión de dejar de trabajar por cuidar a Manolo. Pero al menos se entusiasmó con la idea de ir a conocer el jardín. ¿Los padres y madres en tu comunidad piensan igual que ella? Comparte este post si crees relevante hacerlos ver cuán importante es.

Patricia Jara es socióloga en la División de protección social y salud del Banco Interamericano de Desarrollo. Su trabajo en el BID esta relacionado con políticas y programas dirigidos a poblaciones en situación de vulnerabilidad.

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Showing 8 comments
  • pilar
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    Soy psicóloga y especialista en educación y coincido con la mamá de Manolo en que no hay una necesidad real de que todos los niños sean escolarizados de forma tan temprana, tengo dos hijos de 2 y 3 años y les dedico mi tiempo y amor para formarlos y darles herramienta emocionales para que su ingreso al colegio sea cómodo y útil, creo que las madres sabemos lo que hacemos al dejar de lado las presiones sociales y económicas y darle prioridad a nuestros hijos y su formación.

    • luisa
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      Es cierto que en casa puedes darle el amor y los cuidados que la madre es capaz de dar, especialmente si es profesional, pero no los puedes enseñar a defenderse de sus iguales. En el preescolar los estudiantes aprenden a tener derechos, a elegir su espacio, su compañero, sus materiales, las canciones, su color favorito, su amigo o amiga favorita. En el hogar están en una zona de confort no tiene nada que defender e irse apropiando de su personalidad y desarrollar su carácter, sus fortalezas y mejorar sus debilidades.

  • ruthmoreno
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    No tengo claro….. ahora quién cuida de Manolo?

  • Sandra Perez Rivero
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    Evidente el amor y cuidado es incomparable el de una madre. Sin embargo el apoyo y guía de un centro infantil, tanto en el cuidado y orientación para un desarrollo y evolución armónico del niño, es muy importante su participación en el cuidado y estimulación, para que los progenitores o responsanles del cuidado no incurran en la sobreprotección o abuso. Cualquier extremo es daniño. Considero que va a depender del nivel de capacitacitación familiar, contexto y entorno general, como la calidad de vida, las normas y respeto de entrega que le den al niño, para que vaya o no a algún centro. Soy Lic. en Cs de Educ y Psicopedagogía de 28 años de orientación a padres y control de estimulación a niños

  • Ari Bonilla
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    Soy licenciado en Administración de Empresas con un MBA en finanzas interesado e investigando al tema de la calidad educativa. Encontré un estudio de PISA, donde los países con mayor nivel educativo son los nórdicos, Suecia, Finlandia noruega. En mi investigación encontré a que los primeros años de los hijos están con sus padres cuidándolos en casa desarrollando habilidades, el gobierno apoya a los padres de manera económica. Otro de los factores de su modelo educativo es que los hijos tienen una educación personalizado, retan el pensamiento del alumno, utilizan la tecnología a su favor, aprendizaje en espacios abiertos. Saludos referencia http://www.vittra.se/Default.aspx?alias=www.vittra.se/english

  • Jazmin
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    También soy psicóloga y comparto las ideas comentadas… los padres y en especial, la madre, por su vínculo cercano con el niño o niña, son más indicados para educarlos en los primeros años. El desarrollo físico, social y espiritual de un niño depende del afecto con el que se realice dicho cuidado y acompañamiento. Lo que el Estado podría y debería hacer, a través de sus programas sociales de atención a la infancia es ayudar a las familias a desarrollar competencias parentales: orientar en temas de nutrición, desarrollo cognitivo-emocional, habilidades sociales, etc. Los programas DIT que asesoran y acompañan a los padres, tienen más probabilidades de éxito a largo plazo.
    Sin embargo, no desmerezco el trabajo de los Centros Infantiles, pues son una excelente alternativa para cubrir aquellos tiempos en que los padres no pueden hacerse cargo por razones de fuerza mayor, y razones pueden haber muchas: padres o madres solteras y sin apoyo, mujeres que salen a trabajar porque lo que gana la pareja no es suficiente, madres adolescentes que van al colegio, etc. Aunque si el gobierno apoyara para que los padres y madres de niños pequeños se quedaran en casa, tal como menciona Ari, sería mucho mejor.

  • luisa
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    Si un niño debe quedar con una niñera, o un familiar desempleado, es más seguro el centro infantil. Lógicamente se debe conocer cómo funciona el lugar, quién lo dirige, quién es la docente y conocer el personal docente.
    El niño necesita aprender a conocerse, a saber quien es él y esto se desarrolla mejor con sus iguales en un aula diseñada, decorada y organizada para un niño o una niña en edad preescolar.
    Es importante que reciban estímulo desde los cero a los cinco años, los niños y niñas aprenden muchísimo y desarrollan habilidades con mucha rapidez.
    Cuando trabajo con niños que no han estado en el grupo Interactivo II con edades de 4.3 hasta 5.3, se siente la diferencia, se nota la falta de estimulo, seguridad en sí mismos, habilidad en el lenguaje, mayor dificultad para analizar y realizar algunas tareas cotidianas como recortar, pegar, cantar y otras actividades que se realizan a esas edades. Claro si la madre se ha dedicado a esa tarea desde siempre con su hijo o hija es diferente, pero la mayoría de las madres trabajan y no siempre tienen ese tiempo para preparar a sus pequeños y pequeñas.
    Sin embargo, para los niños y niñas, jugar con sus iguales es muy divertido, así como cuando se realizan actividades y celebraciones en la institución educativa.

  • Francisco
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    La cuestión es ¿Cuál es la edad ideal para que el niño asista al jardín o nido? Creo que depende del desarrollo propio que tenga cada niño y el grado de independencia que tenga, es decir, el nivel para valerse pos si mismo en actividades cotidianas.
    En el mercado existen innumerables instituciones que ofrecen el servicio de estimulación temprana, nido o jardín, pero hasta qué punto se puede confiar en esos momentos de desarrollo del niño a un tercero sin la presencia de alguno de los padres. Los riesgos inherentes son los que desalientan a los padres a dejar el cuidado de su hijo a un tercero.

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