Una vía de tren abandonada, un puente histórico, un edificio vacío, una antigua zona industrial, ¿qué tienen estas infraestructuras en común? Estos espacios vacantes son sitios cada vez más atractivos para los urbanistas y arquitectos interesados ​​en la creación de espacios agradables y acogedores para las personas y amenidades para la comunidad.

Recientemente, durante una visita a un barrio en Montego Bay, Jamaica caminamos sobre un puente de ferrocarril abandonado. Ya que no es más un corredor para los trenes, ahora está siendo utilizado por la comunidad local para cruzar el río Montego. Durante los 15 minutos que estuve allí, vi un tráfico pesado de peatones de todas las edades, pero particularmente de niños cruzando este puente para llegar a una escuela cercana.

espacios sobrantes montego bay

Similar a lo que vi en Xalapa, México, parecía que este puente también había sido tomado por los peatones ya que ofrece una ruta más rápida y directa a través de la ciudad. Si no fuera por este puente les tomaría a estos estudiantes por lo menos 30 minutos para llegar a su escuela debido al tráfico de Montego Bay.

El primer pensamiento que vino a mi mente fue el peligro que implica este tipo de tráfico peatonal pesado a través de una infraestructura vieja que no recibe ningún tipo de mantenimiento. Dado a que el puente no fue diseñado para peatones me preocupó que alguien pudiera caer en el río. Me imaginé lo bonito que podría ser si este corredor natural, seleccionado y utilizado por los residentes de Montego Bay, fuera mejor adaptado a sus necesidades, haciéndolo más seguro y más atractivo para los peatones y para las bicicletas, mejorando la conexión con las comunidades de los alrededores.

Mi mente se dirigió inmediatamente al High Line de Nueva York – un parque que corre a lo largo del lado oeste de Manhattan por 1,45 millas (2,33 kilómetros). Lo que fuera una vez un tren elevado, dejó de utilizarse en 1980 y enfrentaba la demolición hasta que un grupo sin fines de lucro se le ocurrió la idea de preservar la estructura y volver a utilizarlo como un parque público. Ahora, propiedad de la Ciudad de Nueva York este proyecto ha sido un lavado de cara para el barrio y atrae a muchos visitantes de todo el mundo (3,7 millones en 2011). espacios-sobrantes-high-line

Desde su apertura, ciudades de todo el mundo han tratado de repetir el éxito del High Line. Todo el mundo quiere un High Line pero no todas las ciudades tienen un ferrocarril elevado abandonado, el potencial económico/financiero y el alto nivel en términos de diseño que una ciudad como Nueva York tiene. Un proyecto como el High Line implica una gran cantidad de tiempo e inversión financiera, por lo tanto, a menudo no sólo no es viable para muchas de las ciudades (de tamaño intermedio) en las que trabajamos, sino que incluso puede no ser práctico o apropiado.

Lo importante del High Line, sin embargo, es que comunica un mensaje poderoso sobre la importancia de la creación de espacios públicos para la gente. No todas las ciudades tienen los recursos para replicar un proyecto como el del High Line, pero a través de pequeñas intervenciones pueden hacer eco de la priorización del espacio público.

Amanda Burden, ex-directora del Departamento de Planificación de la Ciudad de Nueva York recientemente habló sobre su experiencia convirtiendo la vía abandonada en una de las piezas más reconocidas de la arquitectura de hoy en día, y más en general, su trabajo tratando de crear más espacios públicos en toda la ciudad. Ella comenta:

“Mi misión fue siempre la de crear grandes espacios públicos. Así, en las áreas en las que zonificábamos para desarrollo significativo, yo estaba determinada a crear lugares que harían una diferencia en la vida de las personas.”

Volviendo al Caribe, me pregunté,

¿podría este puente de ferrocarril en Montego Bay ser transformado en otro High Line? y, quizás más importante, ¿debería?

Debido a que el puente ya no está en uso, ciertamente hay una oportunidad ahí presente. Ya ofrece fácil acceso de un punto a otro, sirviendo a una valiosa necesidad de la comunidad local al ayudar a evitar el tráfico de automóviles. Quizás podríamos ir más allá, y re-imaginar el área para ayudarla a alcanzar su máximo potencial como un espacio público activo que mejorará el barrio. Tal vez un esfuerzo tan complejo como el del High Line no es lo que es necesario en este caso, sino más bien una intervención que tome el contexto local en cuenta. En otras palabras, el mensaje aquí no es emular el éxito del High Line mediante la conversión de un puente de ferrocarril abandonado, sino emular el pensamiento detrás de él y encontrar maneras de reutilizar espacios vacantes de una manera que favorezca a los ciudadanos y las comunidades.

¿Cómo podemos ser innovadores y creativos con los espacios vacantes en nuestras ciudades y desarrollar usos que beneficien a la comunidad local? Los invito a explorar su ciudad y pensar creativamente acerca de cómo se puede transformar un espacio abandonado. Me encantaría escuchar sus ideas aquí en los comentarios.

 

Fotos de Puente ferroviario abandonado sobre el rio Montego (por B. Fradkin)
Fotos de Secciones del High Line en Nueva York (por Iwan Baan)