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Xalapa, Veracruz, México (Fotos por Ivelisse Justiniano & Roland Krebs)

En su momento el ferrocarril fue la red de transporte principal en muchos lugares en EE.UU. y sus vías fueron los centros alrededor de los cuales se formaron ciudades. Hoy en día, lo que fue un signo de prosperidad económica parecería se ha convertido en un obstáculo dentro de una ciudad en crecimiento. Muchos ferrocarriles sirven ahora como conductos para el movimiento de carga ocasional o han sido abandonados por completo. ¿El resultado? Un corte justo a través de la ciudad, con consecuencias negativas para la seguridad y la movilidad de sus residentes.

Durante una reciente visita a Campeche y Xalapa, México – dos ciudades recientemente integradas en la Iniciativa Ciudades Emergentes y Sostenibles (ICES) – tuve la oportunidad de ver personalmente ejemplos de este fenómeno.

En Campeche, me sorprendió ver que los rieles del ferrocarril pasaban a lo largo de una calle principal e incluso a través de los patios delanteros de las casas contiguas a la calle. Al ver las condiciones de los rieles pensé que el tren ya no pasaba por esta área y que sólo seguían ahí porque es mucho trabajo removerlos. Al ver mi cara de sorpresa la persona de la ciudad que nos acompañaba me comentó que el tren aún corre por esas vías a pesar de las malas condiciones de estas.

No hay una zona de amortiguamiento o una barrera que separe los trenes de los edificios aledaños a la vía, conductores y peatones. ¿Cómo puede ser esto? y ¿qué pasa con la seguridad de estas familias y de sus hogares? Es entonces cuando mi amigo Campechano me confirma que en muchas ocasiones estos trenes de carga se han descarrilado causando graves accidentes. En el pasado se han hecho varios esfuerzos para re-ubicar las líneas del ferrocarril a una zona más aislada para proteger la seguridad de los residentes de Campeche.

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Descarrilamiento de Trenes en Campeche, México (Foto por Campeche.com.mx)

Cuando llegamos a Xalapa el caso era similar en algunas áreas de la ciudad. Aquí el ferrocarril también corta justo a través del centro de la ciudad, lo que causa que los viajes interurbanos sean más largos, ya que las personas tienen que cruzar o viajar alrededor de la vía férrea para transitar entre las comunidades que los rieles separan. Aunque en este caso el ferrocarril tiene una zona de amortiguamiento alrededor de ella, en algunos lugares las intersecciones carecen de señalización para controlar el tráfico de coches y peatones, para así evitar accidentes entre estos y los trenes que vienen de frente. En la práctica, estos rieles son más utilizados por peatones que por los trenes de carga para los que fueron diseñados.

En ambos casos, el uso de los ferrocarriles es irregular y son de poco beneficio para la ciudad, ya que sólo son utilizados para movilizar carga esporadicamente. Estos viejos ferrocarriles dividen la ciudad afectando la movilidad de sus ciudadanos al hacer que los desplazamientos sean más largos. Esto también afecta en menor grado al medio ambiente con un aumento en la contaminación del aire y mayormente pone en peligro la seguridad pública. Al ver el flujo de personas que iban caminando a lo largo de las vías, pensé que si se lograra desviar el tráfico de trenes hacia otra área, el camino de las vías férreas podría ser utilizado como un corredor para conectar las comunidades de la ciudad que actualmente se encuentran separadas por estas vías. Una especie de corredor verde para peatones y bicicletas.

Buscando casos de ciudades que tenían un problema similar encontré que existen varios ejemplos donde se han reubicado los ferrocarriles para hacer frente a problemas de seguridad, ordenamiento territorial y de movilidad. Estos esfuerzos implican generalmente reubicar el tráfico de trenes a vías nuevas en las afueras de la ciudad o mejoras de infraestructura que consoliden los múltiples rieles a través de las áreas urbanas moviéndolos fuera del camino del tráfico vehicular/peatonal.

Muchos de estos proyectos se han llevado a cabo a través de asociaciones público-privadas entre los organismos estatales o municipales y socios de empresas ferroviarias. En los EE.UU. por ejemplo, una vía principal de doble rieles cruzaba la ciudad de Reno, Nevada justo por su centro urbano el cuál es un área muy congestionada, dividiendo la ciudad por la mitad y amenazando la seguridad de sus ciudadanos. A través de un proyecto de colaboración entre la Ciudad de Reno y Union Pacific Railroad se construyó una zanja bajo el nivel de la calle para eliminar la barrera que los rieles creaban y como resultado mejoraron la circulación de tráfico a través del centro de la ciudad.

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Centro Urbano de la Ciudad de Reno antes de la Reubicación Ferrovial (arriba) y Zanja de Reubicación del Tren (abajo) (Fotos por S. Varela)

Otro caso que estudié fue el de la ciudad de Lafayette, Indiana. En este, la ciudad trabajó con varias agencias federales y estatales para consolidar y reubicar los ferrocarriles a un corredor a lo largo de la periferia de la ciudad. Tomando más de 29 años en completarse, el proyecto fue una respuesta a los problemas de tráfico y seguridad asociados a los trenes, en previsión de un crecimiento continuo de la población urbana.

Como todo proyecto de infraestructura siempre hay sus ventajas y desventajas. Hay muchas partes involucradas como las autoridades gubernamentales, el sector privado y los ciudadanos, lo que asegura que surjan contiendas por diferencia de opiniones. Aunque la duración y el costo de este tipo de proyectos son relevantes, creo que el impacto positivo es igual de significativo. Debido a que estos proyectos no sólo pueden beneficiar a la comunidad “afectada” por el ferrocarril, también pueden beneficiar a la compañía ferroviaria, mejorando las operaciones y los tiempos de tránsito de sus trenes.

Qué opinan, ¿habrá que mover el tren fuera de la ciudad?