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La contaminación, una forma de violencia tácita

 ¿Sabías qué la contaminación causa 15 veces más muertes en el mundo que todas las guerras y actos de violencia hoy en día? Y tres veces más que las muertes causadas por malaria, sida y tuberculosis.

Los números son alarmantes. El pasado mes de noviembre, The Lancet publicó un estudio que estipula que la contaminación es la mayor causa ambiental de muertes y enfermedades, causando un estimado de 9 millones de muertes prematuras a nivel mundial, en gran parte en países de rentas medias y bajas. Sin embargo, a pesar del impacto en la salud humana, la economía y el medio ambiente, la contaminación no siempre ha recibido la atención que requiere en las agendas internacionales de desarrollo y salud para los países.

En América Latina y el Caribe, la contaminación es una grave amenaza para la salud de los ciudadanos, especialmente de los más vulnerables, ya que el rápido desarrollo industrial y crecimiento urbano en la Región potencian sus efectos.

La contaminación afecta a la población más vulnerable y a los niños. De los 9 millones de muertes asociados a la contaminación, 8,4 millones ocurren en países de rentas medias y bajas. Esta tendencia se acentúa en los países donde los costes de producción son bajos, y las legislaciones ambientales son débiles, factores que atraen a las industrias contaminantes.

En comparación con los adultos, los niños generalmente están más expuestos a los efectos de la contaminación, ya que inhalan e ingieren más por kilogramo de peso. Algunos expertos indican que en América Latina y el Caribe  los contaminantes en el aire en el interior de las viviendas y el agua potable, así como la contaminación atmosférica de núcleos urbanos y la exposición a químicos tóxicos (por ejemplo, el plomo de los combustibles fósiles y el mercurio usado en la minería, y los pesticidas usados en agricultura), son las principales amenazas ambientales a la salud de los niños.

El aire que respiramos dentro y fuera de nuestras casas. En América Latina y el Caribe, aproximadamente 90 millones de personas dependen de combustibles fósiles para cocinar y para la calefacción de sus hogares. Un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) estimó que 82.000 muertes en la región en 2012 se debieron a los efectos nocivos del uso de estos combustibles en viviendas.  En cuanto a contaminación atmosférica, a pesar de los esfuerzos realizados por controlar las emisiones de contaminantes en muchas ciudades de la región, como Ciudad de México, Bogotá, Lima, Sao Paulo, Buenos Aires y La Paz, las ciudades siguen teniendo altos niveles en el ambiente de partículas dañinas para la salud. Al menos 100 millones de personas en la región están expuestas a niveles de contaminación que exceden los niveles aconsejados por la OMS (El hecho de tener altos niveles de contaminación atmosférica supone un riesgo muy importante para la salud generando diversas enfermedades como: accidentes cerebrovasculares, cánceres de pulmón y neuropatías crónicas y agudas, entre ellas el asma.)

El agua que utilizamos. las aguas residuales no tratadas provenientes de las industrias, la agricultura y el turismo son una de las principales amenazas para la salud pública y los servicios ecosistémicos puesto que transmiten enfermedades como el cólera, gastroenteritis y hepatitis. De acuerdo al Marco Sectorial de Agua y Saneamiento 2017 del BID, los procesos de contaminación hídrica en cuencas y ríos (sedimentos, nutrientes, carbono orgánico disuelto, patógenos y plaguicidas) reducen significativamente la capacidad de aprovechamiento de las aguas superficiales para consumo humano y actividad económica.

En el Caribe, los plásticos y micro plásticos están suponiendo una gran amenaza para el medio ambiente marino. Los efluentes de aguas residuales y pluviales procedentes de núcleos urbanos contienen una gran cantidad de plásticos. Tan solo se trata aproximadamente un 15 % del efluente, suponiendo el restante 85% descarga directa de aguas residuales al mar.

La exposición a químicos tóxicos, un problema creciente. Cerca de 140.000 nuevos químicos se han sintetizado desde el año 1950, y de esos, 5.000 son producidos en grandes volúmenes y expuestos a los humanos. Desafortunadamente, los efectos en la salud en muchos de los casos no están estimados.

Los contaminantes químicos han sido reconocidos como una de las causas de enfermedad y discapacidad en los niños de la región. El plomo, el mercurio, y los pesticidas son responsables de un gran abanico de enfermedades.  El plomo, responsable del 1% de causas mundiales de enfermedad, es un caso particular en la Región, puesto que México y Perú se encuentran dentro de los cinco principales productores mundiales de este mineral.

Futuras amenazas. El nivel de incertidumbre es grande en relación con futuras amenazas para la salud aún por descubrir y estudiar. Por ejemplo, el reporte Frontiers 2017 menciona el efecto de los desechos antibióticos (procedentes de industrias farmacéuticas, agricultura, o de nosotros mismos cuando los tomamos), que están generando la presencia de bacterias resistentes en suelos, fuentes de agua y el aire.  La OMS recientemente ha alertado sobre la posible entrada en la era de post-antibióticos, dónde dicha resistencia bacteriana imposibilitará tratar las enfermedades.

La contaminación supone también una pérdida económica. Según un estudio, la contaminación supone un coste estimado del 4 al 5% del PIB.  En los países de renta media, de rápido desarrollo y que están contaminados los costes en salud pueden elevarse hasta un 7 % del gasto anual.  Estos costes probablemente se verán incrementados a medida que se vayan descubriendo nuevas asociaciones entre contaminación y enfermedades.

Es urgente priorizar la contaminación en las agendas ambientales

En conferencias y publicaciones recientes se nos urge a abarcar el tema de forma inmediata y ponerlo de relevancia en las agendas ambientales de los países. Más de la mitad de los Objetivos de Desarrollo Sostenible están directamente relacionados con la sostenibilidad del medio ambiente, particularmente por su efecto sobre el bienestar y la salud de los seres humanos,  poniendo de manifiesto a la interconexión de la contaminación con otros aspectos del desarrollo.

Para entender mejor la problemática de la Región, estamos trabajando en el pilotaje de una metodología que pretende medir el estado de la gobernanza de calidad del aire y calidad del agua en la región de América Latina y el Caribe. Esta herramienta es importante porque ayudará a detectar prioridades de acción para fortalecer las capacidades de gestión ambiental de la calidad de aire y agua y servirá para que los países puedan hacer un seguimiento de su desempeño ambiental. Una primera parte de este estudio estará disponible en el primer semestre de 2018.

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