¿Tejer o surfear? Potenciales peligros de la tecnología para los aprendizajes

¿Tejer o surfear? Potenciales peligros de la tecnología para los aprendizajes

Mercedes Mateo Infraestructura y Tecnología educativa 16 agosto 2018 Comments

En la entrada anterior, refrescamos el debate de las competencias necesarias para prosperar y cerrar la brecha de habilidades. Vimos que la filosofía de aprendizaje en una de las escuelas más privilegiadas en Silicon Valley paradójicamente permite el fracaso, la casualidad y el aburrimiento y no necesariamente el uso de tablets, laptops y otros dispositivos digitales. 

Esto invita a la reflexión. América Latina y el Caribe, en su afán por cerrar la brecha digital e igualar oportunidades, puede correr el riesgo de caer en un uso indiscriminado de la tecnología. Con la buena intención de “surfear” el mayor número de contenidos posible para educar de la forma más rápida y eficiente, se puede terminar afectando, en algunos casos, las posibilidades de desarrollo de habilidades técnicas y socioemocionales, así como también los criterios para evaluar los aprendizajes más relevantes.

El desafío no solo es surfear conocimientos, sino tejer sus contenidos y contar con una combinación de hardware y software que permita desarrollar aprendizajes de calidad. Contestemos algunas preguntas clave para descubrir cuándo tejemos esa calidad o cuándo sólo la surfeamos.

¿Ayuda la tecnología en la adquisición de habilidades técnicas?

Sin duda, la tecnología es una gran herramienta de apoyo para el maestro en cierto tipo de tareas, como, por ejemplo, personalizar la enseñanza y llegar de forma masiva a un gran número de estudiantes a un costo bajo. Sin embargo, hay cada vez más evidencia que indica que el crecimiento de la educación en línea perjudica a los estudiantes más desaventajados, quienes precisamente son los que más necesitan a los mejores profesores en el aula. Por eso, es clave seguir mejorando el currículo y la instrucción virtual para que estos respondan mejor a las necesidades del estudiante.

En cuanto a las habilidades en lectura, tres estudios muestran que, aunque los estudiantes dicen que prefieren leer en pantallas, cuando la longitud del texto es superior a una página su desempeño en comprensión lectora es peor que cuando usan textos impresos.

Esto se hace eco también en el aprendizaje en ciencias. Un análisis de los resultados de los estudiantes de 15 años en PISA muestra que los estudiantes que reportan haber usado internet más tiempo tienen peores resultados que los que lo usan con menos frecuencia.

¿Son compatibles la tecnología y el desarrollo de las habilidades socio-emocionales?

No está claro cómo la tecnología contribuye a desarrollar las habilidades socio-emocionales o en qué medida la tecnología podría reemplazar a la interacción humana en ciertos contextos, sin perder calidad en la formación de dichas habilidades o generar efectos perversos. Las diferencias en aprendizajes entre niños de altos y bajos ingresos empiezan desde la más temprana edad, edad en la que las interacciones entre el niño y el adulto son cruciales.

Mientras la demanda de habilidades socio-emocionales está a la alza, las tendencias parecen indicar que los adolescentes pasan más tiempo que nunca solos con sus pantallas y gadgets digitales, salen menos y son ávidos consumidores de medios sociales pero están mucho más aislados socialmente hablando.

Y lo reconocen. Los propios estudiantes dicen que tener acceso a internet durante las clases puede ser una distracción. El uso de internet suele estar asociado, no sólo con peores resultados escolares, sino también con retrasos llegando al colegio, expectativas educativas más bajas, menores índices de satisfacción con la vida en general y mayores síntomas de depresión en los adolescentes.

¿Puede un programa decirte cuánto ha aprendido un estudiante?

En un mundo enfocado en resultados, pruebas y tests estandarizados obviamente la respuesta es que sí. Hay toda una variedad de softwares que lo hacen en el mercado. Es la forma más rápida y menos costosa de evaluar lo que un estudiante ha aprendido.

Pero lo interesante, según la evidencia, es que cuanto más selectiva es una universidad, menos probable es que se enfoque en la evaluación misma. En cambio, las universidades con menos recursos que absorben un porcentaje mayor de población de bajos recursos son las que más utilizan esas evaluaciones de aprendizajes: pruebas cortas, cuantificables y estandarizadas que no son capaces de capturar habilidades tan cruciales como el pensamiento crítico y otras habilidades que el mercado laboral sí busca y premia.

Tejer y surfear para florecer mental, emocional y económicamente

La tecnología es una oportunidad para llegar a muchos más estudiantes de forma más rápida, por eso se asocia con la promesa de transformar los sistemas educativos y revolucionar los aprendizajes. Ciertamente es una aliada para lograr que los jóvenes adquieran las habilidades necesarias para progresar y contribuir de forma activa como ciudadanos a la construcción de sociedades más prósperas. La tecnología permite imaginar soluciones nuevas, replicables y a bajo costo que pueden ser, justamente por eso, llevadas a escala.

Pero debemos tener muy presente que aprender también es darse el tiempo para reflexionar. Y, hacerlo de forma creativa, requiere aún más de ese tiempo. Para aprender y para crear es importante a veces “perder el tiempo”, es decir, ser menos eficiente. Hay muchas cosas que podemos hacer de forma más rápida utilizando atajos. Pero aprender es intentar y equivocarse en el camino. Es tan o más importante el proceso de experimentación como lo es la nota final en un examen. El estudiante puede haberse preparado para la prueba sin haber interiorizado la lógica del problema que está resolviendo, lo que le inhabilitará en el futuro para reconocer patrones y resolver otros problemas más avanzados.

De la misma manera que ya no podemos concebir un mundo no digital, tenemos que asegurarnos que la tecnología siga siendo parte de la solución y no termine replicando o exacerbando las mismas brechas que estamos tratando de cerrar.

En un informe del Reino Unido, en el que se identifican 5 principios centrales para asegurar un uso ético de la inteligencia artificial, resulta particularmente útil el cuarto en este contexto. Para el tándem entre educación y tecnología en general lo plantearía así: “Todo el mundo debería tener derecho a ser educado y a tener las condiciones para florecer mental, emocional y económicamente junto a la tecnología”. Que sea esta la premisa al debatir sobre las políticas educativas digitales y el diseño de los programas que las acompañan para hacerlas realidad.

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