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Por Carina Lupica. 

Quizás cuando pensamos en migración, imaginamos familias, juntas o desperdigadas; niños y jóvenes, solos o rodeados de conocidos y desconocidos; hombres y  mujeres en busca de nuevos horizontes laborales. Pero, ¿vemos a las mujeres que dejan atrás hijos y dependientes, para terminar, muchas veces, cuidando de los hijos y dependientes de otros en territorio desconocido?

Y es que el cuidado infantil es una causa importante de la migración laboral femenina en América Latina y el Caribe. Un conjunto considerable de mujeres cruza las fronteras nacionales para cuidar niños y otros miembros de familias con mayores recursos económicos. Aunque muchas de ellas envían remesas para sostener económicamente a sus hogares en sus países de origen, se enfrentan al reto de diseñar estrategias para reorganizar y redistribuir el cuidado de sus propios hijos e hijas.

Migración laboral femenina

El 80% de las personas que migran hacia un país de la región provienen de otros países de las Américas, en la mayoría de los casos de zonas fronterizas. La mitad de quienes inmigran son mujeres, de las cuales el 55,7% participan en el mercado de trabajo del país de destino. Esta es la vía a través de la cual algunas mujeres consiguen oportunidades laborales que no encuentran en sus países de origen.

La migración internacional puede favorecer la autonomía y el empoderamiento económico de las mujeres, permitiéndoles contribuir de manera constructiva en los lugares de destino y al bienestar de sus familias en sus países de origen. Trabajar en el cuidado de otras personas es una de las motivaciones para la migración laboral femenina en la región. El 35,3% del total de todas las trabajadoras inmigrantes en América Latina y el Caribe se desempeña en el trabajo doméstico remunerado, que incluye las tareas de cuidado de niños y de personas dependientes. Estas oportunidades laborales se están incrementando debido a tres factores principales:

Mas allá de las ventajas para la autonomía económica de las mujeres, la migración también puede suponer una amenaza para su seguridad, exponiéndolas a la discriminación, el abuso e incluso a la explotación en las distintas etapas del proceso migratorio.

Adicionalmente, la migración suele implicar costos familiares elevados para las mujeres, quienes en reiteradas oportunidades sufren la desintegración familiar y el ejercicio de la maternidad a la distancia. Las madres migrantes suelen apoyarse en otras mujeres de la familia (abuelas, tías, hijas) o cercanas a la familia (amigas, vecinas) para el cuidado de los hijos que no migran con ellas.

Madres a distancia

Una de las consecuencias de la feminización de las migraciones puede ser el ejercicio de la maternidad a la distancia y la conformación de las cadenas globales de cuidado. Esta expresión se refiere a la relación entre las mujeres de países de origen y destino y con diferentes recusos socioeconómicos, que se transfieren la gestión de los cuidados infantiles y del hogar. Los cierto es que los eslabones de estas cadenas son siempre las mujeres.

Lamentablemente, es aún insuficiente la información regional sobre las cadenas globales de cuidado, las familias transnacionales, el ejercicio de la maternidad a distancia e incluso la migración de niños, niñas y adolescentes que cruzan las fronteras para reencontrarse con su familia en los nuevos destinos. Debido al aumento de la movilidad laboral de las mujeres en la región, es necesario profundizar el conocimiento de esta realidad y atenderla de manera coordinada.

Lo que queda claro es que el aumento de las migraciones femeninas por motivos laborales supone un nuevo reto al análisis y propuestas de la organización social de los cuidados y del desarrollo infantil en la región. En este contexto, se vuelve cada vez más necesaria la articulación entre las políticas de protección social, especialmente las vinculadas con la primera infancia y los servicios de cuidado infantil, las políticas migratorias, del mercado de trabajo y para la igualdad de género.

Garantizar la cobertura y la calidad de los cuidados infantiles; mejorar las condiciones de trabajo decente de las trabajadoras y los trabajadores, incluidas las personas migrantes, y promover igualdad de las mujeres y los hombres en el mercado de trabajo son parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible aprobados por la Asamblea General de la ONU en 2015. Avanzar efectivamente en su concreción es una oportunidad para mejorar la vida de las mujeres, sus hijos y sus familias, que no debemos dejar pasar.

¿Conoces historias de cadenas globales de cuidado? ¿Qué impacto ha tenido para el desarrollo infantil en tu país? Cuéntanos en la sección de comentarios o en Twitter mencionando a @BIDgente.

Carina Lupica es consultora para diversas organizaciones internacionales en temas de género, mercado de trabajo, sistemas de cuidados y migración laboral.

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Comments
  • Amalia Rodriguez
    Responder

    Este artículo es muy interesante en mi opinión, independientemente de las circunstancias económicas y sociales qué determinan este gran paso de alejarse de su familia para cuidar a otros. Va más allá de una mejora económica. Muchas mujeres se hacen madres a temprana edad, sufriendo hambre, violencia y la postergación de sueños o metas. Por lo que esta situación es una posibilidad de avanzar y autorrealizarse, en tierra extraña y lejos de la familia. Ojalá y pudiéramos como compatriotas apoyar esos sueños desde los primeros años y a lo largo de la infancia. Creo firmemente en que educar u orientar es mejor que solo mirar. Ocuparse más que preocuparse desde mi espacio hacia mi alrededor. Gracias por motivarme a continuar trabajando desde mi espacio y en mi comunidad.

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