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Por María Caridad Araujo. 

¿Alguna vez te has preguntado cómo las interacciones que tenemos con otros seres humanos desde bebés estimulan el desarrollo del cerebro? Los científicos que lo estudian han demostrado convincentemente que la arquitectura cerebral que se configura durante los primeros años de vida responde en gran medida a los estímulos del ambiente. Por ejemplo, las interacciones entre los adultos y los niños son críticas en la formación de conexiones neuronales. Por ello, han creado una serie de imágenes para ilustrar cómo son las interacciones que favorecen el desarrollo en la primera infancia.

Las interacciones de ida y vuelta, por ejemplo, incentivan al adulto a observar atentamente al niño para aprender a detectar su interés y descifrar sus gestos, miradas, balbuceos o palabras. No solo eso, lo anima a responder ante esos estímulos nombrando objetos, ofreciendo seguridad y afecto, expresando en palabras las emociones, felicitando al niño. La receptividad del adulto para interpretar las señales que recibe del niño y su sensibilidad para responder a ellas de una manera adecuada y cálida es clave y contribuye a ampliar y enriquecer el vocabulario, las experiencias de descubrimiento y el aprendizaje del niño. Esas interacciones, frecuentes y cotidianas, son indispensables para el desarrollo infantil nutriendo el aprendizaje, el comportamiento, e incluso la salud de las personas.

La lactancia, una interacción favorable para el desarrollo infantil

El primer paso de toda relación es aprender a leer las señales y mensajes que nos transmite la otra persona. Mientras más tiempo comparten un adulto y un niño, más logran conocerse y entenderse. De ahí que la lactancia constituye un momento único e irremplazable para entablar una relación entre la madre y el niño, y es una de las interacciones más significativas en una relación humana. Tener al niño tierno en brazos durante mucho tiempo es una manera potente de conocerse y establece al calor del cuerpo de los padres como un lugar seguro para la criatura.

Existen razones biológicas para aprovechar el momento de la lactancia y construir interacciones de calidad entre madre e hijo. El parto y la lactancia estimulan la producción de la oxitocina, conocida como la hormona del amor, que soltamos cuando sentimos placer y que resulta en una relación de apego entre la mamá y su bebé. Esa relación constituye un elemento fundamental para un desarrollo saludable, caracterizado por interacciones cálidas, sensibles, receptivas y ricas en lenguaje. La oxitocina tiene, además, otros beneficios para la salud física y mental de la madre.

Buenas prácticas de lactancia

La lactancia materna demanda mucho tiempo y esfuerzo por parte de las madres. No tener una red de apoyo en la familia, en la comunidad y en la sociedad dificulta asumir este enorme compromiso. Por ello, comparto estos 4 consejos para facilitar y asegurar una lactancia fructífera para la madre y el bebé que podría salvar hasta 22.216 vidas cada año.

1. Una relación que inicia de manera turbulenta probablemente no terminará bien. Por ello es mejor dar de lactar cuando el niño está tranquilo y alerta y no esperar a que se encuentre cansado y hambriento. Mientras más tiempo pasemos con ellos y más los observemos, aprenderemos a reconocer sus expresiones cuando empiezan a sentir hambre y a reaccionar a ellas con palabras cálidas y afectuosas.

2. Los niños nacen programados para alimentarse del pecho de la madre, pero las mujeres no nacemos programadas para dar de lactar y necesitamos aprender a hacerlo. Una gran parte de ese aprendizaje consiste en identificar las posiciones más apropiadas para alimentar al niño. Esto requiere experimentar, no siempre con éxito. Mantener una actitud serena y hasta un poco de humor ante los experimentos fallidos será importante para que la madre no llegue angustiada al encuentro.

3. Una vez que las madres aprendemos a leer las señales de nuestros hijos, puede ocurrir que ellos quieran lactar con frecuencia. Algunas veces desestimamos este deseo pensando que no es posible que el bebé se encuentre nuevamente hambriento cuando ha comido hace poco. No obstante, no hay que olvidar que el niño puede pedir el pecho de su madre por otras razones diferentes al hambre: tiene sed, necesita sentirse seguro, necesita calmarse, o simplemente porque quiere entretenerse. Reconocer estas necesidades e intentar atenderlas, aún de otras maneras si no es posible darle de lactar en ese momento, es un cimiento de una relación caracterizada por interacciones sensibles y receptivas.

4. Cuando el niño lacta se logra una conexión muy intensa con la madre, no solo a nivel físico, sino también emocional. El mirarse a los ojos, hablar, cantar, e incluso jugar durante la lactancia son maneras de enriquecer la interacción durante ese momento, ya que la atención del niño está sobre la madre. La lactancia es una parte importante de la relación más amplia y más compleja entre madre y niño. Por lo tanto, el juego, la comunicación y el afecto no pueden estar ausentes durante ella. Por ejemplo, un niño puede optar por jugar con el pezón de su madre. Esta es una oportunidad maravillosa de hacer equipo para lograr una lactancia exitosa y puede convertirse en una excusa para reírse juntos.

Todas las experiencias de lactancia son distintas, pero seguir estos consejos puede ayudar a aprovechar al máximo una interacción que, además de favorecer el desarrollo saludable, salvaría vidas. ¿Qué otros consejos ofrecerías para lograr una buena experiencia de lactancia? Cuéntanos en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Maria Caridad Araujo es especialista líder de la División de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo.

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Showing 3 comments
  • Carolina Salleg
    Responder

    Buenas tardes
    Muy interesante la información, realmente concientizar a las mamás y familias en general de la importancia de la lactancia materna exclusiva LME durante los primeros 6 meses de vida es vital para el desarrollo, en todos los sentidos, de los niños, y posterior a esos 6 meses, la alimentación complementaria y la lactancia a demanda. Sin embargo, considero que con el fin de incentivar las buenas practicas de la lactancia, la imagen que acompaña esta información es contradictora, dado que el bebé debe ir a la teta de la madre no la teta a la boca del bebé; el bebé debe tener gran parte del pezón en la boca y como se observa esta posición no lo soporta. Considero importante hacer un ajuste donde se soporte el contenido de la información dada.
    Gracias.

  • Kathia Morillo
    Responder

    Me encantó este artículo, aunque aun no soy madre, tengo contacto con muchas madres lactantes y es una experiencia maravillosa… es una pena que por desconocimiento muchas mujeres no vean la leche materna como el valioso alimento que es y obvien la estética.

  • Isabel Valdés
    Responder

    Muy bueno el artículo. Soy madre hace casi dos meses y la lactancia ha sido un tema complejo. Tengo 32 años, soy primeriza, y tal como se menciona más arriba, estoy 100% de acuerdo en que uno no sabe cómo dar leche. Yo pensé que iba a ser sencillo y natural, ya que es algo que suena como un acto instintivo. Sin embargo, no fue así para mí. Me dolió mucho la primera vez que me la pusieron al pecho; justo después de salir de una cesárea (no pude tener parto vaginal), cuando aún temblaba por la anestesia. Mi hija y yo no tuvimos ese mágico momento de acoplarnos naturalmente, ella lloró y yo también, por los nervios, por la emoción, por el dolor y por no saber cómo hacerlo. Antes del parto, había asistido a un par de charlas sobre recién nacidos, pero, “otra cosa es con guitarra”. Tuve que asistir a una clínica de lactancia las tres primeras semanas, porque mi bebita bajaba mucho de peso y aún no podíamos acoplarnos en la alimentación. Yo anhelaba vivir la experiencia de paz que transmiten las idílicas imágenes que siempre vi acerca de la lactancia. Después de darme cuenta que los nervios y la tensión hacían que tuviera menos leche, y mi pequeña seguía con hambre, opté por combinar la alimentación con fórmula; así, pude relajarme un poco. Para sobrellevar la presión de todas las actividades del día, como lavar, mudar, cocinar, limpiar y pensar en el trabajo, la alternancia del pecho con otras opciones ha sido mi salvación. Combino mamadera con leche que me extraigo, o mamadera con fórmula y también doy pecho. Si bien, al comienzo me sentía culpable por dar mamadera, por no poder cumplir con las expectativas que tenía, en relación a que dar pecho es algo fácil y fundamental para el apego y amor madre-hijo; me he dado cuenta que el apego es mucho más que dar leche directo de la”teta”. El amor y la conexión van mucho más allá, y hay que aceptar que cada mamá tiene sus formas de lograr ese vínculo. Ser mamá es bien intenso, es no dormir, es alimentar cada dos o tres horas el primer mes, es enfocarte con todos tus sentidos en esta nueva personita, que es frágil y depende de ti y de tu leche para sobrevivir. Y quisiera finalizar mi comentario señalando que me parece que la autoexigencia de la mujer actual a nivel laboral, y la falta de apoyo para la compatibilidad entre crianza y desarrollo profesional, son factores que podrían condicionar la lactancia exitosa, porque realmente es bien difícil sentir la presión de cumplir en el trabajo y al mismo tiempo dar pecho el mayor tiempo posible.

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