Por María Caridad Araujo. 

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), aprobados por la Asamblea de las Naciones Unidas, tienen implicaciones importantes sobre el bienestar de las familias y los niños durante el inicio de la vida. Algunos de los indicadores que se persiguen son la erradicación de la pobreza extrema y la desnutrición, la reducción de la mortalidad materna e infantil y el acceso a servicios de desarrollo infantil de calidad. ¿Dónde se concentran los principales desafíos?

El libro del BID titulado Los Primeros Años provee una fotografía completa del estado de situación de la infancia en la región y de las intervenciones de política más prometedoras para mejorar el desarrollo y el bienestar desde el inicio de la vida.

Para entender mejor, cada uno de los diecisiete objetivos que se han identificado como prioritarios en los ODS tiene asociados un conjunto de indicadores que permitirán a los países y al mundo monitorear el avance en el logro de estas metas. Por ejemplo, el primer objetivo, la erradicación de la pobreza en todas sus formas,  tiene siete metas asociadas, con un horizonte de cumplimiento del año 2030:

  1. Erradicar la pobreza extrema definida por una línea de pobreza de US$1.25 per cápita por día
  2. Reducir a la mitad la proporción de personas que viven en situación de pobreza según las definiciones de cada país
  3. Implementar sistemas de protección social adecuados a las necesidades de los países con coberturas importantes entre los pobres y vulnerables
  4. Asegurar el acceso equitativo a los recursos económicos, a los servicios básicos, a la propiedad, herencia, recursos naturales, tecnología y servicios financieros
  5. Construir resiliencia entre los pobres y vulnerables y reducir su exposición a choques económicos, sociales, ambientales y climáticos
  6. Movilizar recursos de la cooperación internacional hacia los países de menor desarrollo con el objeto de apoyar la agenda de erradicación de la pobreza
  7. Crear marcos de política a nivel nacional, regional e internacional basados en estrategias de desarrollo que favorezcan a los pobres y promuevan la equidad de género apoyando la inversión acelerada en la erradicación de la pobreza

¿Ambicioso? ¿Complicado? Probablemente. Aun así, estas metas están asociadas a indicadores cuya medición es ya rutinaria en los países de América Latina y el Caribe. Monitorear el avance en estos temas es factible y basta un esfuerzo concertado de las oficinas nacionales de estadísticas en la región para producir los datos necesarios que informen el progreso en esta área.

Sin embargo, la situación es muy diferente en otros temas que son claves para el bienestar y el desarrollo de la primera infancia. Pongo como ejemplo el objetivo número 4, que se refiere a la educación de calidad. Asociado a este objetivo, se han definido diez metas. En este artículo quiero referirme a una.

Para el año 2030, se propone garantizar que todas las niñas y niños tengan acceso a servicios de cuidado y desarrollo infantil de calidad así como a educación prescolar, asegurando así que estén listos para la  primaria”.

Este objetivo es particularmente complejo porque la mayoría de los países no incluyen en sus encuestas nacionales preguntas que les permitan generar información sistemática sobre la cobertura de sus servicios de desarrollo infantil. Ni hablar sobre la calidad de los mismos. No existe un solo país en la región que tenga mediciones sistemáticas, así sea muestrales, sobre la calidad de sus programas y servicios de desarrollo infantil a lo largo del tiempo.

Pero los desafíos no están solo en aspectos como este, que son complejos de medir. También hay temas fundamentales que quedaron fuera de los indicadores asociados a los ODS. Durante la etapa de discusión y definición de los ODS y de sus metas asociadas, voces muy respetadas en el área del desarrollo infantil, se manifestaron a favor de la necesidad de incluir una meta que se refiriera a la medición específica de los niveles de desarrollo de los niños durante la primera infancia.

La falta de indicadores comparables que permitan identificar el estado del desarrollo infantil en los países -y en grupos poblacionales dentro de ellos-  ha limitado y sigue limitando la visibilidad de la agenda de primera infancia en las decisiones políticas y presupuestarias de nuestra región.

Pensemos en otros temas. Por ejemplo, en lo que se refiere a la nutrición infantil o al aprendizaje escolar, los especialistas técnicos se han puesto de acuerdo en maneras de medirlos a escala. Aunque todos sabemos que estas medidas son imperfectas, la publicación periódica de indicadores como los resultados de la prueba PISA o las encuestas de demografía y salud tienen una gran resonancia en la opinión pública, logran movilizar esfuerzos políticos y financiamiento a estos temas y permiten monitorear el avance de los países en ellos. Pero para desarrollo infantil, lamentablemente, no hemos llegado a 2016 con un indicador de esta índole.

¿Crees que en 2030, cuando las Naciones Unidas se vuelvan a reunir para plantear metas ambiciosas para la humanidad, nos habremos puesto de acuerdo en este tema? Yo anhelo que así sea. Comparte tu opinión en la sección de comentarios abajo o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Si quieres leer la primera parte de la serie, visita Serie #ObjetivosMundiales – Las buenas nuevas para los niños.

María Caridad Araujo es economista líder en la División de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo.

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Showing 4 comments
  • Maria Ines
    Responder

    María Caridad Araujo, para que en el 2030 cuando las Naciones Unidas se vuelvan a reunir para plantear metas ambiciosas para la humanidad, necesitaremos haber conquistado nuestra dignidad humana.
    Y según mi criterio la etapa de crianza de los niños más pequeños cuidados por la comunidad de la familia, la del barrio y sociedad civil, acompañados por el gobierno local, es la oportunidad de hacerlo.
    Vivimos en un mundo que vive asfixiado por innumerables sinsentidos. Necesitamos encontrar el sentido a lo inmanente y a lo trascendente de la vida. Encontrarlo en nosotros los adultos, para dárselo a los niños antes de asfixiarlos y posibilitar que ellos nos den el tesoro de su novedad. La que traen y aún no perdieron, para mi es el camino.

    Un proceso esencialmente cualitativo, que considero al madurarlo en la praxis, obtendremos algún indicador cuantitativo. Primero el compromiso con la vida y luego observar los resultados. y así…
    Aún no leí lo que consideran las buenas nuevas para los niños.
    Si al leerlo entiendo que tengo algo para decir, se lo comunicaré
    María Inés

  • Ernesto
    Responder

    No sólo, como se afirma en el artículo, las medidas referidas a la educación infantil o al aprendizaje escolar son imperfectas sino que con la visión reduccionista con la cual se implementan los diferentes programas de los entes gubernamentales, reducen la posibilidad de incrementar los aprendizajes relacionados con el tema. En la región en la cual vivo, la poca o ninguna comunicación entre los estamentos que trabajan proyectos relacionados con la salud y la educación, hacen que el conocimiento sobre el tema del desarrollo de los niños durante la primera infancia sea más confuso en el tiempo.
    Lo expuesto nos explica en algún grado las inmensas dificultades que se nos presenta en el momento de tratar de definir nuestro propio desarrollo y por tal motivo, cada cuatro años, buscamos a nivel mundial la moda y ni siquiera nos preocupamos por tener presente el impacto cultural que esos nuevos conceptos traen a nuestro mal llamado Sistema Educativo; que de todo tendrá menos de Sistema.

  • José Marranzini
    Responder

    Considero que es innegable que la utilización de los indicadores es esencial para saber dónde estamos parados y proyectar un futuro mejor. Pero para mí lo más importante es la voluntad de hacer que tienen que mostrar los distintos Gobiernos, destinar los recursos correspondientes para poder mejorar cada día.

    • Maria Ines
      Responder

      Y no solamente los Gobiernos en destinar los recursos correspondientes para poder mejorar cada día, también los funcionarios, profesionales, instituciones gubernamentales y no gubernamentales, la sociedad civil, los políticos en sus distintas perspectivas….las familias, las pequeñas comunidades.

      considero que es la calidad de las relaciones que se establecen entre personas, grupos, instituciones, grupos locales, gobiernos locales, provinciales, nacionales, regionales e internacionales, lo único que puede transformar la realidad.
      Relaciones en las cuáles se genere la alquimia por la cual,cada uno pueda transformar su corazón con lo que tiene para dar hasta llegar a la reciprocidad. Todos tenemos algo para dar, hasta el más pobre que no necesariamente es el más mezquino. Pero aún él puede reconsiderar su postura.

      A través de una asociación civil en Bolivia, que se mueve con la sabiduría del corazón y en una red que está constituyéndose desde la sociedad civil, cuatro niños en estado delicado por no ser bien tratados en su lugar de origen, vinieron a la Argentina a ser tratados en un hospital que se caracteriza por su calidad en la atención médica. Los cuáles explicaron a una de ellas ( la que está alojada en casa ) el error en el tratamiento que le dieron a su hijo y a otras – desde la institución- que era necesario organizarse un poco mejor para a atender bien a propios y extranjeros.
      La interculturalidad actuando en su dimensión social, no solamente en las relaciones interpersonales entre culturas,es muy necesario que sea también entre las instituciones y entre los gobiernos.

      La prioridad del dinero con el lucro obtenido, en las clínicas privadas, la falta de recursos con la desesperanza, en el hospital público, el no respeto actuado de los derechos universales de los niños, la impotencia de padres sin recursos económicos para cumplir los requisitos que les exigen ( reconociendo que no curan a sus niños) deben tener un carácter resolutivo por parte de los gobiernos, completando la tarea que hacen las familias, las comunidades, asociaciones, instituciones y personas de buena voluntad. Si no es así ¿ para qué están ?

      La sociedad civil a fuerza de corazón por corazón, pueden producir la sinergia de adentro hacia afuera, pero los gobiernos necesitan responder para romper la rigidez y corrupación del sistema, a través de sus instituciones.
      Lo micro en relación recíporca con lo macro, con el factor común de corazón por corazón.

      ¿ utopía ? no….. es ir acercándonos a lo que realmente somos y de tanto alejarnos por milenios y gradualmente, nos olvidamos.

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