En los Estados Unidos, los niños que pertenecen a hogares de menores ingresos, cuando cumplen 3 años de edad, han escuchado 30 millones menos de palabras que sus pares de familias más ricas. Eso significa que, para cuando ingresan al jardín de infantes, están atrasados en la adquisición de conocimientos y en su nivel de vocabulario.

En América Latina y el Caribe, hemos estado hablando sobre los gradientes socioeconómicos en el nivel de vocabulario desde hace tiempo, por lo que hace algunas semanas llamó mucho mi atención un artículo publicado en la revista The New Yorker.  El artículo mencionaba un programa creado en la ciudad de Providence, Rhode Island (EE. UU.), que innova en el uso de tecnología para fomentar el desarrollo del lenguaje en niños pequeños. Tras leer este artículo, me pregunté si podría implementarse en forma sostenible un programa de esas características en los países de la región. En un esfuerzo por obtener más información sobre dicha experiencia, tuve el privilegio de entrevistar a Caitlin Molina, gerente del programa Providence Talks. Esto es lo que aprendí durante nuestra conversación.

¿Cuéntame cómo nace Providence Talks?

Providence Talks fue creado como una iniciativa del alcalde Bloomberg. Ganamos el premio “2012-2013 Mayors Challenge” (Desafío del Alcalde) de la organización caritativa Bloomberg Philanthropies y recibimos un subsidio de 5 millones de dólares con la idea de dedicarnos a niños, desde su nacimiento hasta los tres años de edad, que hayan tenido en su hogar una exposición al lenguaje menor que la de sus pares de mayores ingresos.

¿Qué clase de intervención fomenta el programa Providence Talks?

Queríamos crear un programa que documentara el lenguaje en un hogar y lo suplementara con un currículo de visitas domiciliarias. al complementar la tecnología con la visita domiciliaria, queríamos brindar a los padres de familia estrategias y recursos que les permitan asegurar que sus hijos estén preparados para el jardín de infantes, y aprovechen las mejores oportunidades para ellos. Actualmente en Providence, las dos terceras partes de los niños que ingresan al jardín de infantes tienen retrasos con respecto a los niveles esperados de aptitudes de pre-lectura.

¿Cómo aplican la tecnología en su programa?

Utilizamos tecnología desarrollada por la Fundación de Investigación Lena. Se trata de un procesador digital del lenguaje —un contador de palabras. De hecho, no graba lo que se dice, sino que cuenta la cantidad de palabras y las interacciones de conversación dentro del hogar. Podemos ignorar todo ruido generado por medios como la televisión y la radio, y también contar la cantidad de palabras que usa el niño, la cantidad que usa el adulto y luego los turnos conversacionales que constituyen una interacción.

Tomando eso en cuenta y considerando que idealmente los niños deben estar expuestos a 21.000 palabras por día, usamos la tecnología para contar la cantidad de palabras y realmente comprender tanto la calidad como la cantidad de lenguaje que existe en el hogar. Eso se complementa con el trabajo de visitadores domiciliarios capacitados en nuestro currículo, el mismo que está disponible en nuestro sitio web. Durante las visitas, brindamos a las familias oportunidades para incorporar estrategias que les permitan expandir el uso del lenguaje en sus rutinas diarias. De modo que no les pedimos a las familias que cambien su jornada ni su rutina. Simplemente agregamos ideas y estrategias que pueden incorporar a su día para realmente mejorar la exposición al lenguaje de los niños.

¿Qué edad tienen los niños a quienes prestan servicios?

Inscribimos a niños de 2 meses hasta 30 meses de edad. Sin embargo, haremos el seguimiento de cada niño hasta después de su tercer cumpleaños. La duración total del programa es de un año.

Durante los cinco primeros meses del programa se realiza una grabación regular cada dos semanas, y después la repetimos a los 6, 9 y 12 meses. Hacemos que la familia registre una grabación de 10-16 horas de duración. Los visitadores domiciliarios recogen los dispositivos y suben los archivos de  las grabaciones. Después, imprimen un informe de la grabación que comparten con la familia durante la siguiente visita al hogar. Examinan juntos los resultados de la grabación y demuestran actividades y estrategias para ayudar a mejorar el lenguaje aún más. 

¿Cuál es el perfil de los visitadores domiciliarios del programa? ¿Cómo se los entrena y orienta?

Todos nuestros visitadores domiciliarios tienen una licenciatura.

Antes de que visiten a la familia, los capacitamos en el uso de la tecnología, la filosofía, la teoría que apoya el dispositivo y también el currículo. Luego hacemos sesiones de repaso constantemente. Como gerente del programa, acompaño en la observación de al menos una sesión de cada uno de los visitadores domiciliarios para brindarles retroinformación basada en la experiencia de primera mano.

¿Qué tan grande es el programa? ¿Cuáles son tus planes para ampliarlo?

Tenemos 15 visitadores domiciliarios. Estamos en contacto con 62 familias que participan activamente y hay otras que ya se graduaron del programa.

Estamos evaluando el programa piloto que fue el que se realizó durante el primer año. Ahora planeamos una implementación a escala más grande a partir de esta, lo cual equivale a incorporar a 1500-2500 niños nuevos durante un periodo de 3 años de duración de los fondos del premio que hemos recibido.

¿Cómo monitorean la calidad del programa?

Los visitadores domiciliarios se reúnen mensualmente con un supervisor. También tenemos grupos focales para los visitadores y para las familias por separado. Estas reuniones nos ofrecen mucha retroalimentación de excelente calidad que aplicamos al programa.

Cuéntanos sobre la evaluación del programa piloto

Los resultados de la evaluación no son públicos. Hicimos una alianza con la Universidad Brown, que ha realizado una evaluación independiente del programa piloto, con un diseño experimental de asignación aleatoria. Hacia el 30 de enero, los datos preliminares de las familias de esta prueba piloto señalaban que aquellas que comenzaron con cuentas bajas de palabras habían aumentado en un 50% la cantidad de palabras y en un 30% el número de interacciones verbales entre los niños y sus cuidadores.

¿Qué podría aprender tu comunidad de esta experiencia? Cuéntanos en la sección de comentarios abajo o por Twitter.

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