Por Agustin Caceres

Gráfica artículo Marcos

 

A los antibióticos se los conoce por su función en el control de infecciones bacterianas en niños y adultos. También por algunos de sus efectos secundarios: diarrea, reacciones alérgicas, infecciones colaterales. Pero ¿qué sucedería si en los países en desarrollo un antibiótico tuviera un efecto secundario positivo en el crecimiento de los niños malnutridos de 1 a 5 años de edad?

Leí sobre esto cuando me encontré con un artículo publicado por la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres en el que se mencionan algunos hallazgos inesperados respecto de uno de los antibióticos más usados: la azitromicina. Este fármaco es ampliamente utilizado para combatir el tracoma, una Enfermedad Infeccionsa Desatendida que desafortunadamente es la causa infecciosa más común de la ceguera y aún afecta a las comunidades pobres en algunas zonas de América Latina, como son Chiapas (México) y el sur de Colombia.

La azitromicina ha demostrado ser eficaz en el tratamiento de esta enfermedad según los distintos estudios realizados desde principios de los años 1990. Pero la sorpresa llegó cuando hace tres años un estudio publicado por la Universidad de California en San Francisco reveló que la mortalidad de los niños de 1 a 5 años ocasionada por múltiples causas se redujo en casi un 50% en aquellas comunidades etíopes cuyos niños recibieron una dosis anual de azitromicina.

La Fundación Bill y Melinda Gates acaba de otorgar una donación de 10 millones de dólares al equipo liderado por el profesor David Mabey para realizar un estudio del impacto del antibiótico en la mortalidad infantil en tres países de África: Níger, Tanzania y Malawi. Los fondos apoyarán el estudio del mecanismo subyacente tras este hallazgo mediante la observación del efecto de la azitromicina en el intestino, en la absorción de nutrientes y en el crecimiento de los bebés en Malawi.

Se espera que este estudio ayude a encontrar una nueva respuesta al desafío de identificar las causas del retraso en el crecimiento durante los primeros 1000 días de vida de un niño o niña. Los efectos positivos de la desparasitación de los niños y el uso de micronutrientes se han demostrado ampliamente. ¿Y si este antibiótico pudiera reducir múltiples infecciones y aumentar la absorción de los nutrientes, mejorando así el crecimiento y desarrollo temprano de los niños? Manténganse atentos al trabajo de estos investigadores si desean averiguar más.

Agustin es un consultor en comunicación en la División de Protección Social y Salud del BID en Washington, DC.

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