Por Juan Pablo Severi.

El monitoreo periódico que lleva adelante la Universidad Católica de Argentina a través del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia compara las condiciones en que se desarrollan los niños argentinos que viven en hogares pertenecientes al primer y último cuartil de la distribución del ingreso.

En comparación con los más ricos, los niños más pobres tienen una probabilidad…

  • …5 veces mayor de no celebrar su cumpleaños
  • …casi 3 veces mayor de no participar en actividades recreativas en familia
  • …6 veces mayor de no contar con libros infantiles en el hogar
  • …casi 2 veces mayor de experimentar agresiones físicas en el hogar

Si entendemos que el propósito de toda inversión es aumentar la capacidad productiva, la inversión en capital humano cumple con ese objetivo en sentido estricto. Una sociedad conformada mayoritariamente por individuos sanos, fuertes,  inteligentes, con capacidad de adaptación y conductas orientadas por valores, tiene mayores posibilidades de éxito que una de menor dotación en alguno o todos estos rubros. Por tanto, el sacrificio actual de recursos que logre incrementar estos elementos es una inversión.

En las últimas décadas –y en forma creciente—se ha desarrollado variada evidencia que da cuenta que la relación logro/recursos se incrementa conforme las acciones de inversión se focalizan en el desarrollo del individuo desde sus primeros años de vida, incluso, desde su gestación. Al mismo tiempo, si las acciones correctas están presentes en forma simultánea, los resultados se incrementan por efectos sinérgicos. De ahí que la prioridad puesta en la primera infancia y en la mejor caracterización de las intervenciones correctas, no es otra cosa que invertir bien.

No obstante, y sobre todo en el período de la infancia temprana, no resulta evidente definir cuáles son aquellas acciones correctas en varios aspectos esenciales. Las oportunidades de estimulación y los estilos de crianza son dos de estos aspectos. Ambas dimensiones muestran asimetrías entre los grupos de mayor y menor bienestar socioeconómico.

En la región, la política social tiene una deuda pendiente en la identificación y ejecución de las acciones correctas en primera infancia. Tal vez a consecuencia del descuido de las ciencias sociales, tal vez y también, por la urgencia relativa que tiene -o tuvo- resolver los problemas de supervivencia en las etapas tempranas del desarrollo social. Por otro lado, es más o menos evidente que el abordaje tradicionalmente compensatorio de los servicios sociales resulta en un paliativo modesto, cuando el desafío principal está en buena medida asociado a modificar hábitos, costumbres y prácticas en la cotidianeidad familiar. Estamos hablando de un desafío complejo. ¿Conocen ustedes buenas prácticas para abordarlo?

Juan Pablo Severi es especialista líder en protección social del BID. Desde hace varios años se dedica a la preparación y supervisión de proyectos en las áreas de Salud y Protección Social. 

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