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Siete cosas que debes saber sobre los desastres en América Latina y el Caribe

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El 19 de septiembre de 2013 fue el día que Acapulco quedó bajo el agua. El segundo balneario más importante de México sufrió el embate el huracán Manuel con fuerza. En El Sur, un periódico de la ciudad, aparecían declaraciones sobre cientos de comunidades que habían quedado totalmente aisladas, “con muertos que aún no se habían contabilizado y pérdidas que aún era imposible cuantificar”.

  1. Los desastres no son “naturales”

No sorprende que los desastres sean de las manifestaciones más catastróficas del rezago económico y social de la región. Partamos de que los llamados desastres naturales de naturales tienen poco: son producto del riesgo y la vulnerabilidad ante una amenaza cuyo costo, tanto económico como humano, es prominente. Son un fenómeno intrínsecamente social.

  1. 2017 fue el segundo año más catastrófico

De no ser por el sismo y tsunami que azotaron a Japón en 2011, 2017 habría roto el récord del año con mayores daños económicos causados por desastres. Las pérdidas: más de 330 mil millones de dólares. Los muertos: casi 10,000.

La región no estuvo inmune al impacto de eventos geofísicos, hidrometereológicos y climáticos. El sismo de México del 20 de septiembre de 2017 fue el evento más costoso de la región y el quinto a nivel mundial, con daños que ascendieron aproximadamente a 6 mil millones de dólares, solamente detrás del huracán Harvey; el huracán María; los incendios forestales de Napa y Sonoma, y las inundaciones en Hunan, Zhuzhou y Ningxiang, en China.

  1. Los desastres ocurren con mayor frecuencia

La evidencia empírica sugiere que los desastres en la región van al alza, tanto en recurrencia como en intensidad. Mientras que en 1980 se registraron 61 desastres, en 1990 ocurrieron 75. En el 2000 se sumaron 98 eventos y en 2010 el número escaló a 162 siniestros. En 2016, América Latina y el Caribe sostuvo 323 desastres, el doble que en 2010.

La misma tendencia se observa para aquellos desastres considerados altamente destructivos. Mientras que en 1980 se tiene únicamente registro de 5 catástrofes, la cifra ascendió a 12 en 2016.

  1. Los desastres son muy costosos

Entre 1980 y 2016, la región resistió 4,125 desastres, donde perdieron la vida al menos 292,361 personas. Estos siniestros representaron pérdidas por 282 mil millones de dólares (ajustando por inflación). En promedio, cada hora, la región pierde 1.2 millones de dólares a causa de un desastre. En perspectiva, el costo anual de los desastres equivale a 6 veces el PIB de Belice (FMI 2017), es 35 veces mayor que el presupuesto que México destina a políticas públicas para el desarrollo de pueblos y comunidades indígenas (Gobierno de México 2017), y bastaría para cubrir (e incrementar en 39%) el gasto público de los sistemas penitenciarios de todos los países de la región (BID 2017).

En términos reales, solamente siete eventos han superado los 5 mil millones de dólares en pérdidas: encabezan la lista el deslizamiento de Vargas, Venezuela (5,177 millones), el terremoto de la Ciudad de México de septiembre de 2017 (6,000 millones), el huracán Ike en Cuba (7,073 millones), el terremoto de Haití de 2010 (7,447 millones), el huracán Mitch (Honduras, 7,772 millones), y el terremoto de la Ciudad de México de septiembre de 1985 (8,117 millones). El evento más costoso en la historia reciente de la región, sin embargo, es el devastador terremoto de Chile de 2010, que causó daños por más de 27,666 millones de dólares.

  1. Ningún país está exento

Todos los países de la región han sido impactados por al menos un desastre desde 1980. Los diez países más afectados por desastres en el último cuarto de siglo son México (480), Brasil (332), Colombia (288), Perú (279), Argentina (234), Chile (196), Guatemala (195), Ecuador (150), Honduras (127) y Nicaragua (125).

Los desastres geofísicos han ocurrido principalmente en México (15% del total de eventos geofísicos de la región), Chile (11%) y Perú (11%). Por su parte, la mayoría de los desastres hidrometeorológicos de la región se han observado en México (12%), Brasil (10%) y Colombia (7%). Finalmente, los países que han sufrido con mayor recurrencia de desastres climáticos son México (12%), Brasil (10%) y Chile (10%).

  1. Es probable que el costo de los desastres aumente más

El aumento de la población en la región es un factor crítico que explica el más alto potencial de daños por desastres en el mediano y largo plazo. Aunado a ello, un número considerable de asentamientos urbanos y de activos e infraestructura crítica se concentra en áreas de elevada vulnerabilidad como las costas y zonas sísmicas o con problemática fluvial y de deslizamiento de laderas. Más aun, la combinación de zonificación inadecuada, un incremento en el número de viviendas de mala calidad y otras deficiencias en los marcos normativos de gobernabilidad de gestión del riesgo exacerban el riesgo por desastres. A su vez, el cambio climático está jugando un papel clave en la mayor recurrencia de eventos desastrosos.

  1. El BID es un aliado para mitigar los efectos negativos de los desastres

Desarrollar y consolidar la gestión del riesgo de desastres en la región y los procesos de adaptación a los efectos adversos del cambio climático es una condición imprescindible para la protección del desarrollo. El BID impulsa estrategias, políticas y medidas destinadas a mejorar la comprensión del riesgo de desastres, fomentar la reducción y la protección financiera del riesgo de desastres, y promover la mejora continua en las prácticas de preparación, respuesta y recuperación para los casos de desastre, con el objeto explícito de aumentar la seguridad humana, el bienestar, la calidad de vida, la resiliencia y el desarrollo sostenible en América Latina y el Caribe.

Desde el Banco continuaremos innovando con proyectos que (i) incrementen la resiliencia a choques climáticos, (ii) eficienticen el uso y gestión de las costas y capital natural para garantizar su sostenibilidad y emplearlos como primera línea de defensa ante amenazas naturales y (iii) contribuyan a incrementar la capacidad preventiva y reactiva, particularmente entre grupos vulnerables. No es una tarea fácil, pero hay al menos 292,361 de motivos que nos animan a intentarlo.

Foto de Denniz Futalan desde Pexels

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