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Por María Caridad Araujo.

“La brecha de género en los salarios se debe, en gran parte, a la maternidad”. Este fue un titular del The New York Times hace un par de semanas. El artículo resumía una tendencia real en Estados Unidos: la brecha salarial y de participación laboral entre hombres y mujeres aumenta durante la edad reproductiva de las mujeres. ¿Cómo afecta esto a las madres y qué hacer para remediarlo? ¿Qué sucede en América Latina?

Aunque los avances en la región en materia educativa han disminuido en algo esta brecha, la participación laboral femenina continúa siendo demasiado baja: la mitad de las mujeres latinoamericanas en edad de trabajar se encuentran fuera del mercado laboral. El costo sobre su trayectoria profesional es alto, pero podría remediarse con políticas públicas enfocadas en apoyar a las mujeres que deciden ser madres.

El precio que pagan las mujeres

Parte de la explicación de esta brecha está en las decisiones de las parejas de dividir el trabajo de manera que, típicamente, mientras el hombre genera ingresos, la mujer se dedica a las labores domésticas. Lo curioso es que incluso entre las mujeres que no dejan de trabajar cuando se convierten en madres, los salarios por hora son menores a los de sus pares varones. Las brechas salariales más pronunciadas se encuentran en carreras profesionales que demandan jornadas extendidas con horarios menos flexibles, privando a las mujeres de acceder a trabajos que por lo general son mejor remunerados.

Como consecuencia, en el largo plazo, aún si logran recuperar su trayectoria profesional e igualarse con sus pares hombres, pagan un costo en términos de salario perdido pues han acumulado menos ahorros y promociones y han contribuido un menor monto a su fondo de jubilación.

Nuevas prácticas, nuevas posibilidades para las madres

En este contexto, urgen cambios en las políticas públicas, en la cultura empresarial y en las normas sociales que favorezcan la equidad de género. Desde el punto de vista de las normas sociales, es imperativa la promoción de la paternidad activa y de un mayor involucramiento de los hombres en la crianza de sus hijos y las tareas domésticas. Para ello, hay que combatir la cultura empresarial inflexible y poco amigable que castiga a los hombres que desean tener una paternidad equitativa, imponiéndoles una carga de trabajo incompatible con las tareas del hogar bajo la premisa de que así tendrán una “trayectoria profesional exitosa”.

En lo que se refiere a políticas públicas, una solución efectiva tiene que ver con los permisos para que padres y madres tomen licencias remuneradas tras el nacimiento de un hijo. Aunque esta es una medida importante, no es suficiente dados los niveles de informalidad en los mercados laborales de la región. Incluso si todos los países contaran con esquemas de licencia idóneos, existiría un enorme segmento de la población que se quedaría fuera.

Los servicios de cuidado infantil podrían ser una respuesta

Una publicación reciente sugiere explorar a profundidad los servicios de cuidado infantil como política pública para favorecer la participación laboral femenina. Para asegurar su efectividad, será esencial reconocer la importancia de la calidad como una condición no negociable para promover el bienestar y el desarrollo de los niños. Hay que analizar cuidadosamente la accesibilidad de los servicios y la flexibilidad en los horarios, un aspecto crucial en la decisión de las familias de usar este tipo de servicios.

Además, es necesario enfatizar cómo estos servicios de cuidado infantil, minuciosamente diseñados e implementados, podrán responder a las necesidades de las madres trabajadoras en la región, particularmente aquellas de estratos socioeconómicos menos favorecidos. Son ellas quienes actualmente utilizan los servicios de cuidado con menor frecuencia, incluso cuando son subsidiados.

Son sus hijos quienes tendrían el mayor potencial de beneficiarse al tener acceso a servicios de cuidado infantil de buena calidad que promuevan su desarrollo y aprendizaje. De ser implementada, esta política tendría un impacto dramático sobre la vida de las mujeres y sus niños, alentando a las madres a desempeñarse en sus distintos roles con la certeza de que tanto ellas como sus hijos estarían creciendo.

¿Conoces políticas que hayan beneficiado a las madres trabajadoras y a sus hijos? ¿Qué características tendría una política efectiva? Cuéntanos en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en Twitter. 

María Caridad Araujo es Especialista Principal de la División de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo.

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Showing 9 comments
  • Norma Graciela Rojas
    Responder

    Me encanta el artículo

    Soy de Paraguay

    Tenemos un proyecto para ofrecer este servicio y estamos buscando finaciadores

    Trabajo en el Instituto SUperior Dr Raul Peña de Asunción Py, una isntitución referente con muchos estudiantes que desean formarse pero siempre con la intranquilidad de no saber donde dejar a sus hijos…además tenemos muchos funcionarios de la isntitución y otras como la dirección de educación permanente y la dirección de inclusiva, en las mismas trabajan muchas mujeres que requieren de servicios

    Requerimos financiamiento de amplian de infraestructura.. equipamiento..recurso didácticos…capacitaciones y pasantías para que el servicio sea innovador, de calidad y estimulante para los niños…no pretende ser escolarizada sino más bien de cuidado y atención con oportunidades educativas creativas e integrales

    Atte…

    • Maria Caridad Araujo
      Responder

      Estimada Norma, gracias por tu comentario y por leer nuestro blog. Te deseo éxitos sacando adelante la iniciativa sobre la cual nos comentas.

      Muchos saludos,

      Ma. Caridad

  • Anna
    Responder

    Me parece que una buena política pública fuera jornadas de trabajo productivo y reproductivo compartidas: 4 horas de trabajo productivo de las mujeres en las mañanas (remuneradas por la empresa privada o pública) y 4 horas de trabajo reproductivo de mujeres para el cuidado de los hijos e hijas, del planeta, de las personas en general en las tardes (remunerada por el Estado); y 4 horas de trabajo productivo en las tardes para los hombres (remunerada por la empresa privada o pública) y 4 horas de trabajo reproductivo para el cuidado de niños, del planeta, de las personas en general en la mañanas para los hombres (remunerada por el estado), o vice-versa. Así equilibramos los tiempos de cuidado y los tiempo de trabajo, y también equilibramos las horas de cuidado entre hombres y mujeres, y la empresa privada quedan con las 8 horas de trabajo que requieren de los y las trabajadores.
    Jornadas laborales más cortas de trabajo productivo bajaría el estrés de los padres y madres.
    Tendríamos posiblemente el 75% del salario que hoy tenemos cuando hombre y mujer trabajan, tendríamos que ahorrar mas y consumir menos, lo que ayudaría al platera.
    Los que no tienen hijos, podrían tener jornadas de hasta 6 horas, pero por los menos 2 horas al día de trabajo de cuidados, pues el planeta necesita de todos y todas.
    Estado asegura 100% de empleabilidad de la ciudadanía y regula la empresa privada para no explotar los y las trabajadoras.
    Poner el cuidado del niños y niñas en función de la economía y de los proyectos adultocéntricos es una postura patriarcal, y un camino hacia la deshumanización.

    • Maria Caridad Araujo
      Responder

      Hola Anna, gracias por leernos y por compartir tu interesante propuesta sobre una organización social más balanceada en el tiempo, el trabajo y las responsabilidades familiares.

  • Ia
    Responder

    Me parece excelente que se hable del tema. No estoy de acuerdo en que se piense que los niños deben ser cuidados por alguien más. Si queremos una mejor sociedad debemos apostar por el desarrollo de los niños y en gran parte, éste se da por el cuidado de los padres.

    • Maria Caridad Araujo
      Responder

      Hola Ia, gracias por leernos y por tu comentario. El tema que mencionas es uno que merece mucho diálogo. Yo pienso que el cuidado de los niños no solo es tarea de la familia, sino de toda la sociedad.

      Saludos, ojalá nos sigas leyendo y compartiendo tus opiniones.

  • Marcelo Ber
    Responder

    Hola, me leí el libro en el almuerzo desde el kindle, súper interesante y útil para mi trabajo en la oficina regional de UNICEF para Latam. Fácil de leer y con muchos gráficos relevantes!

    Tienen sugerencias respecto a dónde leer más sobre el rol del sector del sector privado (a nivel global o en Latam) en la provisión/ subsidio a servicios de cuidado infantil para sus empleadxs?

    • Maria Caridad Araujo
      Responder

      Esimado Marcelo, me alegra escuchar que te haya gustado el libro. Me parece que hay experiencias muy interesantes de colaboración público privada en Colombia. Por ejemplo, en la región te recomiendo la experiencia de aeioTU y la Fundación Carulla. Aunque no la conozco de primera mano, he escuchado que en USA, Google ha hecho cosas interesantes en términos de la calidad de los servicios para sus empleados. Saludos.

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  • […] a) Políticas que les permiten tiempo (en cantidad y calidad) a papás y mamás para interactuar con sus infantes durante los 1000 primeros días (ej. licencias de paternidad y maternidad, trabajos con horarios y lugares flexibles, etc.). […]

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