por Raquel Bernal.    

Sabemos que los niños deben ser atendidos de manera integral, es decir, deben recibir servicios de salud, educación, nutrición y protección social en simultáneo, y que para lograrlo se requieren intervenciones de múltiples disciplinas ubicadas en diferentes sectores del gobierno. Pero la experiencia indica que los ministerios “integrados” que agrupan múltiples sectores con el objetivo de atender la primera infancia han carecido de legitimidad y han tenido una vida corta. Esto ha sucedido en países tan diversos como Venezuela, Sri Lanka y Tanzania. ¿Qué hacemos ante esta ambigüedad?

La integración y coordinación de servicios a través de múltiples sectores implica algunas dificultades pero también puede traducirse en importantes ventajas que favorecen a los niños y niñas. Este fue el tema en discusión durante el foro de “Investing in Young Children Globally” (iYCG) en Hong Kong en marzo de este año organizado por el Instituto Nacional de Medicina de Estados Unidos.

Los argumentos a favor de la integración de servicios están relacionados con dos puntos que fueron enfatizados por Jans van Ravens. El primero es la posibilidad de sinergias. En breve, si dos o más componentes de atención (por ejemplo, nutrición y educación inicial) están integrados en la misma intervención entonces el niño o niña se podrá beneficiar más del programa. El segundo argumento habla del potencial de atraer un mayor número de beneficiarios si la intervención tiene varios componentes y valores agregados. Por ejemplo, si un programa de educación inicial también ofrece alimentación entonces los padres tendrán más razones para enviar a los niños.

Van Ravens relata, sin embargo, que los argumentos carecen de suficiente solidez en ambos casos. En el primero, la evidencia proviene de experimentos sociales controlados en los que un grupo experimental recibe, por ejemplo, el programa de educación, otro grupo recibe el componente nutricional, un tercer grupo recibe de manera integrada en el mismo programa ambos componentes y un último grupo permanece como control. En este caso, si el tercer grupo que recibe ambos componentes obtiene mejores resultados se concluye que la integración de servicios es buena. Sin embargo, no sabemos qué habría sucedido si los dos componentes se ofrecen separadamente por dos diferentes sectores coordinados y no de manera integrada. Es decir, no hay evidencia científica que indique que la integración completa es superior a la coordinación entre sectores.

Por otra parte, van Ravens plantea que es posible que al integrar servicios, el grupo de beneficiarios de la intervención completa sea un subconjunto (posiblemente mucho más pequeño) del grupo de beneficiarios de los programas individuales. Esto puede ocurrir por temas de elegibilidad, focalización o diseño.

La integración de servicios es institucionalmente difícil por los temas de planeación, financiación y la implementación de trabajo multisectorial. La pregunta es hasta qué punto sería suficiente coordinar entre sectores sin tener que llegar a la integración completa. Por ejemplo, los ministerios no quieren perder control de sus objetivos, logros y presupuestos. Si una parte importante de lo que hacen depende de decisiones de otras instancias entonces se puede perder la voluntad del trabajo intersectorial.

Mi lectura de las diferentes ponencias durante el foro es que hay tres componentes fundamentales para lograr mejor coordinación nacional y mayor integración subnacional en el área de desarrollo infantil temprano:

  1. Sistemas de información niño a niño: Son indispensables para encontrar e identificar a los niños beneficiarios, para focalizar las políticas apropiadamente, para hacer las remisiones apropiadas entre los diferentes sectores encargados de atender al niño, para facilitar un diagnóstico pertinente de la situación de los niños, para hacer seguimiento del sistema completo y evitar las duplicaciones de servicios y gastos, y para hacer evaluación o al menos monitoreo de la gestión que permita el mejoramiento continuo del servicio.
  2. Planeación participativa de las políticas: La coordinación e integralidad debe hacerse de manera participativa. Es decir, todos los actores deben consensuar los planes y objetivos, y las estrategias de coordinación. Si esto ocurre con la imposición de un sector sobre los otros, no va a funcionar.
  3. Transferencia y generación de conocimiento: Esto implica mayor investigación en las áreas de planeación e implementación de programas integrales de primera infancia, mayor disponibilidad de asesores y analistas bien entrenados y con experiencia en desarrollo de políticas, y mejores programas universitarios y programas de entrenamiento en las áreas de planeación y gestión de políticas de primera infancia que faciliten una fuerza laboral más capaz de comunicarse y trabajar a través de sectores.

Al leer estos tres puntos, ¿reconoces experiencias en tu comunidad que sean ejemplos de integración para servir a los más pequeños? Compartelas con nosotros en la sección de comentarios abajo o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Raquel Bernal es Directora del Centro de Estudios de Desarrollo Económico de la Universidad de los Andes.

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Showing 3 comments
  • ALCIBIADES BATISTA GONZALEZ
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    Muy interesante el artículo; pero me parece que deja algo importante por fuera de las consideraciones. La planeación participativa de las políticas, no debe ser solo con los diferentes sectores que deben coordinar las acciones; es necesario que participen los líderes de las comunidades. Las estrategias deben ser social y culturalmente aceptables.

    Aun en países pequeños que no poseen una población muy numerosa, como Panamá, es notable como se requieren ajustes para implementar la misma estrategia, entre poblaciones que apenas distan 20 kilómetros una de la otra. Puede haber diferencias importantes en la percepción y aceptación de los programas.

    Entonces, pareciera que el mejor camino es la coordinación, para que ningún sector sienta que está “perdiendo terreno” ante otro. Pero esa coordinación requiere ser lo suficientemente flexible para ajustarse a las diferentes realidades y contextos en los que se implementarán las estrategias. Incluso la escala de prioridades en los objetivos, puede variar de una comunidad a otra.

    Debemos procurar la participación activa de las comunidades, a través de sus actores sociales clave. A final de cuentas, estamos hablando de los derechos de la niñez, y esto está muy relacionado al enfoque de individuo-familia-comunidad.

  • NORBERTHA HERNANDEZ PRIOR
    Responder

    MUY INTERESANTE EL ARTICULO, LOS SECTORES Y LOS LIDERES PUEDEN EN COORDINACIÓN CON LA COMUNIDAD APORTAR MAS SUGERENCIAS A DESARROLLAR. ESTA MUY BIEN REDACTADO EL ARTICULO Y ME APORTA INFORMACIÓN IMPORTANTE.

  • Isabel Revollo
    Responder

    Interresante artículo, pero realmentehace falta generar procesos de concienciacion y sensibilizacion en las comunidades ya que para ellas si no hay insentivos (siempre esperan que se les de algo) no asisten, no participan y por ende, no se enteran de las oportunidades que tienen cuando hay este tipo de programas que especialmente va a beneficiar a sus niños y niñas pequeños.

    Por ello, se tiene que buscar que estos programas sean sociabilizados principalmente con esta poblacion, usando diferentes mecanismos y hacerlos concientes de sus derechos y, principalmente, de los derechos de su niñez.

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