por Marta Rubio Codina.           

El trabajo pionero de Sally Grantham-McGregor con sus colegas en Jamaica y los impresionantes resultados del llamado Estudio de Jamaica involucró a 129 niños pequeños con desnutrición crónica y a 32 niños sin desnutrición crónica de hogares pobres en Kingston. Investigaciones recientes han demostrado que las mejorías de corto plazo en el Coeficiente Intelectual encontradas luego de dos años de intervención han sido sostenibles en el tiempo y se han traducido en ¡mejores resultados educativos y en un incremento del 25% en salarios veinte años después!

Para poner este estudio en contexto y como muchos han discutido en este y otros blogs, la idea innovadora fue hacer visitas domiciliarias de personal capacitado en salud a los hogares de los niños en el grupo de tratamiento, durante una hora cada semana para enseñar a las madres cómo desarrollar prácticas de crianza sensibles y promover el desarrollo infantil a través del juego, la conversación y el elogio ante sus logros e intentos. Un grupo de niños recibieron también un suplemento nutricional.

En una entrevista reciente, Grantham-McGregor afrontó la temida pregunta de si el modelo de Jamaica era la respuesta para mejorar el desarrollo infantil a nivel global. Ella comentó con optimismo sobre algunas réplicas exitosas del modelo en países tan diferentes como Bangladesh y Colombia. No obstante, señaló una grave limitación: hasta la fecha, no sabemos si serán sostenibles en el largo plazo los impactos positivos en el desarrollo infantil de estas experiencias incipientes que replican el modelo de Jamaica a una escala mayor en entornos tan diferentes, con niños expuestos a distintos niveles de pobreza y desnutrición.

Dado esto, ¿cuáles son, entonces, los ingredientes activos para la sostenibilidad de las intervenciones de estimulación temprana? ¿Qué garantiza su sostenibilidad cuando son implementadas a gran escala? En efecto, para que una solución sea global, necesita ser viable a una escala realmente grande. Esto significa alcanzar más, de una manera suficientemente costo-eficiente.

Grantham-McGregor mencionó algunos de estos elementos clave:

  • Adaptar o “traducir” la intervención a la realidad del país: redibujar las ilustraciones de modo que reflejen el entorno de los niños y sus familias; utilizar materiales locales para fabricar juguetes; introducir juegos y canciones locales; tomar en consideración las rutinas y estructura familiares, entre otros.
  • Ofrecer atención a través de servicios de protección social y de salud ya existentes en la comunidad, posiblemente a través de otras madres y mujeres de la comunidad, provenientes del mismo entorno que las mamás beneficiarias.
  • Asegurar el acceso a los servicios (de calidad) de prescolar y educación infantil, una vez concluida la intervención.

La implementación de estos “ingredientes” conjuntamente permite que las familias adopten prácticas de crianza sensibles a las necesidades de los niños y eventualmente, incluso, modifiquen su propio proceder de modo permanente, lo que puede tener impactos entre y a través de varias generaciones. Esto también contribuye a que las familias (¡y las comunidades!) se apropien de la intervención aumentando así las probabilidades de impacto a escala y sostenibilidad. Sin embargo, es crucial mantener la calidad y fidelidad de la intervención en la implementación de estas acciones. Esto, sin duda, constituye el principal desafío que deberán afrontar los investigadores, profesionales y gobiernos del mundo que invierten en los programas de estimulación infantil temprana.

Tras muchos años en el olvido, este tipo de intervenciones están hoy en boga y es responsabilidad de quienes trabajamos en ellas mantener su calidad e implementarlas de forma tal que se aproveche todo el potencial que han demostrado tener científicamente. No podemos permitir que pierdan vigencia. Debemos prestar atención a su implementación—asegurando que el personal que está a cargo de estas intervenciones cuente con la capacitación y mentoría adecuadas a lo largo del período de intervención; que esté comprometido con lo que hace y que disfrute de ello, manteniendo así comprometidas en este empeño a las familias y a los niños. Arriesgar la calidad, no debe ser una opción.

Debemos también comprender qué está sucediendo al implementar estas intervenciones. Es importante medir rigurosamente los resultados finales e intermedios para identificar, con credibilidad, los impactos y los mecanismos. E igualmente importante, evaluar los procesos de implementación para entender lo que funcionó y lo que no funcionó, con el fin de continuar avanzando en el mejoramiento de la intervención y, eventualmente, lograr impactos a escala sostenibles.

¿Hay en tu país programas para la primera infancia que pueden servir como modelos debido a su éxito? Déjanos saber en la sección de comentarios que aparece abajo o en Twitter.

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Marta Rubio Codina es consultora en la División de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo y Economista Senior en el Institute for Fiscal Studies en Londres. Es coinvestigadora en varios proyectos que promueven el desarrollo infantil temprano (DIT) en Colombia, India y Perú y ha hecho investigaciones enfocadas en la medición del DIT y las brechas socioeconómicas existentes.

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Showing 3 comments
  • manuel de jesus jose
    Responder

    este experimento deben replicarlo en haiti

  • Maclovio
    Responder

    ¿Hay en tu país programas para la primera infancia que pueden servir como modelos debido a su éxito?
    Sí, en Perú venimos impulsando un Programa Integral de Educación Temprada dirigido a menores de 0 a 2 años de edad. Este programa es piloto y se viene trabajando de manera articulada entre el sector educación, salud, protección y gobierno local.

  • Janett Castillo Nicaragua
    Responder

    ¿Hay en tu país programas para la primera infancia que pueden servir como modelos debido a su éxito?

    Sí, en Nicaragua, el Movimiento Comunal de Matagalpa ejecuta con el Apoyo de Asociación Finlandia Nicaragua, el Proyecto Promoción al Desarrollo Infantil Temprano, integrando a la familia, a las actividades de estimulacion temprana, promocion de Circulos de Estimulacion Temprana Circulos de juegos, el juego es la mejor manera de aprender y desarrollo integral de la niñez.

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