Tengo dos hijas de cuatro y seis años. Los amigos que me conocen bien saben que, en su crianza, he sido una activista de la lactancia. Con mucho esfuerzo y entusiasmo, seguí al pie de la letra la recomendación de la Organización Mundial de la Salud de alimentarlas únicamente con mi leche hasta los 6 meses de vida. Después de esa edad, introduje gradualmente alimentos complementarios pero seguí dándoles pecho hasta pasados los dos años. Hoy quiero compartir algunas reflexiones bastante personales sobre cuáles fueron los factores claves para el éxito de mi experiencia de mamá lactante.

Armonía y dedicación el primer mes y medio. Las primeras seis semanas de vida de un niño (o las seis semanas posteriores al parto) son un periodo clave para el éxito de la lactancia materna exclusiva. Biológicamente, es durante este período cuando el bebé y la madre establecen el nivel de producción de leche que el bebé requiere para su subsistencia. La cantidad de leche que un bebé consume a las seis semanas de vida es la misma que requerirá hasta los seis meses. Es hasta las seis semanas que las hormonas de la madre lactante le permiten aumentar su producción. De ahí que esas seis semanas son fundamentales para establecer la lactancia. Esto requiere primero, que la madre y el bebé dispongan de buena salud, de descanso y que la madre se alimente bien en ese periodo. Pero además, establecer la lactancia requiere que la madre y el niño tengan mucho tiempo para estar juntos y que la madre se encuentre lista para dar el pecho cuando el niño lo requiera. Hay que aceptar que el niño a veces quiere lactar no porque tiene hambre sino porque está aburrido, triste, cansado o sencillamente porque quiere sentir la cercanía del cuerpo de su madre o porque la acción de succionar le relaja. Estar dispuesta a ofrecer el pecho -incluso cuando la madre siente que ya no queda leche- permite estimular y establecer la producción necesaria para sostener la lactancia exclusiva durante los primeros seis meses de vida.

Información. La ciencia ha documentado que los bebés nacen sabiendo lactar. Pero las madres no tienen ese mismo instinto. Aprender a dar de lactar requiere de información y del apoyo de profesionales que conocen las mejores técnicas para superar los desafíos que siempre se presentan al inicio: encontrar una posición cómoda para la madre y el niño; asegurar que al prenderse el bebé del seno, no produzca dolor a la madre; regular la producción de leche durante el día y la noche; establecer un ritmo de lactancia que permita a madre e hijo obtener el descanso que sus cuerpos requieren; reconocer una obstrucción de ductos o una mastitis… por nombrar solo algunos.

Tecnología. La lactancia materna exclusiva es una tarea cuyo peso recae desproporcionadamente en las madres. Por fortuna, la tecnología permite que otros miembros de la familia participen de ella. Mientras que la madre es la única responsable por la producción de leche, los extractores ayudan no solo a estimular la producción pero también a que otras personas puedan alimentar al niño mientras la madre descansa o se encarga de otras tareas. La leche materna se mantiene maravillosamente bien en la congeladora y puede durar mucho tiempo sin perder sus propiedades.

Apoyo. La lactancia materna exclusiva requiere de una red de apoyo. En el círculo íntimo del hogar, es indispensable contar con el apoyo de otros miembros de la familia que valoren y respeten el enorme esfuerzo que ésta demanda de la madre. Pero también es clave que la comunidad sea parte de esa red de apoyo. Por ejemplo, la comunidad puede tener un rol determinante al aceptar con naturalidad la lactancia y no poner barreras para que las madres puedan alimentar a sus hijos en público. O como comentaba hace poco Florencia en este blog, es clave contar con las facilidades necesarias en el lugar de empleo para que las madres que se incorporan a trabajar tras el nacimiento de sus hijos puedan mantener su producción de leche.

Objetivamente, he sido muy afortunada de contar con el tiempo, las circunstancias, las facilidades y el apoyo para dar de lactar a mis hijas, sin embargo la tarea no fue fácil. Por esa razón, a partir de mi propia experiencia, me pregunto cómo podemos pedir a tantos miles de mujeres que no cuentan con todos estos privilegios el mismo nivel de compromiso y dedicación para la buena nutrición de sus hijos. Por ejemplo, no me puedo imaginar cómo una madre sola, con poca educación, varios hijos a su cargo, y sin licencia de maternidad logra establecer su producción de leche durante las seis primeras semanas de vida y mantenerla hasta los seis meses de su niño. Mi impresión es que si, como sociedad, hemos decidido que la lactancia materna es un factor protector clave del desarrollo durante la primera infancia (como lo sugieren los expertos), entonces necesitamos repensar seriamente las circunstancias y facilidades con que cuentan las madres para lograrla y volcar intervenciones y acciones de apoyo dirigidas hacia los grupos más vulnerables.

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