A menor informalidad, menor desigualdad

Entre los aspectos negativos de la informalidad en América Latina se incluye su relación con la desigualdad.

Trabajar en el sector informal, como lo hacen aproximadamente la mitad de los latinoamericanos, quiere decir trabajar en la sombra. A menudo implica trabajar para empresas que no están registradas legalmente, que no pagan impuestos ni cumplen las regulaciones laborales. Significa también verse privado de seguridad social y de pensiones contributivas. Y generalmente significa tener un progreso laboral limitado, puesto que la mayoría de las empresas que emplean a trabajadores informales hacen poco o nada para capacitar su fuerza laboral. Por estos y otros motivos, hace tiempo que los economistas han descrito la informalidad laboral como una de las grandes lacras de América Latina.

Trabajar en el sector formal paga más 

La informalidad también está estrechamente asociada con otra característica endémica de los mercados laborales en América Latina, a saber, los altos niveles de desigualdad. En un libro publicado recientemente, La desigualdad salarial en América Latina, (disponible en inglés), Joana Silva y yo analizamos el fenómeno. Mostramos cómo la disminución de la informalidad influyó en la notable disminución de la desigualdad que se produjo entre comienzos de la década del 2000 y 2012, cuando la desigualdad salarial disminuyó en 16 de los 17 países que estudiamos.

¿Cómo contribuye la informalidad a la desigualdad? Para empezar, los trabajadores en el sector informal ganan considerablemente menos que sus pares con niveles similares de habilidades (educación y experiencia en el mercado laboral) en el sector formal, donde las protecciones del salario mínimo y los sindicatos tienen más peso.

Para demostrar esto, dividimos a los trabajadores en grupos de habilidades definidos por todas las edades posibles (15-65 años) y ocho niveles educativos (un total de 408 casillas edad/educación) en varios países de América Latina, y comparamos el salario promedio de cada casilla en el sector formal e informal. Si los salarios para cada grupo fueran iguales en los dos sectores, observaríamos que los puntos trazan una línea de 45 grados. El gráfico 1 señala claramente un mayor salario para aquellos trabajadores que pertenecen al sector formal en la gran mayoría de las casillas, es decir, los puntos de los datos se sitúan por encima de la línea de 45 grados. Si bien no podemos descartar que estas diferencias salariales se deban a diferencias de habilidades más allá de la educación y la edad, las brechas salariales del sector formal/informal son generalizadas.

 

 

El gráfico 1 también revela un hecho menos conocido. La brecha salarial entre el sector informal y el formal es mayor entre los trabajadores poco cualificados que en los altamente cualificados. Detrás de este hecho es probable que influyan una combinación de factores, entre ellos el mayor impacto en el sector formal de los salarios mínimos en el aumento de la remuneración de los empleos de baja cualificación con respecto a los empleos altamente cualificados. Sin embargo, cualesquiera sean los motivos concretos, cuando observamos estos dos hechos juntos llegamos a la conclusión de que las reducciones generalizadas de la informalidad previsiblemente limitarán la desigualdad en dos dimensiones, a saber, entre los trabajadores con habilidades similares y entre los diferentes niveles de habilidades.

La reducción en la informalidad redujo la desigualdad 

Entre 2002 y 2012, la informalidad disminuyó debido a un crecimiento sostenido sin precedentes y a una mayor vigilancia del cumplimiento de las normas laborales. Disminuyó en más de 10 puntos porcentuales en Brasil, Perú y Uruguay; en 7-8 puntos porcentuales en Argentina, Bolivia y Chile; y en 2 puntos porcentuales en México. Todos los demás países también experimentaron algún grado de reducción de la informalidad.

En el libro, describimos tres canales a través de los cuales esta disminución de la informalidad influyó en la desigualdad. Los dos primeros ya han sido mencionados. Una menor informalidad significaba un salario más equitativo entre los trabajadores con niveles similares de habilidades y una disminución de la brecha salarial entre trabajadores altamente cualificados y poco cualificados. Además, la combinación de niveles crecientes de educación y una fuerte demanda de la mano de obra de baja cualificación que documentamos en el libro, implicó que durante la década del 2000 la reducción de la informalidad se concentró en gran parte entre los trabajadores poco cualificados (gráfico 2). Como hemos visto, estos trabajadores estaban más desfavorecidos en términos salariales con respecto a los trabajadores formales con habilidades similares. Por lo tanto, la formalización creciente de los trabajadores poco cualificados constituyó un tercer factor que disminuyó la desigualdad. Al observar el conjunto de estos factores, el análisis de nuestro libro sugiere que la disminución de la informalidad contribuyó a reducciones considerables de la desigualdad en Argentina, Brasil y Perú. Jugó un rol similar en Bolivia, Chile y Uruguay, aunque en menor medida.

 

 

Actualmente, debido al escaso crecimiento en la región, algunos trabajadores que lograron salir del sector informal podrían verse obligados a volver al mismo. Esto sería desafortunado, y no sólo debido a la pérdida de la red de protección de seguridad social que significa un empleo en el sector formal. La formalidad también contribuye a la igualdad y, a su vez, la igualdad promueve un sentido de justicia y cohesión social. Se trata de valores que merece la pena mantener, y a los responsables de las políticas públicas competerá decidir cuál es la mejor manera de conseguirlo.

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El Autor

Julián Messina

Julián Messina

Julián Messina es actualmente economista investigador del Departamento de Investigación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Antes de unirse al BID, trabajó en el Banco Mundial y el Banco Central Europeo. Fue profesor en las Universidades de Barcelona GSE, Georgetown, Girona, Frankfurt y Mainz. Sus proyectos de investigación incluyen la economía del trabajo, la macroeconomía aplicada y la economía de la educación. Es autor de tres libros, incluyendo dos de los informes más importantes sobre América Latina del Banco Mundial. Su trabajo ha sido publicado en revistas académicas el American Economic Journal: Macroeconomics, Journal of Economic Perspectives, Economic Journal, Journal of the European Economic Association y Labour Economics. Frecuentemente aparece en blogs populares y medios de comunicación, incluyendo The Economist. Tiene altos niveles de experiencia en asesoría a gobiernos en América Latina, Europa y Asia. En 2002 Dr. Messina obtuvo un PhD del Instituto Universitario Europeo.

4 Comments

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  1. Excelente resumen gracias por compartirlo. Considero que el reto está en el punto de brindar seguridad social a aquellas personas que se encuentran mas vulnerables como son las trabajadoras. Pienso que el tema esta en como hacer para instalar una cultura de seguridad social en esta población que se encuentra en mayor vulnerabilidad.
    Muchas gracias

  2. Es impostergable balancear la capacidad de recursos de todo tipo, financieros y naturales sobre todo, para generar opciones de trabajo. El grado educativo y de destrezas debe diversificarse hacia horizontes más creativos, el sector servicios debería ser impulsado, dada la disposición cada vez mayor de las tecnologías. El acceso a créditos blandos y semilla a sectores de emprendedores no debería ser la cenicienta de las carteras de los bancos y depender de los programas sociales. La identificación de oportunidades de negocios creativos y hacia mercados emergentes con pequeños exportadores sería un caudal de empleo. Hay ” camisas de fuerza “, en las políticas educativas y productivas que deben desaparecer !

  3. alecubides@gmail.com

    Se podría pensar en legalizar a todos los vendedores ambulantes, desde los productos que venden, caso Bogotá?

  4. Sergio Sierra Romero

    Muy interesante las conclusiones que nos expone el Dr. Messina. Ahora como hace muchos años el gran reto es impulsar políticas públicas que logren un proceso sustentable de promoción de las unidades económicas formales, ya sean empresas privadas como sociales, así como emprendimientos individuales, como medio para generar empleos sustentable y de calidad. No basta el crecimiento económico, como lo apunta J. Rifkin en su magnifico libro El fin del trabajo, en el destaca el impacto de la tecnología sobre la creación de empleos (jobless growth) y que nos recuerda la ley general de la acumulación capitalista de C. Marx.

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