Poniéndose al día con las habilidades para el mercado laboral

La mayoría de los jóvenes que ingresarán en el mercado laboral este año en América Latina y el Caribe se enfrentan a un difícil camino por delante. Si logran conseguir un empleo, no tendrán un trabajo en lo que se conoce como el sector formal, que consiste en empresas bien establecidas que respetan las leyes laborales y proporcionan beneficios. En su lugar, lo más probable es que estos jóvenes ingresen en la economía informal, ya sea trabajando para sí mismos o para empresas muy pequeñas, lo cual significa que probablemente no tendrán protección laboral. También tendrán menos estabilidad en el empleo. Y tendrán oportunidades limitadas a lo largo de sus carreras para acumular habilidades y ver crecer sostenidamente sus ingresos.

Esto es completamente insatisfactorio para los individuos que quieren realizarse profesionalmente o para las empresas que quieren aumentar su productividad y su crecimiento. Sin embargo, se trata de una situación en que América Latina y el Caribe ha estado estancada desde hace mucho tiempo. Con tantos jóvenes que ingresan en el mercado laboral con bajos niveles de habilidad y con más de la mitad de la fuerza laboral de la región trabajando en la economía informal, la región no está explotando su potencial.

Los gobiernos deben procurar formalizar sus economías. Sin embargo, como exponemos claramente en nuestro próximo informe insignia, Aprender mejor: Políticas públicas para el desarrollo de habilidades, también deben centrarse en desarrollar habilidades desde los primeros años de los niños en el hogar y a lo largo de la educación primaria, secundaria y terciaria. Los gobiernos y el sector privado pueden contribuir en gran medida a ayudar a los jóvenes, e incluso a las personas mayores, que intentan ponerse al día con las habilidades intelectuales y socioemocionales necesarias, adquirir algunas de esas habilidades e ingresar en la economía formal.

En Europa, por ejemplo, países como Alemania, Austria y Suiza utilizan desde hace tiempo un sistema de seguimiento doble para los jóvenes de 15 y 16 años que han terminado sus años de educación obligatoria pero no pueden o no quieren seguir a la Universidad. Cofinanciados por los gobiernos y el sector privado, estos programas normalmente combinan cierta formación en un instituto de formación profesional con programas de aprendizaje de uno a tres años, donde los jóvenes pueden aprender un oficio, desarrollar habilidades tecnológicas y de otro tipo y comenzar a ganar un salario. Es importante señalar que los participantes también adquirirán las habilidades socioemocionales cruciales de solución de problemas y de trabajo en equipo, que a menudo no son lo suficientemente apreciadas. Al final, normalmente serán contratados después de terminar el aprendizaje y empezar una profesión donde continuarán acumulando nueva experiencia y verán crecer sus ingresos.

Desafortunadamente, en América Latina y el Caribe estas iniciativas están subdesarrolladas. Colombia, Chile y México tienen algún tipo de programa de aprendizaje; Brasil incluso tiene una ley que exige a las empresas crear esos programas. Sin embargo, los programas de aprendizaje en estos países suelen carecer de una o más características cruciales que los hace exitosos en Europa, a saber, un plan de aprendizaje estructurado que define exactamente qué competencias adquirirán los alumnos; un sistema de verificación que certifique la adquisición de esas competencias; y un contrato que defina los derechos y responsabilidades del aprendiz. Por lo tanto, suelen ser menos efectivos de lo que podrían ser.

Esto quizá sea comprensible. En las empresas pequeñas y medianas predominantes en América Latina y el Caribe, puede que no existan los departamentos de recursos humanos. Si existen, puede que no tengan los recursos para elaborar planes de aprendizaje y destinar un tiempo para que los empleados trabajen como capacitadores en un programa de aprendizaje. Es ahí donde el apoyo del gobierno puede ser útil y las empresas pueden beneficiarse. La experiencia de Europa muestra que un gran porcentaje de las empresas recuperan sus inversiones sólo seis meses después, a medida que los aprendices se vuelven cada vez más productivos, una indicación de que los programas de aprendizaje pueden orientar a las personas al mercado laboral y contribuir a las empresas que las emplean.

Hay que reconocer que varios países de América Latina y el Caribe han introducido programas que son de más corto plazo que los programas de aprendizaje y están destinados a alumnos con un menor nivel de educación y de habilidades. Estos programas, que suelen ser para alumnos que ni siquiera poseen un título de educación secundaria, normalmente requieren de tres a seis meses de formación en habilidades técnicas y socioemocionales con una breve pasantía, todo apoyado por el gobierno mediante subsidios del salario y estipendios diarios. Puede que estas iniciativas sólo tengan escaso efecto para realmente ayudar a los participantes a encontrar trabajo, e incluso entonces, sólo para empezar. Sin embargo, son baratos y cuestan menos de USD800 por beneficiario. Y en las evaluaciones de dos de estos programas, Jóvenes en Acción, en Colombia y Juventud y Empleo, en República Dominicana, los jóvenes que participan tienen mejores empleos entre 6 y 10 años después de completarlos que los jóvenes con habilidades similares que no siguieron los programas.

Después de los 27 años, menos del 20% de los hombres y el 10% de las mujeres en la región trabajan en el sector formal. Un alto porcentaje permanece fuera del empleo formal durante el resto de sus vidas. Lo ideal es mejorar la crianza y educación de los niños de modo que los jóvenes lleguen al mercado laboral con más habilidades y no se enfrenten a esa situación. Entretanto, como señala nuestro próximo informe insignia, los gobiernos y el sector privado todavía pueden hacer mucho para ayudar a aquellos que se han quedado rezagados, a los jóvenes y no tan jóvenes. Los programas de corto plazo, como los de Colombia y República Dominicana, y los programas de aprendizaje como los que existen en Europa, pueden contribuir a zanjar la brecha, a alejar a las personas del sector informal y prepararlas para empleos más lucrativos, satisfactorios y productivos.

Print Friendly, PDF & Email

El Autor

Laura Ripani

Laura Ripani

El Autor

Oscar Mitnik

Oscar Mitnik

Oscar Mitnik es Economista Principal en la Oficina de Planificación Estratégica y Efectividad en el Desarrollo (SPD) del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Entre sus posiciones previas fue Economista Financiero Senior en la Federal Deposit Insurance Corporation, y Profesor Asistente en la Universidad de Miami. Sus áreas de investigación son los determinantes y efectos de políticas sociales públicas tanto en países en desarrollo, como en países desarrollados, y métodos econométricos de evaluación de impacto. Sus publicaciones se han centrado en programas orientados a individuos de bajos ingresos, analizando sus impactos en participación laboral y salud, y efectos inter-generacionales. También ha investigado sobre factores de economía política que determinan las políticas públicas, sobre políticas de personal, y aspectos econométricos relacionados a pruebas de estrés de instituciones financieras. Como parte de su trabajo en el BID ha trabajado en la evaluación de impacto de políticas activas para el mercado laboral, programas de crédito para pequeñas y medianas empresas, e intervenciones en el área de transporte. Tiene un doctorado en economía de la Universidad de California, Los Angeles (UCLA).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ideas que cuentan © 2016