¿Por qué ahorramos?

cochinito¿Por qué ahorramos? Esta sencilla pregunta ha ocupado a economistas por décadas; en términos generales la respuesta es igualmente sencilla: las personas buscan estabilizar su  consumo reservando parte su ingreso corriente para atender contingencias futuras. El concepto de ahorro no es nuevo; incluso existe evidencia de que en la antigüedad, los agricultores acostumbraban almacenar cierta proporción de las cosechas, ante la posibilidad de que los tiempos para la siembra no fueran siempre benévolos.

Hoy en día los instrumentos para el ahorro han evolucionado; sin embargo los motivos para el ahorro no han cambiado. Existen “incentivos precautorios” que llevan a que los agentes privados tiendan a ahorrar con el fin de mitigar inesperadas crisis de ingresos en el futuro.

Ahora bien,  las “crisis de ingresos” son más frecuentes en países que están sujetos a mayor volatilidad macroeconómica. Por ende, uno esperaría observar que –ceteris paribus— en los países que enfrentan mayor riesgo y volatilidad macroeconómica, el ahorro privado debería ser más alto. Sin embargo, este no parece ser el caso. Por ejemplo, se observa que las tasas de ahorro en América Latina y el Caribe son bajas, de hecho, son significativamente más bajas que en el Este de Asia, aun cuando las economías de América Latina son en general más volátiles. Un examen cuidadoso de los datos globales confirma que, en general, existe una correlación negativa entre medidas de volatilidad macroeconómica y tasas de ahorro privado de los países, especialmente en los países en desarrollo.

Una explicación plausible para la desconexión entre la teoría y la evidencia empírica sugiere que el ahorro y el riesgo están conectados de manera más compleja a lo que se asume con frecuencia.

El proyecto de investigación Aizenman et al., (2015) nos proporciona una posible explicación de la desconexión entre la teoría de ahorro precautorio y la evidencia empírica, que se basa en un modelo con una cuenta más amplia para los distintos modos del comportamiento de los agentes privados, en particular en las economías en desarrollo.

Las características comunes de los países en desarrollo son: la falta de perfeccionamiento de los sistemas financieros,  marcos institucionales débiles, alta volatilidad de los agregados macroeconómicos, y una ausencia o poca profundidad de redes de seguridad atenuantes de exposición al riesgo de los hogares.

Estos factores tienen profundas implicaciones para las decisiones de ahorro de los hogares. Por ejemplo, el entorno institucional en el que operan las empresas en los países en desarrollo induce a la informalidad en el mercado laboral. Esta informalidad, junto con una dificultad en el establecimiento de garantías, dificulta el acceso al crédito formal por parte de las empresas. Esto lleva a que los emprendedores que deseen iniciar negocios, o invertir en expandir un negocio existente, deban recurrir al autofinanciamiento, ya que es regularmente la única opción viable a su disposición. De este modo, la decisión de ahorro de la familia queda íntimamente vinculada a la decisión de inversión de una empresa familiar. Esto no necesariamente aparece reflejado como ahorro de los hogares en las cuentas nacionales, aun cuando lo es desde el punto de vista conceptual.

En el trabajo se presenta un modelo que permite reconciliar la teoría con la evidencia empírica. El mensaje central es que la interrelación entre el ahorro precautorio en sentido amplio, el riesgo global y la incertidumbre, resulta ser mucho más complicada de lo que se supone con frecuencia. Si bien el ahorro no es nada nuevo y está presente desde la antigüedad, América Latina y el Caribe muestran que la concordancia entre incentivos para el ahorro precautorio y las características propias del sistema financiero, institucionales, y el contexto macroeconómico global arrojan conexiones ciertamente complejas.

Este es un tema que estamos abocados a estudiar en profundidad en el BID, y que será el foco de una próxima edición de la publicación insignia “Desarrollo en las Américas” (DIA)… ¡A estar atentos!

Por @eduardocavallo

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El Autor

Eduardo Cavallo

Eduardo Cavallo

Eduardo Cavallo es actualmente economista investigador del Departamento de Investigación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Washington DC. Antes de reincorporarse al BID, Eduardo era vicepresidente y economista principal para América Latina de Goldman Sachs en Nueva York. Eduardo estuvo incorporado al BID como economista de investigación entre 2006 y 2010. Anteriormente, se desempeñó como investigador en el Centro para el Desarrollo Internacional (CID), investigador visitante en el Banco de la Reserva Federal de Atlanta y miembro del cuerpo docente del programa de verano de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy. En Argentina, fue cofundador de la Fundación Grupo Innova. Sus intereses de investigación se centran en los campos de las finanzas internacionales y de la macroeconomía, con énfasis en América Latina. Ha publicado en varias revistas académicas y es coeditor del libro del BID “Dealing with an International Credit Crunch: Policy Responses to Sudden Stops in Latin America” (Lidiar con una restricción del crédito a nivel internacional: políticas de respuesta a paradas súbitas en América Latina). Tiene un doctorado en Políticas Públicas, una maestría en Políticas Públicas de la Universidad de Harvard y una licenciatura en Economía de la Universidad de San Andrés (UdeSA), en Buenos Aires, Argentina.

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  1. Las personas que ahorran tratan de acolchonar un futuro incierto en “un Mundo al azar” erróneamente confiando en instituciones creadas para lucrar con dinero de terceros sin garantía de ni vida eterna ni honesta.
    Hay que repasar el libro de ensayos del filósofo Norteamericano Charles Peirce VALORES EN UNIVERSO AL AZAR.

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