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Por Ralf Moreno. 

Cada año, las enfermedades transmitidas por mosquitos (ETM) matan a más de 1 millón de personas e infectan a más de 700 millones. Además del terrible impacto en la salud, el costo económico derivado de las ETM es  abrumador. Se estima que solo en las Américas el virus del Zika ha significado un gasto de US$ 18 mil millones desde su aparición.

Durante las últimas décadas se han realizado múltiples esfuerzos por controlar la población de mosquitos y frenar la incidencia de ETM, aunque con resultados variables o infructuosos. Por ejemplo, la incidencia mundial del dengue se ha triplicado con respecto a 50 años atrás. Las razones son múltiples: ausencia de programas de control sostenibles, resistencia a los insecticidas, y uso limitado de los mismos debido a su impacto ambiental.

¿Qué soluciones hay?

La respuesta podría describirse con una palabra: innovación. Un ejemplo de esto es un proyecto del Banco Interamericano de Desarrollo junto con el GovLab que, enfocado en el Crowdsourcing, buscó soluciones ágiles para el Zika y otras ETM. Encontraron que, entre otros, el análisis predictivo es una estrategia poderosa para combatir estas enfermedades. Pero quizás una de las alternativas más promisorias para combatirlas es la biotecnología, es decir, tecnología aplicada a seres vivos. Específicamente, hablamos de mosquitos modificados genéticamente.

Aunque hay varias técnicas como la esterilización genética y el gene-drive, la más extendida actualmente consiste en insertar un gen en los mosquitos macho que impide que las larvas lleguen a la adultez. Para mantener vivos a los mosquitos en cautiverio, se les administra una sustancia química que inhibe el crecimiento de este gen. Al liberarlos para que se reproduzcan con hembras silvestres, las larvas resultantes heredan la mutación y mueren, ya que la sustancia que inhibe al gen no existe en el medio ambiente. Este proceso debe repetirse  hasta que la población local de mosquitos se reduzca, evitando así el contagio de ETM.

Cabe recalcar que este gen es específico para el Aedes Aegypti (mosquito que transmite dengue, fiebre amarilla, Zika y Chikungunya) y no produce ningún tipo de toxina, previniendo que se transmita a otras especies o que sea tóxico para los organismos que entran en contacto con el mosquito.

Pruebas piloto en ciudades de Brasil, Islas Caimán y Panamá han reportado una reducción de más del 90% en la población de mosquitos con este método. Lo que aún desconocemos, sin embargo, es el impacto a largo plazo que la reducción de estos mosquitos, que actúan como polinizadores, pudiera tener sobre el ecosistema.

“Cuando los científicos llegaron aquí en 2012 [Tubiacanga, Río de Janeiro], teníamos dudas. Pero luego tuvimos reuniones donde nos explicaron por qué se necesitaba liberar los mosquitos y los residentes aceptamos participar. Ahora estoy orgulloso de ser parte del proyecto”.

Adaptado de “Promising new tools to fight Aedes mosquitoes

Aún más lejos (y más seguro)

Una alternativa a la modificación genética es el control biológico con microorganismos. El ejemplo más extendido es el uso de la bacteria Wolbachia, que al ser inoculada en mosquitos, impide el crecimiento de virus y parásitos que generan enfermedades como el dengue y la malaria.

Una ventaja de usar esta técnica es que los mosquitos infectados transmiten esta bacteria a su descendencia y a mosquitos silvestres, convirtiéndose en un proceso auto-sostenible. Además, esta bacteria es segura en términos ecológicos, pues no infecta a los humanos u otros vertebrados y no extermina a los mosquitos. Hasta ahora, los resultados de laboratorio son prometedores teniendo en cuenta los resultados de algunas pruebas iniciales en Australia, Brasil, Indonesia, Vietnam y Colombia, pero solo el tiempo dirá.

¿Cómo hacer que la tecnología sea una respuesta viable?

Los mosquitos modificados, por sí solos, no pueden ser utilizados como estrategia de salud pública. Primero, es necesario informar propiamente a la población general, a quienes toman decisiones y a las comunidades afectadas sobre el uso de la biotecnología para este propósito. Uno de los grandes retos de las innovaciones biotecnológicas es el miedo o desconfianza que producen, pues muchos desconocen las ventajas y peligros reales asociados a ellas.

La información adecuada es clave para tomar decisiones responsables y con base en evidencia, de acuerdo al contexto y a necesidades locales, y donde se sopesen los posibles riesgos. Si se corroboraran la eficacia y la seguridad de éstas técnicas, y con el apoyo de la opinión pública, podríamos entrar en una era donde las enfermedades transmitidas por mosquitos sean tan solo un mal recuerdo.

¿Te has visto afectado por alguna ETM? ¿Crees que la biotecnología podría ofrecer una solución eficiente y sostenible? Cuéntanos en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Ralf Moreno es consultor en la División de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo. Obtuvo su título de médico en Colombia y posteriormente realizó una maestría en Políticas Globales en Salud en la Universidad de Tokio.

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Comments
  • Luz Elena Luque
    Responder

    Es un trabajo muy acertado, y sabemos que hay epocas que se incrementan los mosquitos, y con ello el riesgo de contraer enfermedades en la poblacion. pienso tambien que la alternativa de solucion debe ser periodica y zonificada en vista de los resultados prometedores pero que el tiempo tiene pendiente su respuesta.

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