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Por Kimberly Josephson y Gabriela Guerrero.

Lucía camina 30 minutos para llegar a un hogar en una comunidad rural de Perú donde es bien recibida por una madre y su hijo. Pregunta cómo van las cosas e indaga en la rutina diaria de la madre —cómo alimenta, baña y lava las manos de su hijo— proporcionándole orientación y retroalimentación cada cierto tiempo. Lo que sigue es el tiempo de juego y ella saca un juguete para la madre y el niño. Mientras el niño lo examina, ella alienta a la madre a conversar con él y preguntarle sobre lo que está haciendo. Luego, cantan juntos una canción o cuentan un cuento. Cuando termina la hora, Lucía se despide de la familia y camina hacia el siguiente hogar.

Ella es uno de los 9.000 trabajadores comunitarios voluntarios, en su mayoría mujeres, que prestan el servicio de visitas domiciliarias de Cuna Más en los distritos rurales más pobres de Perú. Cuna Más, un programa público de desarrollo infantil temprano (DIT) en esta nación sudamericana, maneja centros de cuidado infantil en áreas urbanas y ofrece un servicio de visitas al hogar en comunidades rurales como esta.

Lucía y sus colegas han sido designados por sus comunidades para trabajar con las familias en el fortalecimiento de prácticas de crianza y apoyar el desarrollo integral (cognitivo, del lenguaje, físico y socioemocional) de niños menores de 3 años. A cambio de realizar trabajo voluntario alrededor de 10 horas por semana, las facilitadoras reciben un estipendio mensual de aproximadamente US$ 115 (poco menos de la mitad del salario mínimo mensual que percibe un empleado a tiempo completo).

Los trabajadores del desarrollo infantil temprano son indispensables, pero enfrentan varios desafíos

Sabemos que los niños que tienen acceso a programas de primera infancia de alta calidad llevan vidas más saludables y más productivas. En efecto, las intervenciones que se realizan durante los primeros años están entre las estrategias de mayor impacto y costo-efectivas destinadas a reducir las desigualdades, particularmente entre los niños que viven en la pobreza. Los trabajadores que realizan visitas al hogar, conjuntamente con los cuidadores, maestros de preescolar, trabajadores comunitarios de la salud, enfermeras y muchos otros, están en la primera línea de esos programas de DIT y deben enfrentar muchos desafíos a medida que los programas buscan llegar a más niños y mejorar la calidad de sus servicios.

Una mirada más profunda a Cuna Más —un programa que interesa crecientemente a otros países de ingresos bajos y medios debido a que ha logrado llegar a miles de las familias más pobres y ha demostrado tener efectos promisorios en el desarrollo infantil— revela algunos de los principales desafíos y éxitos que esta fuerza de trabajo experimenta en su labor cotidiana.

Por ejemplo, el programa ha enfrentado dificultades para reclutar y retener a miembros calificados de la fuerza de trabajo, lo que representa una amenaza para sostener la calidad del programa y expandirlo hacia todas las familias vulnerables.

Lo que los trabajadores del DIT tienen que decir

Hablando directamente con las facilitadoras de Cuna Más, responsables de las visitas domiciliarias, para un estudio reciente, descubrimos que aman su trabajo y sienten que su rol marca una diferencia en la vida de los niños y las familias en sus comunidades. Se muestran ávidas de aprender y valoran trabajar estrechamente con sus supervisores, que continuamente las alientan y apoyan.

Pero trabajan el doble de horas a las que se han comprometido (pese a su estatus de voluntarias), ganan apenas dos tercios de lo que perciben sus pares en preescolares no formales y tienen poco espacio para su crecimiento profesional. Mucha de su frustración cotidiana tiene que ver con una escasez crónica de materiales (rompecabezas, libros ilustrados, muñecas y otros juguetes). Así, los propios recursos supuestamente destinados a alentar su trabajo se convierten en una fuente adicional de estrés.

“Damos todo de nosotros para poder ser parte del programa, dedicarnos a los niños pequeños… pero el estipendio que nos dan es muy pequeño”. – Trabajadora de Cuna Más

Los programas y políticas de DIT deben hacer más por su fuerza laboral

Sentirse sobrecargados de trabajo y mal pagados no es en absoluto una realidad exclusiva de Cuna Más, de Perú o de los programas de DIT. Sin embargo, continuamos ignorando y minimizando los desafíos que enfrenta la fuerza laboral para la primera infancia, cuando en realidad constituyen nuestro principal cuello de botella y nuestra mayor oportunidad de mejorar las vidas de los niños pequeños y de las familias. ¿Cuánto sabemos, como comunidad global, acerca de lo que estos trabajadores experimentan cada día y qué necesitan ellos para sentirse más motivados y eficaces en su trabajo?

Hemos recorrido un largo camino en materia de probar que las políticas y programas para la primera infancia pueden conducir a beneficios de largo plazo en salud, educación y otras prestaciones sociales. Pero a menudo nos quedamos cortos en nuestros intentos por comprender y apoyar precisamente a las personas que son clave en la prestación de servicios a los niños y las familias.

Ya sea que se trate de diseñar una política para ampliar el acceso al preescolar, de evaluar el impacto de un programa de cuidado infantil o de lanzar una campaña para alentar a los padres para que les lean a sus hijos, no veremos el progreso al que aspiramos mientras no coloquemos a la fuerza laboral en primer lugar. Eso es precisamente lo que la Early Childhood Workforce Initiative (ECWI), liderada por Results for Development (R4D) y la International Step by Step Association (ISSA), se propone hacer ofreciendo a los responsables nacionales de la toma de decisiones los recursos que necesitan para construir, apoyar y desarrollar una sólida fuerza de trabajo en el área de la primera infancia.

¿Eres parte de la fuerza laboral de la primera infancia? ¿Cuál es tu experiencia? ¿Qué otras estrategias recomendarías para abordar los actuales desafíos? Déjanos saber en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Adaptado del artículo original, publicado en la página web del EWCI. 

Kimberly Josephson es Asociada Principal del programa R4D en el equipo de Educación Global, en las áreas de desarrollo infantil temprano y educación secundaria, particularmente en América Latina y el Caribe.

Gabriela Guerrero es Investigadora Principal de GRADE en las áreas Educación y aprendizajes, Pobreza y equidad y Metodologías de investigación y evaluación de políticas y programas sociales. Sus áreas de especialización son desarrollo infantil temprano, transiciones educativas, educación intercultural bilingüe y eficacia escolar.

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Showing 11 comments
  • Claudia Piras
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    Muy interesante el blog, pero creo que no pone suficiente énfasis en un aspecto central del modelo de Cuna Más: las facilitadoras que trabajan como voluntarias en lugar de tener un contrato y devengar un sueldo en un trabajo formal, como debería ser en cualquier programa social del Estado, son practicamente todas mujeres. Este aspecto, que tiene una dimension de género fundamental, está no solo atentando contra la mejora de la calidad del servicio y su escalabilidad, sino que valida ante la sociedad una visión muy desigual sobre el rol de la mujer. Ojalá otros países interesados en expander los programas de DIT no copien este aspecto de Cuna Más.

  • Eunice Chévez
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    De acuerdo, en Honduras también pasa esta misma situación. Existen varios programas que funcionan con voluntariado, la mayoría de esas voluntarias son mujeres y reciben muy poca paga por el gran y buen trabajo que hacen.

    Otro desafió es la formación académica en el tema de desarrollo infantil.

  • Porhua
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    En un país desarrollado como es el caso del Perú, pasa de todo. Es un abuso equivalente a la explotación del hombre por el hombre. Ya se pueden imaginar nada más y nada menos en el Estado, entidad pública. Qué podemos decir del sector privado, y lo curioso el Estado se queja de la informalidad, todo echa la culpa, cuando para empezar es el propio Estado incurre en estos abusos o atropellos de los derechos del trabajador. Si bien el DIT es un programa “asistencial”, pero laboralmente no deja de ser un abuso.
    Por una parte, 10 horas semanales de labor efectiva viene a ser menos de la cuarta parte de jornada normal, pero la servidora emplea más horas en trasladarse de domicilio en domicilio, sino de barrio en barrio; por tanto, se le deben reconocer por más tiempo.
    Por otra parte, estos hechos ocurren en complicidad de muchísimas autoridades: la defensoría del pueblo, fiscalía de prevención de delitos, el congreso (ente fiscalizador), ministerio de trabajo, etc., etc.
    Finalmente la propia población que se presta a estos triquiñuelas, que de ninguna manera deben se copiados por otros país. Porque sería más vergonzoso.

  • Hjfuentes
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    El programa #Qaliwarma también tiene esas falencias. no se puede pedir a un colaborador que cumpla su trabajo a expensas de sacrificar su salud. las funciones de cada puesto se deben ajustar a la jornada de ley. sería bueno que el personal que tome decisiones en el MIDIS se tome la molestia de acompañar aleatoriamente una vez al mes por lo menos al personal de campo, y ver in-situ si sus exigencias de desempeño están acorde a la jornada laboral que le asignan y la remuneración que reciben. y eso sin tomar en cuenta que el personal de campo está expuesto a las agresiones o extorsiones porque son un medio de control del abastecimiento de alimentos entre los proveedores y los comités de las escuelas, donde en un país como en el Perú lamentablemente a veces suele existir corrupción para saltarse algunos requerimientos en la elaboración de los productos que deben entregar a los niños.

  • Eda Aguilar
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    Uno de los problemas que aún arrastramos en la ejecución de las políticas sociales es considerar que el presupuesto destinado al capital o recurso humano es un gasto “costos o gastos corrientes” y no una inversión. El trabajo en el Desarrollo Infantil Temprano, así como en el desarrollo de programas de Protección Social, dirigidos estos a la infancia, adolescencia, adultos mayores o personas con discapacidad, necesitan ser realizados a través de intervenciones personalizadas y especializadas; donde la capacitación y el acompañamiento resulta ser un componente indispensable para asegurar que el servicio sea brindado en optimas condiciones y el resultado sea alcanzado con la mayor eficacia y eficiencia posible. En este tipo de intervenciones se hablan mucho de la calidad y calidez del servicio; cómo lograr o alcanzar ello, si a los colaboradores y equipo de trabajo encargado de realizar este servicio no se le brinda ese mismo trato en cuanto a la valorización integral de su trabajo.

    • Eunice Chévez
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      Eda, muy pero muy de acuerdo con su comentario

  • Gabriela Guerrero
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    ¿Es viable trabajar con voluntarios para un programa social de este tipo? Para tener un programa a escala que trabaje en comunidades rurales y remotas a nivel nacional en contextos como el peruano, probablemente es necesario pensar en algún tipo de modelo de co-gestión que contemple el trabajo voluntario de miembros de la comunidad. Incluso, desde una perspectiva de género, si las cosas funcionaran a la perfección, ese fortalecimiento de parte del programa de las capacidadades de los miembros de la comunidad –especialmente mujeres- podría potencialmente servir como un medio para empoderarlas y convertirlas en un referente dentro de sus comunidades en materia de prácticas de crianza y desarrollo infantil. ¿Dónde puede estar el problema? Justamente en la situación que describe el estudio realizado: cuando aparentemente deja de ser un voluntariado para convertirse en un trabajo con poca paga que ocupa buena parte de su tiempo. Y ahí es cuando deja de ser un buen modelo. Que justamente la poca valoración que hay en la sociedad del tiempo y el trabajo de las mujeres ha contribuido a cruzar sin mucha resistencia esa línea del voluntariado al trabajo mal pagado, es posible. Pero no es claro que esto deba llevarnos a cuestionar el modelo de co-gestión con las comunidades en sí mismo, sino más bien el cómo y dónde establecer los límites para que sea una oportunidad de empoderar a las mujeres y las comunidades y no una sobre carga para ellas.

    En esa línea, el estudio no recomienda cambiar el modelo de cogestion sino principalmente la necesidad de recuperar el sentido del voluntariado: dimensionando mejor la carga de trabajo de las facilitadoras y reconociéndoles un estipendio similar al de otros voluntariados en zonas similares.

  • María Elena
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    La atención a la niñez es prioridad para el desarrollo de la persona y del país y todos los esfuerzos son valorados. Sin embargo es primordial que se tomen decisiones a nivel de Estado que realmente promuevan el desarrollo infantil en los primeros años de vida brindando las condiciones propicias para ello. El término voluntariado para el personal que atiende este servicio, es un disfraz para un tipo de trabajo que termina finalmente no siéndolo porque no tiene ningún beneficio laboral. Simplemente no es catalogado como trabajo formal y es el término que se ha acuñado para deslindarse de las responsabilidades laborales con ese gran grupo humano que dedica su esfuerzo y dedicación al potencial de desarrollo más importante de un país, que son los niños, El Perú tiene una gran deuda con la niñez y se valoran los esfuerzos que se realizan, pero aún queda mucho por hacer y no seguir repitiendo año tras año lo que es una desvalorización del trabajo de este mal llamado voluntariado que en el fondo no lo es, porque termina siendo para muchas mujeres su única fuente de ingreso en un contexto que les exige y demanda mucho más de lo que realmente les corresponde.

  • Elena Roque
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    Este trabajo no es fácil y requiere esfuerzo, dedicación y una gran responsabilidad, no olvidemos que hablamos de niños y niñas pequeños. La profesión de educador infantil está muy poco valorada, no sólo se cree que su trabajo es solamente cuidar de unos niños/as cuyos padres no pueden atender por la poca conciliación entre empleo y familia que padecemos en nuestro país, sino que además los sueldos son inferiores al sueldo mínimo. Esto refleja lo poco que importa la educación en nuestro país, sobre todo si hablamos de niños menores de tres años, los cuales parecen no existir por la poca atención que reciben. Atención en cuanto a calidad en los jardines de infancia, pues en ellos trabajan personas que han estudiado con ilusión y vocación, y ahora se enfrentan a un empleo duro cuyo sueldo les sitúa en una situación económica difícil.

  • Catiane T. Barro
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    Hola, yo soy monitora del Programa Primeira Infancia Mejor, do Estado do Rio Grande do Sul, na cidade de Palmitinho. Nosotros tenemos uns equipa de monitoras e facilitadoras que realizam las visitas domiciliares con las familias, atendendo crianças até 4 años y mujeres embarasadas. Nosotros tenemos uns jornada de trabalho de 40 horas semanales, somos remunerados para realizar nuestro trabajo. A través de este sitio, de los diversos artículos que estoy leyendo, de los varios comentarios, estoy teniendo una visión de cómo funciona el trabajo en la primera infancia en otros países, esto es muy bueno. Sería genial si pudiéramos tener una integración mayor, si los profesionales pudieran tener encuentros, cada año ir a un país diferente para tener intercambio de experiencias y ampliar los conocimientos sobre el trabajo realizado, eso sería muy importante y daría una visión mayor de ideas.

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