By Mary Young

Flag of Brazil

Era miércoles, el día de mayor actividad en el Congreso Nacional de Brasil. Votos, audiencias y testimonios fueron parte de las sesiones. Los corredores de la Câmara dos Deputados palpitaban con todo el trajín mientras los parlamentarios se saludaban al entrar y salir de las sesiones. Los grupos de apoyo revoloteaban fuera de las salas, esperando su turno.

En la parte frontal de uno de los auditorios se leía el estandarte “Primer Seminario Internacional sobre el Marco Legal para el DIT”. La Comisión Parlamentaria para el Desarrollo Infantil Temprano (DIT) del Congreso Nacional de Brasil es un comité conformado por legisladores brasileños y representado por múltiples partidos, cuyo objetivo es promover el DIT en el Congreso Nacional. Fue la Comisión la que convocó al seminario y también reunió a los miembros de la Red Hemisférica de Parlamentarios de América Latina. El auditorio estaba lleno: solo quedaba espacio para unas pocas personas de pie.

Entre los participantes estuvieron ministros del gobierno brasileño, parlamentarios de nueve partidos políticos y 500 funcionarios de gobierno, académicos y representantes de la sociedad civil y de empresas de Argentina, Brasil, Canadá, China, Colombia, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Países Bajos, México, Panamá y Perú.

El objetivo era crear un marco legal que garantizara la atención integral para todos los niños y niñas de 0 a 6 años de edad en Brasil: una política pública basada en la evidencia científica más reciente sobre el desarrollo infantil temprano. Las delegaciones de ocho países latinoamericanos vecinos pretendían hacer lo mismo en sus respectivos países y estaban allí para aprender.

Nadie fue más solicitado para hablar sobre las razones para invertir en el DIT que el ganador del Premio Nobel, James Heckman. Su presentación magistral titulada “La economía de la desigualdad y el desarrollo humano” preparó el escenario para la deliberación. La mayoría de las sociedades tradicionalmente redistribuyen la riqueza y los ingresos a fin de afrontar los problemas de desigualdad y pobreza. Sin embargo el profesor Heckman propuso un enfoque distinto. Él considera que la distribución anticipada sería una política más inteligente y explicó las razones económicas para ello.

Su enfoque se basa en la promoción de las capacidades de la gente. Múltiples capacidades, incluyendo las destrezas cognitivas y no cognitivas, son importantes para tener éxito en la vida. Estas destrezas tienen una formación temprana y son moldeadas tanto por las familias como por el entorno en el que se cría a los niños. Extrayendo lo mejor de los avances en neurociencia y análisis econométrico sobre la tecnología de la formación de las destrezas, el profesor Heckman subrayó que un significativo reenfoque de las políticas requiere de la incorporación de los últimos avances en neurociencia, biología y economía del desarrollo humano.

La influencia de la familia va más allá de la transmisión de genes. El preponderante papel que cumple la influencia familiar constituye una preocupación, ya que en las últimas décadas los entornos familiares se han deteriorado en muchos países del mundo, incluyendo Brasil. Un enfoque unificado de la política social se basa en una estrategia de desarrollo humano que entiende la importancia de los primeros años. Es durante esos años que las desigualdades pueden surgir. Y es también durante esos años que existen grandes oportunidades para generar las destrezas necesarias para la fuerza laboral del futuro.

Brasil se enorgullece de sus muchas legislaciones que protegen los derechos de los niños desde la ratificación de la Constitución de 1988. La Constitución reconoce el papel de la familia, la sociedad y el Estado en la protección de los derechos de los niños. Las leyes y directrices subsiguientes, tales como el Estatuto da Criança e do Adolescente de 1990, la Lei Orgânica da Saúde de 1990, la Lei Orgânica da Assistência Social de 1993 y la Lei de Diretrizes e Bases da Educação Nacional de 1996 promulgaron la protección de los niños. El gobierno también aprobó el Plan de Acción Nacional para el Desarrollo Infantil Temprano en 2012. A pesar de estos avances, los niños más pequeños todavía constituyen el grupo vulnerable más grande.

Se han logrado adelantos considerables en la reducción de la pobreza y el hambre en la última década. Los programas Bolsa Família y Plano Brasil Sem Miséria han sacado a millones de personas de la pobreza. El análisis continuado de la desigualdad y la pobreza dirigido por el Ministerio de Acción Estratégica demostró que para reducir aún más la pobreza y promover el desarrollo económico las nuevas estrategias deberían centrarse en mejorar las capacidades humanas. No es de extrañar que el oportuno mensaje del profesor Heckman haya sido tan acertado.

En 2012 el Gobierno Federal lanzó el programa Ação Brasil Carinhoso con miras a beneficiar a dos millones de familias con niños menores de 6 años de edad. El programa integraría varios planes nacionales –Plano Brasil Sem Miséria y la expansión de Bolsa Familia– mediante el aumento de las trasferencias de dinero a las familias con niños menores de 6 años. Además incrementaría la capacidad disponible de las guarderías y mejoraría los cuidados básicos de salud de los niños con el suministro gratuito de vitamina A de y medicamentos para el asma. Un salario mínimo equivalente a 70 reales sería transferido a cada miembro de las familias con niños menores de 6 años. Según el Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística (IBGE) esto reduciría el número de personas que viven en la pobreza absoluta (actualmente el 40% de los 196,7 millones de habitantes de Brasil), de las cuales 2,7 millones son niños de menos de 6 años.

El creciente conocimiento sobre el desarrollo infantil temprano se está incorporando a políticas y programas para proteger y alimentar los cerebros de los más pequeños en Brasil. Los parlamentarios, encabezados por el diputado Osmar Terra del Frente Parliamentar, están tomando medidas. El Marco Legal sería el primer paso para revisar toda la legislación a través de esta óptica y promover el diseño de un marco jurídico basado en la ciencia del DIT.

Como señala el profesor Heckman, “Hay que entender que la inversión en los niños desfavorecidos es una iniciativa de política pública poco común que promueve la equidad y la justicia social y a la vez impulsa la productividad en la economía y la sociedad en general”. Pero las implicaciones de las medidas tomadas en Brasil han llegado mucho más lejos y otros países latinoamericanos están tomando nota de ello y siguiendo su ejemplo.

Mary E. Young, MD, DrPH, es Asesor Senior del Centro de la Universidad de Harvard de Desarrollo Infantil y co-líder de la Iniciativa de la Primera Infancia/ Grupo de Trabajo HCEO en la Universidad de Chicago.

Recommended Posts

Dejar un comentario

Start typing and press Enter to search