Por Daniela Philipp. 

En nuestro post de la semana pasada, hablábamos de la alarmante situación de desnutrición crónica en Guatemala. En este país, un 49 % de los niños menores de cinco años están desnutridos. Los comentarios de ustedes, nuestros lectores, ratifican nuestra preocupación. La (mala) nutrición realmente merece más atención porque todavía sigue siendo un problema oculto, como comentaba una de nuestras lectoras.

En nuestra región tenemos dos problemas que resultan de la mala nutrición: la desnutrición crónica, descrita en el blog de la semana pasada, y la obesidad que va en aumento en los países latinoamericanos.

Las cifras de obesidad son sorprendentes:

  • En Perú se observa una prevalencia de obesidad de 11,8 %. ¡Es la cifra más alta en la región!
  • En Bolivia, dónde 35 % de los niños menores de cinco años están desnutridos, 9.2 % de los niños del mismo grupo de edad son obesos. ¡Bolivia ocupa el cuarto lugar en obesidad!
  • En México se observa una prevalencia de la obesidad de 7,6 % entre niños de hasta cinco años.

Viendo estas cifras me preguntó ¿cómo estamos alimentando a nuestros niños que están o desnutridos u obesos? Las causas para la desnutrición crónica y la obesidad son, por cierto, diferentes y complejas, pero podemos identificar algo común entre ellas: la baja la calidad de los alimentos que reciben nuestros niños y la falta de educación de las mamás y de los papás sobre la importancia de una buena alimentación y sobre cómo conseguir y preparar comidas nutritivas para la familia que se ajusten a sus presupuestos.

En la ciudad El Alto en Bolivia, donde 30 por ciento de los niños sufren de desnutrición crónica, se identificó que el desconocimiento sobre prácticas adecuadas de alimentación complementaria y sobre la alimentación balanceada eran algunas de las causas de la desnutrición crónica. Como respuesta, el BID lanzó un proyecto que tiene un fuerte enfoque educativo. Entre otras cosas, promueve talleres con las madres para enseñarles cómo preparar comidas nutritivas con ingredientes locales. Estos esfuerzos han tenido éxito pues se ha podido verificar que hoy los niños beneficiarios de esta iniciativa reciben una alimentación de mejor calidad y consumen alimentos balanceados con mayor frecuencia.

Otra iniciativa interesante se lanzó el fin de semana pasado en Estados Unidos. El famoso chef inglés Jamie Oliver propuso otro esfuerzo educativo que busca combatir la mala nutrición, especialmente la obesidad (¡en EE.UU 17 % de los niños y jóvenes son obesos!) Se trata del día de la revolución alimenticia. En este día, Jamie Oliver quiere promover el uso de alimentos frescos, de productores locales, así como una mejor educación sobre la alimentación y nutrición adecuadas.

Estas son dos iniciativas poderosas, pero necesitamos muchas más de ellas para crear conciencia sobre lo importante que es decidir con atención lo que comerán hoy nuestros niños y motivarnos a empezar hoy mismo preparando una mejor comida.

Daniela Philipp es consultora en la División de Protección Social y Salud del BID. Daniela trabaja en las áreas de salud, nutrición y desarrollo infantil temprano.

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Showing 2 comments
  • Alvaro Fonseca
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    Mis saludos por este importante tema.

    Dicen que no hay amor más sincero que el amor a la comida. Pero así como hay amores que matan, hay también comidas que matan, a la larga.

    El tema de a alimentación y buena nutrición es en primer lugar un tema de salud, de calidad de vida. Pero también es un tema de identidad cultural y conservación de nuestra biodiversidad. La buena nutrición pasa por consumir lo propio, lo nuestro. Nuestros países tropicales son ricos en diversidad de vida. Si conservamos esa diversidad de sabores, aromas y colores vamos a nutrir mejor el cuerpo pero también el espíritu. Una buena nutrición en base a los productos propios de nuestras tierras tiene la virtud no solo de la buena alimentación sino también de darnos identidad, cohesión social, arraigo con lo que somos y con nuestra historia.

  • Nydia Denny
    Responder

    Las autoridades competentes en especial en el sector de la salud deben identificar cual es el motivo de la desnutrición y tener cifras claras para combatirla. A veces preguntamos por las cifras y no se encuentra la respuesta y tenerlas sería de gran ayuda para los programas que tienen los Municipios o el Estado que se encargan de la alimentación. También es importante hacer claridad sobre los programas para combatir la desnutrición, porque se confunde la Seguridad Alimentaria y Nutricional con la ayuda técnica para la preparación de desayunos escolares. Adicionalmente se necesita voluntad política.

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