¿La polarización política frena a América Latina?

Hay países donde existe una buena dosis de consenso sobre temas de importancia nacional, y países que carecen de este consenso, donde la población está dividida, desconfía de los rivales políticos y no está dispuesta a ceder para llegar a acuerdos. Son sociedades polarizadas y sus divisiones producen peores resultados en toda una serie de ámbitos, desde una mayor inseguridad para las empresas hasta una mayor inestabilidad política, pobreza y desigualdad.

Los países de América Latina y el Caribe tienden a ser más polarizados. En el último World Values Survey (2010-2014), se pidió a un conjunto de votantes elegibles de 55 países que se situaran en una escala ideológica izquierda-derecha de 10 puntos. En los nueve países de América Latina y el Caribe de la encuesta, la polarización de los votantes era de 52,5% — el 100% representaría la máxima polarización. Compárese con el promedio de 44,8% en 13 economías avanzadas, incluyendo Estados Unidos (44,5%). Brasil y México eran los países más polarizados en la muestra de América Latina, y Chile y Argentina eran los menos polarizados.

La trayectoria de los violentos levantamientos izquierdistas y dictaduras de derecha desde los años cincuenta hasta los ochenta sin duda influye en ese rompecabezas. Como señala la profesora Judith Teichman, de la Universidad de Toronto, se tardó décadas en reconstruir un nivel mínimo de consenso después de esas experiencias traumáticas y las fracturas que provocó. Aún así, resulta difícil acabar con el extremismo y la polarización política, puesto que se alimentan de sí mismas, nutridas por “sentimientos de miedo, vulnerabilidad y pérdida de control”.

Otras experiencias más recientes, como la inseguridad alimentaria y salarial provocadas por las crisis económicas, también generan vulnerabilidades que empujan a las personas a extremos opuestos del espectro político. No tiene nada de sorprendente que Argentina, con su nivel relativamente alto de ingreso per cápita, muestre niveles bajos de polarización. Sin embargo, Nicaragua, uno de los países más pobres de América Latina, es otra historia. Como depende de las materias primas y es vulnerable a los shocks comerciales, este país tiene puntuaciones altas tanto en extremismo de los votantes como en inseguridad económica, según el estudio Latinobarómetro 2016.

El crimen constituye otro factor. El Salvador, Honduras y Venezuela tuvieron las tasas de homicidio más altas de América Latina y el Caribe en 2015 y también se encuentran entre los países más polarizados de la región según ese mismo estudio. La impotencia, la inseguridad y la victimización una vez más parecen llevar a las personas a adoptar posiciones extremas.

Sin embargo, si bien la inestabilidad puede alimentar la polarización de los votantes, también puede ser un producto de la polarización de los votantes, en un ciclo de retroalimentación vicioso. Esto se debe a que la ciudadanía dividida tiene más dificultades para avanzar hacia objetivos comunes. Sus gobiernos se esfuerzan en alcanzar un consenso y sostener las políticas a lo largo del tiempo. Tienen dificultades para establecer y mantener marcos regulatorios que inspiren confianza a los inversores y las empresas y creen las condiciones para promover el crecimiento.

Los sistemas multipartidistas basados en una representación proporcional que son habituales en América Latina pueden llevar a una mayor flexibilidad, dado que hay que ceder para formar y sostener una coalición de gobierno y así llegar a acuerdos y colaboración en todo el espectro político. Y la existencia de partidos con identidades ideológicas débiles, que compiten sobre la base de la compra de votos y otras estrategias electorales clientelistas en lugar de ideas, mitiga los efectos negativos de la polarización de los votantes, no obstante lo perjudicial que pueden ser ese tipo de partidos para la formulación de políticas democráticas.

Aún así, la extrema polarización de numerosos votantes en América Latina y el Caribe, agravada por la pobreza, la inseguridad alimentaria, el crimen y una historia de división política, es otro lastre para esas sociedades que les impide avanzar en el sentido que señalan sus recursos y talentos.

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El Autor

Razvan Vlaicu

Razvan Vlaicu es Economista de investigación senior en el Departamento de Investigación del Banco Interamericano de Desarrollo. Obtuvo su doctorado en economía por la Northwestern University en 2006. Anteriormente enseñó economía en la Universidad de Maryland, y ocupó puestos de corta duración en el Kellog School of Management y el Banco Mundial. Sus intereses en la investigación se centran en la microeconomía aplicada, la economía política y la economía pública. Sus investigaciones se han divulgado en publicaciones académicas, entre las cuales Review of Economic Studies, American Political Science Review y Journal of Public Economics.

3 Comments

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  1. Los extremos se han dado por la desigual distribución del ingreso, en el que el 90% de la población solo recibe el 25% de la riqueza nacional.

  2. DANIELA ELIZABETH BERDEJO ZEVALLOS

    De acuerdo, con que la polarización nos frena y de acuerdo también con Willian, los extremos surgen por la gran desigualdad económica en un país, la falta o poco presencia del Estado en determinadas zonas de un país. Ahí es donde los conflictos surgen.
    Por ello, mientras esto sucede, ¿cuál es el rol de los partidos políticos?, si son el espacio reconocido constitucionalmente para promover la participación política en un país, ¿qué tanto están aportando en el debate de ideas, en promover la democracia?
    No puede ser que no funcionen, o acaso ¿debemos replantearnos su existencia?

  3. PEDRO FUENTES LOPEZ

    La ausencia de los acuerdos por consenso, frena el desarrollo de los pueblos y sin ninguna duda, el comportamiento de los gobiernos institucionalmente hablando, esta en entredicho, urge aplicar correctivos de fondo.

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