El cambio climático y sus impactos bajo techo

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Las cosechas marchitas y los emblanquecidos huesos de ganado que se ven en grandes áreas de Suramérica tras las recientes sequías pueden ser tan solo el comienzo. Para mediados de siglo es probable que el cambio climático eleve las temperaturas dos grados centígrados o más. Probablemente las sequías y las lluvias se intensifiquen y se vuelvan más frecuentes; las inundaciones y tormentas serán más destructivas. Como se evidencia en un reciente informe del BID, el WWF y la CEPAL, Latinoamérica y el Caribe es una región especialmente vulnerable en parte debido a su dependencia económica en recursos naturales frágiles. Tan solo el impacto del cambio climático sobre el rendimiento de los cultivos, de acuerdo con otro estudio, podría reducir el valor de las exportaciones anuales de la región en hasta 54 mil millones de dólares para 2050.

Incluso sectores que no están expuestos directamente al clima podrían sufrir daños significativos. Es más, esto podría ocurrir incluso a medida que la región diversifique sus economías e incremente su participación en manufactura y servicios. En los Estados Unidos, por ejemplo, los servicios de alimentación, las compañías de seguros, las ventas al por menor, las ventas al por mayor y los bienes raíces constituyen cerca del 30% del producto interno bruto. Es probable que todos estos sectores sientan el efecto del cambio climático, esto de acuerdo con un reciente estudio del BID. En efecto, el impacto del cambio climático en esas áreas de la economía en los próximos cien años podría reducir la tasa de crecimiento del PIB nominal en hasta 1,5 puntos porcentuales, lo que corresponde a más de un tercio de la tasa promedio de crecimiento nominal que es de cerca del 4% anual.

¿Cómo podría, en un mundo de aires acondicionados modernos, el cambio climático filtrarse hacia actividades que ocurren mayormente bajo techo: hacia restaurantes y centros comerciales, y hacia compañías aseguradoras y de bienes raíces? Las razones no están del todo claras. Pero, en realidad, ni siquiera la actividad económica más moderna puede escapar del todo al clima. Los compradores pueden disfrutar del aire acondicionado de un centro comercial. Pero cuando la temperatura sube llegan cansados, del mal humor y son más propicios a permanecer en el aire acondicionado en lugar de tomar todos los productos que necesitan y dirigirse hacia las cajas registradores. Es posible que los mayoristas trabajen desde una bodega fresca. Pero los empleados que manejan las mercancías deben hacerlo en áreas de carga y descarga ubicadas al aire libre. Los empleados de oficina que debieron soportar un calor sofocante para llegar a trabajar pueden sufrir disminuciones temporales de su capacidad cognitiva como resultado del calor. Los restaurantes pueden sufrir como consecuencia de las pérdidas de cultivos y las consecuentes alzas en los precios. Las compañías aseguradoras deberán lidiar con cada vez más reclamaciones por golpes de calor y otros padecimientos relacionados con la temperatura.

Cualquiera que sea la explicación, las disminuciones son reales. Un análisis de los sectores económicos en Estados Unidos desde 1997 hasta 2011, encontró que un incremento de 1 grado Fahrenheit en las temperaturas promedio del verano disminuía la tasa de crecimiento del sector de las ventas al por menor en 0,241 puntos porcentuales; del sector de los servicios de alimentación y expendios de bebidas en 0,387 puntos; y del sector de seguros en 1,299 puntos. La agricultura, que por supuesto se ve directamente afectada por el clima, sufría una pérdida en su tasa de crecimiento de 2,2 puntos. Al combinar los resultados del pasado con las proyecciones de cambio climático, proporcionadas por la herramienta en línea Climate Wizard tool del Banco Mundial, se llegó al hallazgo de que –incluso con incrementos en el crecimiento durante los meses usualmente fríos de octubre, noviembre y diciembre– en los próximos cien años podríamos ver reducciones del crecimiento económico de Estados Unidos de hasta un tercio.

La moraleja es que no podemos escapar al cambio climático y que este afecta prácticamente todas las actividades económicas, bien sea que estas se desarrollen bajo techo o a la intemperie. Las medidas de adaptación pueden ayudar. Científicos y agricultores de Estados Unidos, Latinoamérica y el Caribe, así como de otras regiones, están trabajando para usar especies de plantas más resistentes al calor, desarrollar sistemas de irrigación más eficientes y una gran cantidad de innovaciones agrícolas. Fábricas en India están experimentando con el uso de iluminación LED, que emite menos calor que las bombillas tradicionales, con el fin de reducir considerablemente el impacto del incremento de la temperatura en las plantas de producción y así incrementar la eficiencia laboral. Es posible que los aires acondicionados se tornen incluso más potentes y efectivos. Pero ninguna de estas medidas puede lograr que nos adaptemos por completo a los impactos del cambio climático. Sin mitigación para reducir dramáticamente la emisión de gases de efecto invernadero, y así disminuir la temperatura, nuestras economías, y nuestro planeta, podrían sufrir en tan solo unas décadas consecuencias graves e irreversibles.

 

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El Autor

Bridget Hoffmann

Bridget Hoffmann

Bridget Hoffmann es economista del Departamento de Investigación (RES) del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Sus líneas de investigación son la microeconomía aplicada, economía del desarrollo y economía ambiental. Bridget recibió su doctorado en Economía de la Universidad de Northwestern en el 2015. Tiene una licenciatura en Economía Financiera y Matemática de la Universidad de Rochester.

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