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Por Agustín Ibáñez. 

En América Latina, el 6,54% de la población padece de demencia, cifra que se cuadruplicará hacia 2050. Más aún, se espera que la prevalencia de la demencia en la región sea mayor que en los países desarrollados, producto del envejecimiento de la población. Pero ¿qué es la demencia y por qué debería preocuparnos?

Seguramente has escuchado sobre el Parkinson, el Alzheimer, o la enfermedad de Huntington, patologías neurodegenerativas que suelen manifestarse durante la vejez debido al deterioro cognitivo y la muerte neuronal. Todas ellas están agrupadas en la categoría de demencia y afectan la memoria, el pensamiento, el comportamiento y la capacidad de realizar actividades cotidianas.

La falta de diagnósticos adecuados y programas sistemáticos para prevenir y tratar estas enfermedades, además de la presión sobre los estados para afrontar las consecuencias, nos dejan expuestos a un silencioso tsunami sin precedentes que afectará a millones de pacientes y sus familias. Para contextualizar esta situación, se estima que solo en Estados Unidos la demencia costó al estado $235.800 millones de dólares en asistencia familiar, social y médica en 2010.

No en vano expertos regionales e internacionales, reunidos para evaluar el presente y anticipar el futuro, concluyeron que la demencia es un problema a ser atacado regional y globalmente.

¿Cuál es el plan para abordar la demencia en la región?

Las barreras regionales impiden la armonización de estrategias para prevenir y enfrentar el desafío de la demencia. La falta de datos epidemiológicos, sistemáticos y robustos nos impide saber a ciencia cierta cuán variable es la demencia entre países, cuán rápido crece, cómo se distribuye, y en qué condiciones es más dañina. Los recursos con que cuentan los gobiernos, universidades y otros actores sociales no alcanzan para brindar una plataforma sólida para prevenir, anticipar y abordar este flagelo. La mayoría de países cuentan con instalaciones y requerimientos mínimos de salud mental y no poseen políticas ni presupuestos específicos para la demencia. Además, salvo ciertas excepciones como Chile, Costa Rica y Argentina, no existen planes nacionales.

Por otra parte, existe una necesidad de estandarizar la práctica clínica y mejorar la capacitación de los profesionales de la salud involucrados en el diagnóstico y el tratamiento, dado que no existen criterios consensuados en la región para el diagnóstico y la intervención. Además, se observan muchas diferencias entre las prácticas públicas y privadas, y entre las zonas rurales y las grandes ciudades, por lo que la demencia termina convirtiéndose en una causa mayor de desigualdad.

Problemáticas sociales

La demencia aún genera estigmas y estereotipos, por lo que debe abordarse teniendo en cuenta mecanismos y cosmovisiones culturales específicas. Por ejemplo, más de 400 agrupaciones indígenas están entre las poblaciones vulnerables y tienen serias dificultades para acceder en tiempo y forma a un tratamiento adecuado.

También los bajos niveles educativos y el analfabetismo constituyen serias barreras para la detección y abordaje de la demencia. No sabemos con precisión cuánto influye la combinación de componentes culturales y sociodemográficos de vulnerabilidad severa, pero sí sabemos que impactan negativamente sobre el envejecimiento saludable.

Finalmente, tenemos como región la mayor vulnerabilidad genética del mundo, es decir, la mayor población genéticamente predispuesta a enfermedades como Alzheimer, Parkinson, Huntington, Ataxia, y otras. La baja consciencia social y familiar de la enfermedad, y de su prevención, no hacen más que agravar esta situación.

Respondiendo al desafío

Para prepararnos para una mejor atención, diagnóstico e investigación de la demencia en la región, proponemos:

1. Apoyar una transición que integre paso a paso las estrategias globales contra la demencia, tanto a nivel nacional como internacional. Necesitamos que éstas se adapten y respondan a las necesidades locales.

2. Incluir los factores de riesgo regionales en común, como la pobreza, las barreras culturales y la vulnerabilidad socioeconómica, en las estrategias específicas sostenidas a nivel regional.

3. Promover vías de colaboración para el estudio de poblaciones únicas en la región, así como el perfeccionamiento de métodos de evaluación validados y robustos para una detección oportuna.

4. Estudiar las “zonas azules” de la región, aquellas que concentran un número elevado de “superancianos” (adultos mayores cuya memoria y cognición se resisten al deterioro del envejecimiento).

5. Impulsar oportunidades a nivel nacional para la investigación traslacional, fomentando el desarrollo de una red regional que involucre investigadores, clínicos y organizaciones gubernamentales.

Una de las propuestas que ya ha impulsado el Banco Interamericano del Desarrollo (BID) en conjunto con varios Ministerios, es el establecimiento de un programa enfocado en la demencia, “Grupo de estudio de las ciencias del comportamiento para las políticas de protección social y salud: un enfoque basado en el ciclo de vida.” A través de las ciencias del comportamiento, este programa buscará mejorar el impacto de las políticas públicas en nuestras poblaciones, así como desarrollar una plataforma clínica y de investigación multinivel para el envejecimiento patológico.

Este es solo uno de los pasos para evitar que la propagación de la demencia nos golpee como un tsunami silencioso. Es hora de que todos nos movilicemos para informarnos y proponer soluciones efectivas.

¿Existe una estrategia para abordar la demencia en tu país? Cuéntanos tu experiencia en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Agustín Ibáñez es experto en psicología experimental e investigación neuro-siquiátrica.  

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Showing 4 comments
  • Andrea
    Responder

    Buenisma la nota!!!!!, felicitaciones por el desafio y la estrategia!

  • Walter E. Galvez
    Responder

    Con lideres supuestos,, que deberían velar por el bien de la humanidad, en los países desarrollados económicamente, y con decisiones tan poco elevadas de sabiduría, creo que el nivel demencial,, no por condición médica es peor,,

    y ademas un alejamiento de lo que debería ser llegar a un humano de pensamiento superior.. con tanto apoyo a leyes de aborto, eutanasia, violaciones ala niñez, contra el matrimonio y parejas tal como la especie humana lo ha dejado y una biología natural humana,, es grave,, si estos desarrollados están así,, que esperan de los demás.??.

    El alejamiento de los valores, y principios fundados para una sociedad planetaria superior, está siendo pisoteado, esa es la prueba, demencial..
    WEG

  • Elisa Bosquez
    Responder

    Es importante destacar el papel de la afectacion emocional en pacientes y familias e incluir este componente en los planes y programas. Existen las herramientas para su abordaje y es posible hacerlo desde las instituciones de salud publica de los paises.
    Las historias detras de los datos deben ser escuchadas y sensibilizan mas que las cifras.

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