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Blockchain al rescate de la música

Siempre habrá música, pero no es tan seguro que podamos decir lo mismo de la industria musical. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) se asoció con el Berklee College of Music para respaldar su Open Music Initiative y dar impulso a nuevas tecnologías como el blockchain, que brinden sustentabilidad a una industria creativa esencial para la economía de América Latina y el Caribe.

Yo, si te aparecías unos meses atrás preguntándome qué es blockchain, te hubiera mirado desconcertado y te habría dicho ‘¿está hablándome a mí?’ Hoy, hoy solo sueño con tocar ese instrumento blockchain”.

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Daniel “Chino” Mc Gregor (foto: cortesía del artista)

Ese es Daniel “Chino” McGregor, quien una mañana se despertó en Boston sin saber dónde estaba. Mientras reconocía la habitación, recordó que era uno de tres músicos del Caribe —incluido su amigo jamaiquino Shawn Kalieba y un tal Johann Chukcaree de Trinidad  y Tobago— que estaban en Estados Unidos becados por el BID para ser parte del Open Music Initiative (OMI), el innovador laboratorio de verano organizado por el Berklee College of Music en conjunto con los principales actores de la industria musical. El objetivo: encontrar un futuro sostenible para la música.

¿Por qué los habían elegido a ellos tres?  “No tengo ni idea”, dice McGregor. O tal vez sí sabía. De hecho, los participantes del laboratorio de verano fueron seleccionados a través de una convocatoria muy competitiva. Expertos de la OMI y el BID aplicaron un estricto conjunto de criterios; además de talento musical comprobado, los músicos debían tener una marca personal reconocida, experiencia como artistas profesionales y una gran curiosidad tecnológica, entre otros factores.

A sus 34 años y con una larga carrera propia, al Chino le sobraban condiciones, las llevaba en la sangre. Su padre había sido nominado a un Grammy. Ya a los doce años había actuado profesionalmente incluso ante el primer ministro Jamaica. Despertarse desorientado en un cuarto de hotel en el extranjero no era nada nuevo para él. Él viaja todo el año con “el movimiento”. Y por “el movimiento” se refiere a la particular onda de la música jamaicana de hoy. Ha seguido esa ola más allá de Jamaica y el Caribe, llegando hasta Londres, Tokio, Miami y Nueva York.

“La música jamaiquina es extraña, muy única, tienes que escucharla en vivo. Además, todo está cambiando en la música, hoy en día los artistas no dependen tanto de las ventas de discos como lo hacen de sus giras y actuaciones en vivo”, dice Chino

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Shawn Kalieba (foto: cortesía del artista)

Jamaica tiene una reputación mundial como centro creativo. Miremos a Kalieba, un productor independiente quien también es artista de reggae e ingeniero musical. En los últimos años, Kalieba ha sido testigo de una explosión de talento musical en la isla de Bob Marley. Su estudio de grabación ha producido obras de artistas internacionales como Beenie Man el “Rey del Dancehall“, el “Elephant Man”, Ken Boothe, Marcia Griffiths y Luciano. “La tecnología podría ser una bendición o una maldición. Gracias a ella, hoy día cualquiera podría tener su estudio de grabación con poca inversión y lanzar su trabajo en un escenario mundial. Y eso es bueno porque ves talento en todas partes. Al mismo tiempo, cualquier persona puede copiar tu música o reproducirla a través de Spotify o iTunes y nunca ver dinero real”, dice Kalieba.

¿Monetizar música con blockchain?

Cuando los fanáticos de la música de Jamaica escuchan uno de sus éxitos de temporada, se supone que Kalieba y Chino se frotan las manos a la espera de un cheque. Bueno, mejor que esperen sentados, pues no es tan rápido. Podría tomar hasta dos años para que les paguen y para ellos sería casi imposible saber si están recibiendo una compensación justa.

“Los procesos para registrar la propiedad intelectual tienden a ser muy engorrosos y costosos para los artistas; además, en el Caribe, la falta de tecnología y capacitación en monetización los convierte en obstáculos casi insuperables”, explica Ignacio de León, líder del equipo que en el BID busca expandir el uso y la adopción de tecnologías de información y comunicación en las industrias creativas en el Caribe.

Es aquí donde hacen su entrada en escena la Open Music Initiative (OMI) y blockchain. OMI es una iniciativa sin ánimo de lucro dirigida por instituciones académicas que se propusieron crear un protocolo de código abierto para una identificación uniforme de la propiedad intelectual y de los creadores de la música. Berklee se asoció con el Media Lab del MIT para desarrollar la tecnología subyacente para la creación de una API (Application Programming Interface) basada en blockchain.

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Artistas y diseñadores en el laboratorio de verano (cortesía de OMI)

“Sí, blockchain es la misma plataforma que usa bitcoin, pero hoy va mucho más allá de las criptomonedas”, dice Ravi Gupta, coautor con Ignacio de León de un documento que evalúa el impacto de la innovación digital y el blockchain en la industria de la música

“Blockchain ha evolucionado y se está ejecutando abiertamente en millones de dispositivos en todo el mundo. Esta plataforma permite un tipo de plantillas o ‘templates’ programables mejor conocidos como contratos inteligentes o smart contracts. Esta es una tecnología que permite el movimiento y almacenamiento de forma segura y privada de cualquier cosa de valor, en el caso del software OMI se trata de propiedad intelectual “.

La belleza de blockchain es que las garantías para la atribución y pago de derechos ya no vendrán necesariamente de intermediarios poderosos, como los grandes sellos de música ni de los servicios de streaming como Pandora o Spotify, sino a través de un código genial, muy robusto, que estimula la colaboración en masa a través de una especie de enorme libro público contable y descentralizado como ocurre con criptomonedas como el Bitcoin.

“Blockchain tiene el potencial de proporcionar una experiencia más rápida e ininterrumpida para cualquier persona involucrada en la creación o en la interacción con la música”, escribió Imogen Heap, artista de grabación ganadora de varios Grammy y activista del uso de la tecnología que ha estado involucrada con la OMI. Heap es una entusiasta porque entiende el potencial para acelerar el proceso de pagos y el gran beneficio para los músicos que esto implica.

Por ejemplo, cuando un usuario final —ya sea sea un fan, un proveedor de servicios digitales como Spotify o iTunes, una estación de radio, o un productor de películas— escuche una canción o haga negocios con ella, activará automáticamente el contrato inteligente que se ha programado en el blockchain. Inmediatamente, las personas involucradas en el proceso creativo, de producción y distribución de la canción serían notificados y compensados según corresponda en el contrato.

¿Salvar a la industria musical?

El auge del mercado digital no solo ha impactado a los artistas del Caribe, sino que es un fenómeno global. El informe de 2014 de la Federación Internacional de Industria Fonográfica (IFPI) reconoció que el mercado mundial de la música ha venido disminuyendo continuamente: en 2004 tenía un valor de US$ 33.600 millones, en 2008 se fue en caída libre a US$ 18.400 millones y en 2013 bajó de US$ 15.000 millones. El aumento posterior en los ingresos musicales provenientes de la transmisión y descarga en línea ha estado lejos de compensar las pérdidas por la disminución en las ventas de CD y DVD. Datos de 2013 indican que ese año las ventas totales en línea crecieron hasta llegar a US$ 5,9 mil millones, pero el Reporte Global de la Música 2017 de IFPI encontró que ese mismo renglón disminuyó a US$ 4,5 mil millones en 2016.

“Solo el tiempo dirá si blockchain logrará todo lo que nos promete ahora. Salvar a la industria musical haciendo un mercado más transparente, más justo, libre de intermediarios que se alimentan de los talentos de otros sin agregar valor, transfiriendo el control directamente de los creadores a los usuarios”, dice Ignacio de León.

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Johann Chuckaree presentando en el laboratorio de verano en Boston.

Pero para que las tecnologías como la API de Open Music Initiative hagan eso, deben diseñarse pensando en los artistas y en los productores que hacen posible la música. Y esa es la razón por la que McGregor, Kalieva y Chuckaree participaron en el laboratorio de verano de la OMI. Los tres músicos caribeños fueron parte de una cohorte de 20 estudiantes de Estados Unidos y del mundo que recibieron entrenamiento y experimentaron con aplicaciones construidas sobre blockchain, usando inteligencia artificial y guiados por una filosofía de centrada en el usuario desarrollada por IDEO, la firma de diseño mundialmente reconocida que también forma parte de la iniciativa.

Ahora ellos están más conscientes de los desafíos y las oportunidades de este nuevo mundo digital. Y también lo está el BID, esta institución de desarrollo que le ha dado una importancia excepcional a la economía digital y a las industrias creativas. Y por una buena razón: la economía creativa, proporcionalmente, ha superado en su capacidad para generar ingresos a la mayoría de los otros sectores en el mundo y podría crecer exponencialmente en la próxima década. Según un estudio de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, las industrias de derechos de autor contribuyen en más del 5% a la economía del Caribe y generan una proporción similar de puestos de trabajo. En el Caribe, la música es dominante en el sector cultural, lo que hace que la OMI y sus promesas tecnológicas sean aún más relevantes.

Este artículo forma parte de una serie de blogs sobre tecnologías digitales, blockchain e innovación en la industria musical

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Por Roger Santodomingo

Roger Santodomingo es escritor, periodista, productor de cine y televisión con vasta experiencia internacional. Es consultor del BID y en la George Washington University (Washington D.C) se dedica a la exploración de nuevas tecnologías y sus aplicaciones a la comunicación y la democracia. Siguelo en Twitter

 

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