By Jimena Vazquez

A mis hijas les divierte mucho una canción infantil sobre una viejecita que se come una mosca y cree que puede morir a causa de ello. Para remediarlo, se come una rana para que se coma a la mosca, y un pato para que se coma a la rana, y un gato para que se coma el pato… Y así, hasta que eventualmente la viejecita se come un caballo y se muere.

En economía, el fenómeno que describe esta historia se conoce como la teoría de la “segunda mejor opción”: si no es posible lograr condiciones óptimas para resolver un problema, la segunda mejor solución puede tener consecuencias no deseadas. Volviendo al cuento de la viejecita: se murió justamente por comerse a tantos animales con el objeto de remediar algo tan inocuo como haberse comido una mosca. En este post quiero compartir algunas reflexiones sobre otra aplicación de la teoría de la “segunda mejor opción”, un poco más seria que la del cuento de la viejecita.

Hace algunas semanas estuve en la Conferencia Interamericana de la Seguridad Social (CISS) en México, para participar en un seminario muy interesante. Tres de las seis presentaciones que se hicieron ese día reflexionaron alrededor de los impactos que han tenido los servicios de cuidado en Brasil y en México sobre la participación laboral de las madres. Mi reflexión es acerca de un comentario que hizo Gerardo Esquivel, del Colegio de México, y que me tuvo pensando durante gran parte de las casi dos horas que me tomó retornar al aeropuerto.

Gerardo comentaba que a él todavía le hace falta escuchar una buena justificación para el esfuerzo de tantos investigadores de cuantificar el impacto de los servicios de cuidado sobre la participación laboral de las mujeres. Palabras más, palabras menos, él decía “incluso si estos servicios no tienen ningún impacto sobre la participación laboral femenina, ¿es esta una razón para descartarlos? ¿Qué pasa si tienen impactos sobre otras variables, por ejemplo, sobre el desarrollo infantil o sobre el propio bienestar de las madres que, como resultado de contar con este servicio, pueden dedicarse a estudiar?” Y aclaro: Gerardo mismo reconocía que su reflexión no era un desprecio al objetivo de política pública de incrementar la participación laboral femenina. Pero ¿son los servicios de cuidado el instrumento de política para lograrlo?  ¿O es este es un caso parecido al de la viejecita del cuento?

Las reflexiones de Gerardo nos llevan a preguntarnos hasta qué medida es la carencia de servicios de cuidado la que explica la menor participación laboral de las mujeres jóvenes pobres en América Latina y el Caribe. Lo más probable es que ésta sea una restricción pero no la principal. Por el contrario, los obstáculos que enfrenten estas mujeres para ingresar al mercado laboral son varios y tienen que ver con su falta de habilidades (educación, formación, competencias laborales) y con las características de los mercados laborales en la región (poco flexibles, con mucho empleo informal).  Pero, ¿qué nos dicen sobre el tema los estudios recientes que evalúan el impacto de los servicios de cuidado sobre la participación laboral femenina?

  1. En México, las Estancias Infantiles tienen mayores impactos sobre los resultados laborales de las mujeres que no trabajaban antes de ingresar al programa. Sin embargo, ellas representan apenas un 23% de las beneficiarias pues el resto ya usaba otros servicios de cuidado para sus hijos antes de ingresar a las Estancias. Esto se desprende de la evaluación de impacto de dicho programa preparada por Gustavo Ángeles y otros autores.
  2. Con datos de encuestas de hogares,  Mercedes Mateo y Lourdes Rodríguez encuentran que los servicios de cuidado infantil de bajo costo que proveen las Estancias Infantiles  impactan positivamente la probabilidad de que una madre con hijos de 0-6 años de edad busque o acepte un empleo. Además, parecería que aquellas madres que ya trabajaban antes de usar el servicio remplazan arreglos de cuidado más precarios por el servicio que brindan las Estancias. Gabriela Calderón (inglés) examina el mismo tema pero usando otros datos y además de confirmar los efectos positivos del programa sobre el empleo femenino, encuentra que el programa mejoró la calidad del empleo de estas madres y redujo el tiempo que dedican a la crianza de sus hijos.
  3. En Brasil, Ricardo Paes de Barros y otros autores analizan datos de Rio de Janeiro y encuentran que la mayor oferta pública y gratuita de servicios de cuidado tuvo un impacto importante sobre el empleo de las madres (de 36 a 46%) que se tradujo en una mejora del ingreso familiar de 16%. No aumentó el número de horas trabajadas entre las mujeres que ya trabajaban antes de usar este servicio.

Esta evidencia es consistente con la hipótesis de que las restricciones que impiden a las mujeres pobres participar en el mercado laboral está parcialmente relacionada con su acceso a servicios de cuidado para sus hijos, pero que además seguramente hay otros factores importantes que también inciden en esa decisión. Con esta duda saldada, entonces, tiene todavía más sentido la reflexión de Gerardo. Los que asistimos a la conferencia del CISS estuvimos de acuerdo en que hace falta mucha más investigación sobre la economía de los servicios de cuidado en América Latina. Y yo regresé pensando también que es hora de que abordemos el tema desde otros ángulos.

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Showing 7 comments
  • Clarissa Nuñez
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    Me gusta este tema. Me siento identificada como investigadora y como madre. En nuestro país, las ofertas de cuidado son sobre todo privadas, por lo que las madres más pobres no tienen acceso. Pero aunque tengan acceso, hay otras barreras que son grandes obstáculos y que se relacionan con las relaciones de poder y la inequidad de género en la cual el hombre no asume el cuidado de sus hijos. En mi país Honduras existe una tasa alta de paternidad irresponsable, muchas madres solteras. Lastimosamente la sociedad tiene la cultura de culpabilizar y responsabilizar a la mujer de la planificación, cuidado y manutención de los hijos. Debido a estos factores, más que pensar en los servicios de cuidado hay que pensar en la cultura de cuidado en la región para mejorar los servicios. Saludos.

    • María Caridad Araujo
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      Estimada Clarissa: Muchas gracias por tu aporte. Tu invitación a pensar en la cultura de cuidado y replantear paradigmas y creencias es sin duda muy buena. Te invito a seguir el blog pues hemos programado un par de contribuciones muy interesantes que abordan ese tema en las próximas semanas. También es un tema que ha surgido en otros posts recientes, como el de Hugo Ñopo.

  • Fernanda Gonzalez
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    Muy interesante tu reflexión, María Caridad. Claro que el tema es profundamente más complejo y que el debate debe pasar por otros tamices. En la Argentina, muchas madres con empleos informales (e incluyo aquí y de manera excepcional la mendicidad) salen a las calles hasta altas horas de la noche con sus hijos pequeños, con todos los riesgos que ello conlleva. Si bien el Estado cuenta con alguna oferta en este sentido, siempre es escasa frente a la demanda. Por otro lado, en las clases medias, las condiciones laborales (que lamentablemente no hacen ninguna diferencia cuando se trata de madres con hijos pequeños) obligan a las mujeres (y a las parejas, por qué no) a dejar prácticamente “internados” a sus niños 8 o 10 horas en guarderías y escuelas, seguramente (y si tiene suerte) cerca de muchos estímulos cognitivos pero alejados de los afectos y el juego libre. Saludo la posibilidad de que en América Latina podamos empezar a debatir estos temas.

    • María Caridad Araujo
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      Estimada Fernanda, levantas varios temas complejos e importantes. El tema de cómo un servicio de cuidado impacta el desarrollo de un niño está directamente asociado, por un lado, a la calidad de ese servicio y de las interacciones y experiencias afectivas que el niño reciba en él (hemos escrito varios posts sobre este tema, ¿los viste?. Al mismo tiempo, este impacto es relativo al que hubiera sido el arreglo de cuidado de esa familia de no contar con un servicio de cuidado. En algunos casos, como mencionas tú, se trata de arreglos precarios: tener a los niños en la calle, a cargo de otro niño o solos en la casa. Es necesario abordar el problema con un enfoque integral, centrado en las necesidades del niño, pero que identifique y resuelva las restricciones y factores de riesgo que enfrenta ese hogar y que le obligan a adoptar una u otra opción.

  • Yolanda
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    Interesante tema, para abordar la realidad de la madre trabajadora que requiere dejar a sus hijos en buenas manos cuando debe salir a trabajar. Por supuesto que la calidad del servicio depende del nivel económico de los padres. No obstante para facilitarle a madres de bajos recursos, una politica pública al alcance de estas madres debe estar centrada en una atención gratuita y de calidad, manera que la madre de pocos recursos, muchas veces hace de madre y padre, pueda dejar a sus críos mientras busca el sustento para ellos mismos, así le permita también estudiar. El impacto debe ser de integrar a la mujer al mercado laboral, producir y crear por ella misma sus ingresos, para mejorar la calidad de vida de sus hijos.

    En diagnósticos comunitarios junto con alumnos de Gestión Social pudimos observar que una de las demandas por parte de las madres jóvenes era solicitar para su comunidad una casa además ya en acción una de alimentación, se construyera otra donde otras madres podían cuidar de otros niños mientras otras trabajaran. Los Simoncitos (casas maternales con esas características) pueden dar el impulso a centros de madres de escasos recursos que también podrían contar con recursos privados y rebajarse de sus impuestos.

    • María Caridad Araujo
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      Gracias por tu comentario Yolanda. Justamente nuestro argumento es que la calidad del servicio no debería depender del estatus socioeconómico de la familia. Hay abundante evidencia que documenta que el cuidado de calidad durante la primera infancia tiene retornos particularmente altos en especial para los niños de hogares más vulnerables.

  • Cristina Arellano
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    Yo creo que además de los servicios de cuidado infantil de calidad,sería importante tener en cuenta y poner en mesa de debate la concientización hacia la responsabilidad de los padres(Varones para ser específica) en el cuidado del niño, junto con la flexibilidad laboral para las madres en su centro de trabajo, es decir encontrar la manera de crear opciones de empleo (como el teletrabajo o el trabajo con jornadas de menos tiempo basado en la productividad eficiente) debido a que es frecuente encontrar madres que terminan trabajando en el comercio informal precisamente porque en ocasiones resulta dificil dejar a los pequeños en estancias infantiles por alrededor de diez horas. En Mexico los servicios de guarderia del IMSS son gratuitos hasta cierta hora, si la madre es soltera y no tiene familiares con quien apoyarse debe de pagar minimo $25 pesos por hora extra y no es comun encontrar una guarderia que otorgue este servicio de cuidado extensivo, por otro lado las guarderias de la Secretaria de Desarrollo Social tienen becas para madres de escasos recursos (estas deben pagar $800.00 pesos mensuales) y de igual forma en algunos centros se cobra por hora extra (despues de las 4 pm). yo creo que pensando en el ingreso promedio que tendria una madre adolescente (creyendo que sea de 2 salarios minimos Mexicanos) estariamos hablando de un ingreso promedio de $3,000.00 pesos mensuales, de los cuales si el niño es menor de 1 año, hay que descontar gastos de pañales, de leche, y de todas las prendas que piden como requisito para el cuidado del niño, ahora imaginen si esta misma madre no tuviera casa y por consiguiente tuviera que pagar renta. Saludos y me parece atinado que se comience a hablar de estos temas.

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