Por Clara Alemann. 

La desigualdad de género se manifiesta en un acceso inequitativo a oportunidades y recursos que determinan perspectivas diferentes para el desarrollo pleno de las capacidades de hombres y mujeres, niños y niñas desde su nacimiento, y tiene un rol importante en la reproducción de la pobreza. La desigualdad de oportunidades se reproduce, en parte, porque la desigualdad de género no es percibida como uno de los factores determinantes de los problemas de desarrollo que tratamos de resolver, ni es una prioridad en la agenda de la mayoría de los países.

Una ONG que trabaja en el Desarrollo Infantil llamada Plan provee un análisis detallado de cómo el género determina las oportunidades de desarrollo de niños y niñas a lo largo de su vida (El estado mundial de las niñas 2011). Los capítulos 1 a 3 de este informe se enfocan en los primeros años. En el diagrama de la imagen, se ilustran los riesgos que enfrenta una niña al nacer y las contrastantes trayectorias de vida que ésta podría tener en función de lo que ocurra durante las etapas claves de su desarrollo. Si recibe el cuidado y la inversión que necesita por parte de su familia, de su comunidad y del estado, podría convertirse en una ciudadana activa y segura, capaz de procurar por su bienestar, el de su familia y sociedad. O su historia podría ser muy diferente, y podría caer en la trampa de la desnutrición, la falta de educación y la vulnerabilidad a un embarazo no planeado durante la adolescencia o al VIH/SIDA. Esto la mantendría atrapada en la pobreza, y probablemente la transmitiría a sus hijos. Sabemos que esta trayectoria no es inevitable si en todos los niveles se invirtieran los recursos adecuados para evitar la acumulación de estas “trampas”.

Creo que es esencial que los diálogos de políticas y la asistencia técnica que brindamos a intervenciones de desarrollo infantil temprano integren la dimensión de género. ¿Por qué? Porque se trata de un lente importante a través del cual analizar los determinantes y las posibles soluciones de las vulnerabilidades específicas que enfrentan madres, padres, niñas y niños. Son ellos a quienes estamos tratando de brindar las condiciones necesarias para desarrollar sus capacidades al máximo y elegir proyectos de vida que consideren significativos. En definitiva, un proyecto que integra un análisis sensible de cómo el género afecta las posibilidades de desarrollo de los niños y sus madres y padres, e incorpora estrategias adecuadas para equilibrar disparidades existentes, debería también reflejar este enfoque en la medición de sus impactos, a través de indicadores de género adecuados.

Pero más concretamente, ¿qué quiere decir esto en el área de desarrollo infantil temprano (DIT)?

Integrar una perspectiva de género en el análisis y diseño de una intervención de DIT implica pensar en modalidades de cuidado y acompañamiento familiar que tomen en cuenta las distintas conformaciones familiares y las vulnerabilidades específicas que experimentan las madres, padres o cuidadores de los niños que atenderá el programa. Por ejemplo, un enfoque de este tipo identificaría desigualdades de género en la distribución del trabajo, en las responsabilidades de cuidado, en los riesgos de mortalidad/morbilidad.

En un próximo post, desarrollaré brevemente algunos de los temas más importantes que pienso debemos tener en cuenta al integrar una perspectiva de género en programas de DIT. Propongo agruparlos en dos dimensiones:

  1. Aspectos relacionados con las vulnerabilidades psico-sociales y económicas de los padres y cuidadores, y con cómo apoyarlos para que puedan cuidar de su salud y la de sus hijos, desarrollarse ellos mismos y aprender competencias parentales.
  2. El diseño del componente educativo de los programas de DIT, especialmente para niños de 3 a 6 años.

Clara Alemann es consultora de la División de Género y Diversidad. Su trabajo se centra en el análisis de los determinantes sociales de la pobreza, y la integración de un enfoque de género y diversidad en el diseño e implementación de estudios y operaciones de protección social y salud, en las áreas de salud sexual y reproductiva, programas de transferencias condicionadas, desarrollo infantil temprano y juventud en riesgo.

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Showing 2 comments
  • Danitza Jaramillo Coria
    Responder

    Clara, me parece excelente el artículo y quedo a la espera de tu próximo post.
    He trabajado por varios años en JUNJI Chile y he visto cómo se van integrando estas variables a la práctica, sin embargo, es un proceso lento y determinante en las brechas, sobre todo cuando al género le sumas interculturalidad o necesidades educativas especiales. Hay mucho camino por andar.

    • Clara
      Responder

      Muchas gracias Danitza por tu interes. Concuerdo plenamente con que “hay mucho camino por andar todavia” y con que los determinantes sociales de las brechas en desarrollo infantil como de otras dimensiones de la pobreza, incluyen no solo inequidades o vulnerabilidades basadas en el genero, sino tambien en la pertenencia etnica, raza, la edad de los padres, y las necesidades especiales, entre otras.

      En las dos dimensiones mencionadas arriba en el post (trabajo con padres/cuidadores y diseno de programas educativos para niños)seria deseable que los servicios de DIT promuevan la igualdad de genero y la interculturalidad, tanto a traves de los contenidos y curriculo, como en la interaccion entre padres y cuidadores, asi como entre estos ultimos y los niños, especialmente tomando en cuenta que entre los 3 y los 6 años l@s niñ@s moldean su identidad, habilidades y autoestima a partir de las interacciones con adultos en sus casas y centros de cuidado/educativos.

      Promover la igualdad de genero y la interculturalidad en los programas de DIT podrian, idealmente, formar parte de los componentes por los cuales se determinaria la calidad de dichos servicios. Pero para hacer esto, es importante que quienes disenan dichos programas se preocupen por conocer desde una mirada intercultural y de genero, las especificidades de la poblacion a la que intentan alcanzar, asi como las barreras de acceso a dichos servicios que pueden constituir obstaculos para que algunas familias participen y/o aprovechen los beneficios en terminos de estimulo, atencion, cuidados y oportunidades que se proponen ofrecer. Chile tiene experiencias muy intersantes especialmente respecto a la interculturalidad en programas de DIT, asi como de servicios de salud materno-infantil y crianza asociados a ellos.

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