La Chacarita Alta comparte las características de muchos de sus barrios hermanos en América Latina y el Caribe. Son barrios hermanados por su origen y por sus carencias. A través de un proyecto apoyado por el BID, Chacarita Alta espera formar parte de otra familia: la de los asentamientos que están en camino de superar sus adversidades gracias a un programa de mejoramiento integral de barrios.

En pleno corazón del viejo Asunción, frente a la bahía que forma el río Paraguay, se encuentra el barrio de la Chacarita, uno de los barrios más antiguos, cuya historia está ligada a los vaivenes de las crecidas del río, las viejas chacras donde se cultivaban hortalizas (de allí el nombre del barrio), los pescadores de la bahía y la Guarania: un género musical tradicional del Paraguay creado por el músico José Asunción Flores, uno de sus residentes más famosos. El  barrio comenzó a formarse hace más de seis décadas como resultado de una ocupación informal de terrenos en la costa norte del Río Paraguay por parte de una población, que venía mayormente del interior del país, en busca de nuevas oportunidades.

La Chacarita se encuentra geográficamente situado en una ladera, entre el centro histórico de Asunción y la nueva avenida costanera a lo largo el rio Paraguay, lo cual lo transforma un lugar único y estratégico de la ciudad. Asimismo, por su antigüedad, es una de las zonas más densamente pobladas de la capital paraguaya. Es un barrio de calles angostas y pasillos, atravesado por tres cauces de agua que desembocan en la bahía, y en torno a ellos se arremolinan las viviendas con fachadas multicolores y forman terrazas que recuerdan a algunos barrios de Rio de Janeiro o Medellín.

Los habitantes de La Chacarita Alta hoy son un grupo social y económicamente diverso. Allí vive mayormente gente trabajadora de bajos ingresos que busca la manera de subsistir con los problemas que significa formar parte de uno de los barrios más olvidados. Sin embargo, es su cercanía a los lugares de trabajo y los servicios del centro de la ciudad es la que, aún hoy, sigue motivando a los chacariteños a quedarse en el barrio.

Entre sus carencias, se encuentran servicios básicos insuficientes, problemas ambientales, desintegración urbana, e informalidad. Este barrio enfrenta problemas como la ausencia de alcantarillado sanitario y drenajes pluviales, con la existencia de barrancos y quebradas que representan un riesgo para la población. El último censo realizado por el proyecto en el año 2015 identificó que 37 por ciento del total de viviendas están en zonas con riesgos de deslizamiento. Los barrancos son utilizados como vertederos de basura a cielo abierto y 59 por ciento de las viviendas declararon que eliminan aguas residuales en ellos. Los riesgos se incrementan al asociarse a la contaminación de suelos por arrastre de basuras y, en general, a los impactos sanitarios que supone la acumulación de decenas de toneladas de residuos, en un entorno densamente poblado (4,4 personas por hogar).

El 98% de las viviendas tienen servicios de energía eléctrica y el 46% de agua de la red pública, en ambos casos con una combinación de conexiones formales e informales. Pero el asentamiento no está integrado a la trama urbana del centro. Por el contrario, presenta una malla distinta a la regular, conformada por calles que se interrumpen y una compleja red de pasillos en una topografía en pendiente. Hay pocos equipamientos sociales y los espacios públicos son prácticamente inexistentes. Además el barrio presenta problemas de inseguridad, asociados a actividades al margen de la ley.

Otro factor común de La Chacarita Alta con otros barrios informales es que una proporción significativa de hogares no tienen empleo ni ingresos permanentes: sólo 37% de los encuestados entre 14 y 65 años indicó estar ocupado. Adicionalmente, muchos hogares perciben ingresos como resultado de actividades informales de reciclamiento de residuos sólidos que se realizan en las mismas viviendas del asentamiento.

Con ese panorama, los habitantes de Chacarita Alta han comenzado a tomar acción para cambiar su situación de vida. El proyecto de Mejoramiento de la Vivienda y el Hábitat integral para La Chacarita Alta ya ha comenzado hacia finales de 2015 con el trabajo social que es requisito previo a la etapa de obras. El proyecto cuenta con la participación activa de la Secretaría Nacional de la Vivienda y el Hábitat (SENAVITAT), que es el organismo ejecutor del proyecto, el Municipio de Asunción que es la institución propietaria de las tierras a regularizar, y Hábitat para la Humanidad, que está llevando a adelante el trabajo social mediante una donación del Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN) y con el acompañamiento de la Empresa de Desarrollo Urbano de Medellín (EDU), que transferirá su metodología y experiencia en mejoramiento integral de barrios a las instituciones locales. El programa también se nutre de la experiencia acumulada del BID en programas exitosos de mejoramiento de barrios tales como Favela Bairro, en Rio de Janiero, Brasil, y PROMEBA, en Argentina, los cuales constituyen referentes latinoamericanos en la materia.

Pero el corazón de esta operación es la participación de los vecinos del barrio en el diseño del plan maestro y de las obras. Con la participación de los vecinos se decidirá qué obra realizar primero. Además recibirán capacitación para trabajar en los proyectos para transformar el barrio, formación para emprender actividades productivas en áreas como turismo, artesanías, gastronomía, reciclaje informal, y comercio, entre otros.

Precisamente, Hábitat para la Humanidad-Paraguay, desarrolló una alianza con el innovador programa de emprendimiento social Sonidos de la Tierra para el fortalecimiento de la Escuela de Música La Chacarita y así impulsar un proceso de participación comunitaria y promover la cohesión de la comunidad.

Sonidos de la Chacarita (3) from el BID – the IDB on Vimeo.

Además de realizar intervenciones de formalización y provisión de infraestructura básica y urbana, el programa incluye un componente de atención a hogares que no tienen fuentes de ingresos permanentes y requieren de orientación para formalizar sus actividades. En tal sentido, la incorporación de actividades de generación de empleo en la zona es imprescindible para que estos hogares superen la situación de pobreza e informalidad. La generación de ingresos en el barrio contribuye directamente al mejoramiento de sus condiciones de habitabilidad y a la sostenibilidad de las intervenciones (por ejemplo, el pago de los servicios públicos).

El programa espera mejorar la calidad de vida de más de 1.000 hogares de bajos ingresos. Su naturaleza integral y multisectorial contribuirá al mejoramiento de la calidad de vida en el barrio y sus zonas contiguas, en un área densa y consolidada de la ciudad que tiene alto valor histórico e inmobiliario. Así, este programa espera ser la semilla para que el barrio pase de la hermandad de los barrios informales a la hermandad de los barrios que han tomado en sus propias manos el camino para mejorar sus vidas.

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Roberto Camblor es especialista urbano de la División de Vivienda y Desarrollo Urbano del BID.