La Nueva Agenda Urbana (NAU) es un documento resultante de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Vivienda y el Desarrollo Urbano Sostenible (HIII) que se llevó a cabo en octubre de 2016 en Quito, Ecuador. Este documento, el cual pretende servir como guía para la planificación y el desarrollo urbano en las próximas dos décadas, plantea con preocupación: “La población urbana mundial se duplicará para 2050 (…) ello acarrea enormes problemas de sostenibilidad en materia de vivienda, infraestructura, servicios básicos, seguridad alimentaria, salud, educación, empleos decentes, seguridad, ambiente, entre otros.”

Ya para 2006, el déficit habitacional en América Latina y el Caribe se cuantificó en 18.7 millones de hogares urbanos. Para 2011, CEPAL lo cuantificó en 22.7 millones. Al duplicarse la población urbana, el déficit crecerá significativamente. Adicionalmente, los gobiernos requieren más de 310.000 millones de US$ para cubrir el déficit acumulado, y 70.000 millones de US$ cada año para atender la demanda anual de 2 millones de viviendas en sectores de bajos recursos. Al duplicarse la población, la demanda anual se duplicará y no podrá ser atendida, con lo que el déficit acumulado seguirá creciendo.

Si incorporamos la variable de vulnerabilidad ante amenazas naturales como terremotos, huracanes, inundaciones, sequías, fenómenos hidrometeorológicos extremos y cambio climático, revelamos una realidad todavía peor: las cifras se incrementan significativamente. Esto es debido a que dos terceras partes de las viviendas de América latina, han sido “autoconstruidas” por sus pobladores, sin ningún apoyo técnico, por lo que no tienen suficiente capacidad estructural para resistir las amenazas naturales. Si tomamos en cuenta esta situación, el déficit es mucho mayor que el evaluado oficialmente y se acerca a los dos tercios del total de las viviendas de la región.

Ante la ausencia de recursos financieros e institucionales para atender esta creciente demanda, los pobres de América latina continuarán generando sus propias soluciones habitacionales y el hábitat de las ciudades. Esta es la cruda realidad y, para enfrentarla, es necesario lograr un profundo y eficiente vuelco en las políticas de desarrollo urbano, y en las visiones y métodos de gobierno. Hacia la atención de este grueso problema, se dirige la Nueva Agenda Urbana.

Frente a esto, ¿qué propone la Nueva Agenda Urbana?

Al reconocer las limitaciones presupuestarias e institucionales y, paralelamente, con el accionar indetenible de los pobladores, se produce un cambio en la comprensión del desarrollo urbano. Las acciones deben orientarse, no a dotar al habitante de la ciudad de una vivienda y de un hábitat que le sea adecuado—el cual ha sido el principal eje de las políticas de desarrollo urbano y vivienda—sino a dotar a los ciudadanos de herramientas que les permitan desarrollarse como ciudadanos y como sujetos, y contribuir a desarrollar adecuadamente la ciudad.

Se trata de reconocer que las personas son el centro del problema y de la solución, y de impulsar el desarrollo humano sostenible, apoyándolo en una amplia concertación de políticas públicas, incluyendo las de desarrollo urbano. La Nueva Agenda Urbana (NAU) lo define como: “Apoyar políticas de vivienda que promuevan enfoques integrados locales abordando los firmes vínculos entre educación, empleo, vivienda y salud, para prevenir la exclusión y la segregación.”   En otras palabras, el desarrollo urbano debe convertirse en un motor de desarrollo económico, social, humano, que resguarde el ambiente y genere bienestar, justicia y equidad.

La NAU tiene tres objetivos fundamentales: promover la calidad de vida; una economía incluyente y competitiva; y el desarrollo urbano resiliente y sostenible. A partir de estos objetivos, este documento establece una serie de retos que buscan orientar a las instituciones para alcanzar una visión integradora y centrada en las personas, en otras palabras, en el Desarrollo Humano Sostenible. El resumen de estos retos es el siguiente:

  • Atención a necesidades, servicios y calidad de vida (para el desarrollo de las personas)
  • Conocimiento, capacitación, emprendimiento y desarrollo productivo (para combatir la exclusión)
  • Desarrollo de redes y capacidades asociativas (incentivo a la participación y la asociatividad)
  • Desarrollo del emprendimiento y de la productividad, para el crecimiento económico de la gente.
  • Fortalecimiento institucional y de la gobernanza (normativas, descentralización, participación), entre otros.
  • Vivienda, infraestructura, planificación urbana (planificación y ejecución de proyectos)
  • Ambiente y reducción de riesgos de desastres.
Barriada de Lima. Foto: Jorge Gobbi

Barriada de Lima. Foto: Jorge Gobbi

Dar un paso adelante, en la dirección de la gente

Si el diseño de programas de vivienda y de desarrollo urbano se realiza solamente desde la visión del gobierno, se corre el riesgo de reforzar la idea de un Estado todopoderoso y paternalista. Se busca, con nostalgia, volver a un tiempo (en realidad inexistente) en el que eran más eficientes (o eso creíamos) las políticas de Estado, tiempos en los que el discurso del gobierno estructuraba la realidad desde su posición de poder.

Si bien se ha ido dando el paso de desplazar, al menos parcialmente, el centralismo de los gobiernos hacia las ciudades, debe continuarse este esfuerzo en el acercamiento a las personas, al sujeto. Ese será el rol principal del Estado: lúcido, promotor, facilitador. Ese debe ser el rol de las instituciones, abrir el camino a la energía económica y social producida por el simple deseo de vivir en estas pobladas y densas ciudades latinoamericanas. Acompañar ese deseo de vida con las mejores decisiones financieras y de políticas públicas, fortaleciendo la confianza y el consenso. He aquí el Estado por elaborar, por reconstruir, a partir del Estado vaciado de su rol de Todopoderoso. He aquí el primer paso hacia el desarrollo humano y la sostenibilidad.

Carlos Genatios es Ph.D en Ingeniería Civil, Coordinador General de la Red Geopolis, para la Reducción de Riesgos de Desastres en Latinoamérica, Académico de Número de la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat, ingeniero consultor en ingeniería sísmica, vivienda, infraestructura, reducción de riesgos de desastres y ciencia y tecnología. Profesor titular de la Universidad Central de Venezuela. Fue ministro de Ciencia y Tecnología, Director General del Ministerio de Desarrollo Urbano y Viceministro de Infraestructura, Presidente del Consejo Andino de Ciencia y Tecnología. Es autor de 14 libros, 150 artículos científico-técnicos, 300 artículos de opinión y numerosos proyectos de infraestructura, ingeniería sismorresistente y reducción de riesgos de desastres. Consultor del BID, CAF, CEPAL. Es comendador de las Palmas Académicas y Gran Oficial del Orden del Mérito de la República Francesa.