No todas las ciudades son permanentes. De hecho, gran parte de los asentamientos emergentes están constituidos en gran medida por componentes temporales. Grandes mercados como el mercado de Tepito en México o celebraciones masivas como África Burn en South África generan enormes construcciones ligeras de carácter temporal dentro y fuera de las ciudades. La ciudad de Mumbai en India, por ejemplo, está hecha en más de un 40% de material ligero, acomodando comercio, celebraciones e incluso vivienda.

Estas porciones de ciudad están en constante cambio, desafiando la idea de que las ciudades tienen que ser permanentes. Llevando esta idea al extremo, podemos ver que existe un gran número de asentamientos efímeros que se despliegan en periodos muy comprimidos de tiempo, los que desde un inicio cuentan con una fecha de expiración.

Estos usos masivos—religiosos o no—son clave para el tejido social y funcionamiento de las ciudades emergentes. En ellas se liberan presiones, se negocian diferencias y la intensidad de los eventos que en ellas ocurren posibilitan momentos catárticos que reúnen a todas las personas de manera horizontal, disolviendo limites y separaciones. Sin embargo, muy poco aún sabemos sobre cómo acomodar estos usos dentro de nuestras ciudades de manera eficiente y productiva.

En este post, analizaré el Kumbh Mela, la ciudad efímera más grande del mundo y enunciaré posibles aprendizajes sobre cómo acomodar mejor los usos temporales de nuestras ciudades.

La ciudad efímera más grande del mundo

En India, en la rivera de los ríos Ganges y Yamuna, en las cercanías de la ciudad de Allahabad, cada doce años se produce una estampida humana: el Kumbh Mela, una peregrinación de 55 días en la que más de cien millones de personas de todos los rincones del mundo montan una ciudad con el fin de realizar un baño sagrado.

kumbh melaVista del Kumbh Mela de Dia desde Shastri Bridge. Foto: Felipe Vera 

Esta mega-ciudad ‘pop-up’ sirve a unos 5 a 7 millones de habitantes que se reúnen durante cinco semanas y a un flujo adicional de 10 a 20 millones de visitantes que concurren aquel lugar por ciclos de 24 horas, durante las principales cinco fechas de baño. Es impensable que el propósito de esta confluencia pueda llevarse acabo sin la más fina organización. Es por ello que durante ese tiempo, los participantes de la reunión pública más grande del globo convierten este asentamiento efímero en una ciudad funcional, la que replica todos los elementos de una permanente: caminos desmontables, puentes flotantes, carpas de algodón, espacios para reuniones espirituales y múltiples edificaciones de infraestructura social.

Una vez terminado el festival, la ciudad completa se desarma tan rápido como fue desplegada, revirtiendo la operación constructiva, despiezando el asentamiento en sus componentes básicos y reciclando la mayor parte del material utilizado. Cuando la actividad de desmontaje acaba, el sitio restablece sus patrones naturales anuales. Personas de poblados cercanos preparan paños agrícolas para plantar vegetales estacionales, como pepinos y calabazas. El césped grueso o la paja que sirvió de estera para los suelos de las carpas es usualmente quemado, haciendo más fértil la tierra. Se construyen pequeños pozos en las cercanías creando un sitio agrícola fecundo. El terreno de cremación es eventualmente invadido por la vegetación y la ribera del río es recolonizada.

¿Qué podemos aprender del Kumbh Mela para acomodar mejor los usos temporales en las ciudades de América Latina y el Caribe?

Son muchas las lecciones que se pueden extraer, sin embargo, aquí nos enfocaremos solo en una: la reversibilidad. Para el caso de esta ciudad en India, el encontrar con una mega estructura urbana completamente reversible es uno de los mayores atributos que soporta y permiten su macro despliegue físico y material. En ella, se emplean técnicas constructivas low-tech basadas solo en cinco materiales básicos. La simpleza constructiva y de los materiales posibilita la construcción de los edificios y las morfologías más espectaculares. Estas construcciones consideran a-priori la posibilidad de revertir todas las operaciones una vez terminado el festival. Esto también permite que los materiales sean reciclados mediante su reincorporación a las economías regionales de la construcción e industrias locales, haciendo de la ciudad, la única ciudad del mundo 100% reciclable.

Frente a este ejemplo cabe preguntarse: ¿qué pasaría sí coordináramos la reutilización en nuestras festividades?

En nuestra región, desde hace decenas de años ocurren festividades de características similares a la recién descrita. En la ciudad de Cusco, Perú, cada solsticio de invierno se celebra Inti Raymi en honor al dios del sol, convocando entre 80.000 a 120.000 personas.  La Paz, Bolivia, reúne a más de 40.000 folcloristas cada año en el festival del Gran Poder para representar el sincretismo religioso que mezcla tradiciones católicas y costumbres Aymaras.

Inti RaymiVista del Inti Raymi en Los Andes Peruanos. Foto: Cynthia Motta 

Por su parte, en Coquimbo, Chile, cada año se celebra La Pampilla, una tradición no religiosa en la que se rememora la primera junta nacional de gobierno, y en la que cientos de familias llegan a instalarse con carpas y petacas en la explanada de la ciudad para disfrutar de las instalaciones temporales, el comercio y todo lo necesario para vivir en comunidad mientras dure la fiesta.

La PampillaCiudad Temporal de la Pampilla en Coquimbo. Foto: Pampilla.cl

A diferencia del caso de India, nuestra región aún puede prepararse mejor al momento de recibir estos explosivos incrementos demográficos. De todos los festivales anteriores quedan entre 30 y 80 toneladas de basura de las cuales deberíamos hacernos cargo en conjunto. En el caso de la fiesta de la Pampilla, por ejemplo, hay grandes oportunidades para articular un mejor despliegue de infraestructura coordinado y de gestión del asentamiento temporal. En este caso, la cantidad de desechos no reciclables hacen que los esfuerzos por recomponer el lugar luego de las fiestas sean titánicos.

Si bien, es muy importante acomodar estas reuniones masivas en nuestras tramas urbanas y entender sus dinámicas de funcionamiento en la región, debemos también lograr que sus huellas ecológicas dejen de ser nocivas y comiencen a ser tomadas como oportunidades para mejorar las ciudades que las albergan, capitalizando en las inversiones que se realizan para soportar estos grandes eventos. Esta forma de urbanismo desafía la noción de las ciudades como las conocemos. Un gran desafío para la región, está en avanzar en la modulación de estos cambios mediante estrategias de diseño que permitan la producción de estructuras flexibles, elásticas, y débiles, a cualquier escala, acomodando también, los usos temporales y extremos del espacio urbano.