Xalapa 2

Foto por Flickr pacomexico

Muchas ciudades latinoamericanas cuentan con una infraestructura poco óptima para fomentar la peatonabilidad  ¿Será posible revertir esta situación y volver nuestras ciudades más caminables?

Esta pregunta me surgió durante una reunión que tuvimos con oficiales municipales de Xalapa, ciudad mexicana que se integró a ICES este año. Esta ciudad, capital del estado de Veracruz, cuenta con una población de más de 400 mil habitantes, y tiene una tradición cultural y académica sumamente significativa. Es famosa además por ser uno de los centros cafetaleros más importantes del país.

En esa reunión, los encargados en el Ayuntamiento de los temas de desarrollo urbano nos mencionaron que, de acuerdo al último estudio de movilidad con que cuenta la ciudad, el 20% de los viajes en esa entidad son a pie. Esta tasa nos sorprendió a todos gratamente.  En promedio, de acuerdo a las encuestas de opinión publica de ICES, el número de viajes peatonales va del 5 al 10%; de hecho, si una ciudad tiene niveles del 15% es una cifra alta. Pero los números que nos estaban dando sobre Xalapa corresponden a ciudades de países europeos, donde la cultura peatonal está mucho más consolidada.

En octubre próximo el equipo ICES realizará la primera misión a esa ciudad mexicana y es entonces cuando podremos entender con mayor detalle a qué se deben esos altos niveles de viajes peatonales. Pero, tomando en cuenta las experiencias que hemos tenido en otras ciudades, para mí es altamente probable que el secreto de Xalapa estriba en al menos tres cuestiones fundamentales: una infraestructura mucho más amigable para el peatón, una cultura vial consolidada y un desarrollo urbano compacto. Veremos qué opina al respecto la firma danesa Gehl Architects que, tal y como lo está haciendo en Mar del Plata, apoyará a ICES en ésta ciudad mexicana y buscará definir alternativas innovadoras de desarrollo urbano que den prioridad a los peatones y ciclistas por sobre los automóviles. Yo por mi parte prometo informarles de los resultados aún y cuando mis presagios no sean atinados.

Pero en el entretanto de nuestra visita a Xalapa me quedé pensando,
5652747362_675e3a0321_mmás allá del dato del 20% que nos dieron en la reunión, en por qué muchas ciudades latinoamericanas tienen bajos niveles de viajes peatonales comparadas a las urbes de otras regiones del mundo, y qué podríamos de hacer para que la gente camine más. Después de todo el caminar es no solamente el medio más barato de transporte, sino también el menos contaminante y el más sano. De hecho, si camináramos más, nuestras ciudades, sean grandes o medianas, serían mucho más sostenibles y habitables.

El dato más fresco que tenía para aclarar mis dudas era el de un diagnóstico de peatonabilidad que ICES llevó a cabo en otra ciudad mexicana localizada exactamente al extremo opuesto de Xalapa: La Paz, en el estado de Baja California Sur. En ese diagnóstico, se mencionan problemas que son comunes a varias ciudades de América Latina: las aceras no tienen un ancho estandarizado, no existe un número adecuado de estacionamientos y no hay árboles o arcadas que protejan de los rayos solares.  Otro problema que también se menciona es la incidencia que tiene en la peatonabilidad local el desarrollo urbano disperso. 

Después busqué en internet información adicional, y encontré un estudio de 2011 elaborado por la Corporación Andina de Fomento, el cual analiza el desarrollo urbano y la movilidad en 15 ciudades grandes y medianas de Latinoamérica. De acuerdo a estos datos, el total de vías destinadas a los peatones y ciclistas en esas ciudades sumaba apenas 996 km dentro de un sistema de vías con una extensión total de 245.000 km.

Los datos que pude recabar me llevaron a concluir que el origen del problema de la peatonabilidad en las ciudades de América Latina tiene muchas aristas y es bastante complejo. Pero por fortuna, de acuerdo a experiencias observadas en otras ciudades, muchas de las soluciones que se pueden implementar al respecto no representan gastos financieros exorbitantes. En Londres, ciudad que cuenta con una política de fomento a la peatonabilidad, algunas de las medidas que se adoptaron fueron tan sencillas como la eliminación de obstáculos en las aceras (cabinas telefónicas, postes de luz, vendedores ambulantes), o una normativa específica para que los cruces peatonales sean estandarizados y claramente visibles tanto para el conductor como para el transeúnte.

DSC_0151 (2) by brianburk9, on Flickr

Foto por  brianburk9 

En esencia, la falta de espacios peatonales es, como la mayoría de los problemas urbanos, un tema transversal el cual se debe solucionar mediante intervenciones integrales en varias áreas. Pero esto, más que un problema complicado, podría representar una oportunidad para las ciudades intermedias latinoamericanas.  Si tomamos el fomento a la peatonabilidad como el eje de la sostenibilidad urbana, inspirándonos en la filosofía de Gehl Architects, es muy probable que observemos efectos benéficos en otras áreas: disminución del tráfico (con la consecuente mejora en la calidad del aire), una iluminación pública más eficiente, mayor cantidad de espacios públicos, mejora en los sistemas de transporte e, incluso, incrementos en los niveles de seguridad pública, por mencionar solamente algunos ejemplos.

La labor de ICES en nuestra región le da un peso muy importante a la implementación de medidas pro-peatones precisamente porque sabemos del impacto tan positivo que éstas pueden tener en la sostenibilidad. Yo soy un convencido que en Latinoamérica podemos lograr promedios de viajes  a pie similares a los que observamos en Xalapa y, con el tiempo, aumentar así nuestra calidad de vida.