Las transferencias públicas a los hogares: ¿Quiénes son los verdaderos beneficiarios?

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Saber cómo los gobiernos gastan sus recursos importa porque refleja sus prioridades respecto al desarrollo de sus países. No sólo eso, especialmente en épocas de vacas flacas, conocer en qué gastan los gobiernos también permite intentar vislumbrar ¿qué se puede hacer para mejorar el crecimiento y mantener los recientes y quizá frágiles beneficios en términos de prosperidad y protección social?, como se menciona en una publicación anterior en este blog.

En los últimos años, uno de los rubros del gasto público que más creció en la región fueron las transferencias monetarias a los hogares. Esto ocurrió, desde la segunda mitad de los 90, cuando empezaron a reformarse los programas sociales existentes y a crearse otros más focalizados como las transferencias monetarias condicionadas (TMC) o las pensiones no contributivas (PNC). Desde entonces, un número importante de estudios han demostrado los efectos positivos de estas transferencias en la reducción de la pobreza y la desigualdad de ingresos.

Pero ¿qué rol tuvieron las transferencias públicas para reducir las diferencias de pobreza entre los niños? Pulso Social, el primer informe de condiciones sociales del BID, intenta responder a esta pregunta. Si bien es cierto que todos los grupos de edad experimentaron reducciones importantes de pobreza extrema desde mediados de los 90 (en promedio de 30% en 1996 a 13% en 2014), la reducción de ésta entre los niños fue inferior en comparación con otros grupos etarios. La pobreza extrema entre los niños disminuyó en promedio, cada año en 3,6%, entre los jóvenes en 4,2%, entre los adultos en 4,8% y entre los adultos mayores en 5,9%. Con estos cambios heterogéneos entre los grupos de edad, la pobreza infantil respecto a la de los adultos mayores aumentó de 2 veces en 1996 a 3 veces en 2014.

En principio, uno esperaría que la asignación de los recursos públicos se haga al menos equitativamente entre los que viven en condiciones de pobreza, independientemente de su edad. Y en el mejor de los casos se esperaría que la asignación se haga en favor de los que tienden a tener más probabilidad de padecerla o en función de los retornos esperados del gasto en un individuo a lo largo de su ciclo de vida, pero no siempre es así. Para saber cómo las transferencias públicas influyen en las tasas de pobreza por edad, Pulso Social simula las tasas de pobreza excluyendo las transferencias públicas de los ingresos totales. Las diferencias entre estas tasas y las observadas proveen una medida aproximada de los efectos directos, de corto plazo, de estas transferencias sobre la pobreza.

 

Pobreza (% de población con ingresos debajo de US$ 3.1 por día) observada y simulada por      edades en América Latina, (17 países), ~2014

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El grafico resume los resultados. La línea inferior muestra la pobreza observada y la línea superior la pobreza simulada. La diferencia entre ambas (el área más oscura) muestra los efectos estimados de las transferencias públicas. En general, se observa que estas transferencias son fuentes de ingresos importantes de los hogares porque contribuyen a reducir la pobreza de la población de todas las edades. Su presencia hace que la pobreza en la región sea en promedio 24% más baja frente una situación sin transferencias. Si uno distingue los resultados por edad, las trasferencias públicas reducen en 45% la tasa de pobreza de los adultos mayores y en alrededor de solo 12% la pobreza de los niños, jóvenes y adultos.

De acuerdo a Pulso Social, el sesgo de las transferencias públicas a favor de los adultos mayores es sustancialmente mayor en Chile, Costa Rica y Uruguay en donde la pobreza simulada sin estas transferencias se reduce en promedio a la cuarta parte de su tasa observada (con trasferencias), y también en Bolivia, Brasil y Panamá en donde la reducen a un poco más de la mitad. Por el contrario, en Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador las trasferencias públicas tienen poco efecto en la reducción de la pobreza en todos los grupos etarios.

Con base en las encuestas de los siete países que capturan datos desagregados de las transferencias públicas, Pulso Social muestra que la mitad corresponde a las TMC y a las PNC, programas focalizados en los niños y adultos mayores, respectivamente y que, de la suma de los dos programas, el 57% es por TMC que beneficia a 10.3 millones de hogares y 43% por PNC que beneficia a 5.8 millones de hogares. Es decir, la transferencia promedio de las PNC a hogares pobres con adultos mayores es 41% más alto que la transferencia de las TMC a hogares pobres con niños.

En este sentido, las transferencias contribuyeron a ampliar las brechas intergeneracionales de pobreza y reducen tres veces más la pobreza extrema entre los adultos mayores que entre los niños. Estos hallazgos son consistentes con la pasada publicación insignia del BID, “Primeros Años”, en la que se muestra que no sólo en materia de trasferencias, los más pequeños son los menos beneficiados, sino que es una práctica extendida en materia de inversión social. Para contextualizar, basta recordar que por cada dólar que se invierte en niños de hasta 5 años, se invierten tres en niños de entre 6 y 12 años en la región

En suma, conocer la asignación presupuestal permite saber cuáles son las prioridades de los planes de gobierno en cuanto a inversión de capital humano se refiere, y a lo largo y ancho de la región, la tendencia es favorecer más al electorado activo que a la niñez. En Pulso Social se enfatiza que cualquier debate sobre el destino de las transferencias públicas en la región debería darse, al menos, en términos de las probabilidades de pobreza entre los diferentes grupos etarios de la población.

Para conocer más descarga: “Pulso Social 2016, Realidades y perspectivas”

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El Autor

Marcos Robles

Marcos Robles

Marcos Robles es Economista de Investigación en el Sector Social (SCL) del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Previamente trabajó en la Unidad de Pobreza y Desigualdad y en el Departamento de Investigación del BID. Ha dado apoyo técnico a proyectos del Banco relacionados con pobreza, desigualdad y focalización de programas sociales para Perú, México, Paraguay, Panamá, Honduras, Nicaragua, Jamaica, Ecuador y República Dominicana. Antes de su llegada al BID, fue asesor del Instituto Nacional de Planificación y del Instituto Nacional de Estadística, y Gerente de Métodos Cuantitativos en Maximixe Consulting en Perú. Ha sido coordinador técnico del Programa MECOVI del BID-BM-CEPAL y del Proyecto Presupuesto y Gasto Social de PNUD-UNICEF en Paraguay. El Sr. Robles también ha sido profesor de Econometría y Métodos Cuantitativos en varias universidades de Perú y México. Su área de investigación se centra en asuntos relacionados con pobreza, desigualdad y asistencia social. Es licenciado en Economía y tiene una maestría por el Centro de Investigación y Docencia Económicas de México.

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