La tierra ya está seca, pero las inundaciones continúan

Floods

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Los efectos inmediatos de las inundaciones son bien conocidos y a menudo devastadores. Se pierden vidas y viviendas, y el agua destruye o daña pertenencias, mientras los cultivos pueden quedar arruinados o desaparecer, lo que afecta tanto al ganado como a las personas. Tanto trabajadores como firmas pierden días de productividad que no se pueden recuperar, y pueden tener que afrontar gastos prohibitivos al no contar con seguros adecuados, un problema extendido en los países en desarrollo.

Sin embargo, otros efectos persisten mucho después de que las aguas bajan y la vida cotidiana regresa a la normalidad. Ya que se prevé que las inundaciones y otros eventos climáticos extremos se vuelvan más frecuentes y más intensos a medida que continúa el cambio climático, comprender los impactos de fenómenos anteriores puede ayudar a prepararse para crisis futuras.

La economista María Fernanda Rosales de la Universidad de California, Irvine, ha dado un paso adelante en ese sentido, como parte del proyecto “Los impactos del cambio climático sobre la salud en América Latina y el Caribe”. Al analizar datos de encuestas de hogares de las zonas costeras bajas de Ecuador y de su interior, que se encuentra a mayor altura, la autora aprovecha el “experimento natural” del fenómeno de El Niño en 1997-98, que produjo fuertes lluvias en las costas del oeste de Sudamérica, para ver la forma en que las inundaciones afectan la salud y el potencial de desarrollar destrezas durante la vida de un individuo.

El estudio reveló marcadas diferencias entre áreas más y menos afectadas. La exposición a las inundaciones cuando el bebé aún está en el útero —en especial durante el período de crecimiento clave del tercer trimestre— tiene como consecuencia un bajo peso al nacer y una menor estatura de cinco a siete años más tarde. La exposición a las inundaciones cuando el bebé está dentro del útero también tiene como efecto que los niños afectados sean más propensos a padecer anemia en comparación con sus pares de zonas más elevadas. Además, los niños que están expuestos a inundaciones en el primer trimestre del embarazo obtienen calificaciones más bajas en el Test de vocabulario en imágenes Peabody, una medida internacional de desarrollo cognitivo. Este descubrimiento, a pesar de ser preocupante, no es sorprendente desde una perspectiva biológica: el primer trimestre, en particular el período embrionario, marca un momento en el que el cerebro, el corazón y otros órganos importantes comienzan a desarrollarse y el bebé es sumamente vulnerable.

Es imposible precisar de qué forma la exposición a las inundaciones se traduce en un impacto negativo sobre la salud y el desarrollo cognitivo en cada uno de los casos. De todos modos, varios resultados de la exposición a El Niño ofrecen explicaciones posibles. Los hogares afectados por ese fenómeno de 1997-98 experimentaron una caída en los ingresos. Las regiones más afectadas por las inundaciones también sufrieron las mayores pérdidas en producción agrícola, que al parecer representa al menos parte de esa reducción en los ingresos. El consumo de alimentos también bajó, incluyendo el consumo por parte de niños de menos de cinco años, con efectos negativos sobre su desarrollo.

El impacto de las inundaciones sobre el amamantamiento es particularmente inquietamente, ya que la leche materna tiene una gran influencia en la salud y el desarrollo infantil. La exposición a las inundaciones causada por El Niño redujo la duración del amamantamiento exclusivo e incrementó la duración del amamantamiento no exclusivo, lo cual sugiere un trastorno en la alimentación tanto de madres como de niños. Además, otros posibles factores con efectos sobre la salud materna y la producción de leche son el agua contaminada, las enfermedades infecciosas y la deshidratación. Se necesitan más investigaciones para determinar de forma más precisa cómo se ve afectado el amamantamiento y qué respuestas de políticas públicas podrían necesitarse.

Los shocks para la salud y el desarrollo dentro del útero y en la primera infancia pueden producir déficits en las capacidades cognitivas y para aprender destrezas nuevas, un proceso que los economistas llaman “formación de capital humano”. Esos reveses permanentes implican limitaciones de por vida sobre el potencial de obtener ingresos y otros aspectos del bienestar personal, y cuando esos reveses se producen a gran escala —y de forma repetida— presentan un desafío para el desarrollo de un país.

Hay una amplia variedad de posibles respuestas de políticas públicas para minimizar los impactos de las inundaciones y otros eventos climáticos extremos sobre el desarrollo infantil en Ecuador y otros países en desarrollo. En general, la protección social y las redes de contención pueden usarse para aumentar la capacidad de recuperación de los hogares ante shocks que causan estrés en los padres y afectan la salud de la familia. Esto es especialmente importante para las familias con pocos recursos que incluyen niños y embarazadas. En particular, las políticas deberían hacer foco en las embarazadas lo antes posible, en lugar de esperar a que falte poco para el nacimiento, para reducir los efectos de los shocks sobre la salud y las destrezas cognitivas de los niños. Otras posibilidades son la expansión de los seguros para cultivos, para amortiguar las pérdidas de ingresos, y las políticas de vivienda para alentar que los hogares se ubiquen y se construyan de forma cuidadosa. Todas estas medidas encajan con facilidad en los marcos de desarrollo actuales.

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El Autor

John Dunn Smith

John Dunn Smith es el Editor Adjunto del Departamento de Investigación del Banco Interamericano de Desarrollo. Obtuvo su licenciatura en Estudios Latinoamericanos en la Universidad Americana y un postgrado en la misma área en la Universidad de Chicago. Tiene también una maestría en Asuntos Internacionales por la Universidad de Carleton en Ottawa. Como escritor JD Smith, ha publicado colecciones de poesía, ensayos y humor, así como un libro para niños.

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