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Por José Miguel Uribe, MD, MPH.

En los últimos 23 años, se ha incrementado en un 50% el número de pacientes en el mundo con depresión o ansiedad, según la Organización Mundial de la Salud. Son aproximadamente 615 millones de personas las que batallan contra estas enfermedades a diario y, probablemente, muchas más las que, sufriendo a su lado, se ven afectadas.

En el 2016 los trastornos depresivos mayores se encontraron entre las 10 primeras causas de enfermedad en todos los países del mundo, excepto en 4, según el más reciente estudio de la Carga Global de Enfermedad. En su conjunto, la depresión y la ansiedad representan un costo de $1 billón de dólares anuales sobre la economía mundial. Son dos de las manifestaciones más comunes de la enfermedad mental.

Es hora de un cambio

La salud mental es una problemática de enorme complejidad, pero con profundos efectos sobre la vida diaria de las personas. Incluye temas tan amplios como los factores sociales y las experiencias que desde muy temprano en la vida tienen efectos significativos en el curso vital. Los aspectos de promoción de la salud mental involucran diversos sectores sociales y dependen de muchas políticas públicas, no solo de salud. A pesar de su relevancia, desde hace 27 años el panorama de la salud mental muestra escasa mejoría.

La dimensión clínica de la salud mental, que incluye la depresión y la ansiedad, está mucho más extendida de lo que pensamos, y mucho más escondida e ignorada de lo que debería.

La inversión en salud mental es clave, pero escasa

A pesar de casi tres décadas de evidencia clara sobre el impacto de los trastornos mentales en la carga de enfermedad, la salud mental escasamente aparece en la agenda de política pública. No hay esfuerzos sostenidos por parte de los actores principales en salud pública que asignen recursos suficientes para enfrentar este importante reto.

Si bien la asignación en la ayuda global para salud mental aumentó ligeramente entre 2007 y 2013, ésta aún representa menos del 1% de la asistencia total para la salud. De este porcentaje, casi la mitad (48%) del gasto en salud mental se destina a asistencia humanitaria, educación y servicios civiles.

Tal vez sea necesario reiterar, que contamos con evidencia suficiente sobre la costo-efectividad de las intervenciones en salud mental. Un análisis de 36 países mostró que el incremento de la cobertura para la depresión y la ansiedad, dos trastornos mentales comunes, generó beneficios significativos, tanto en cuestión de años extra de vida saludable como en términos económicos, sobre todo por la productividad que se recupera gracias al tratamiento. Si consideramos solamente los beneficios económicos, se estima que la tasa de retorno por cada peso invertido sería de 2.3 a 3.0. Ésta aumentaría a valores entre 3.3 a 5.7 por cada peso invertido, si se incluyen los beneficios en salud.

La evidencia clama acción

¿Por qué, entonces, no hay claros esfuerzos para diseñar políticas de salud mental que reflejen un compromiso sólido por parte de los actores principales? Un argumento esgrimido es que a los tomadores de decisiones, agentes gubernamentales y pagadores de salud no les interesa la salud mental lo suficiente como para colocarla entre sus prioridades de financiamiento. Si bien algunos países como Perú y Colombia han logrado avances importantes como la aprobación de leyes de salud mental, en la práctica la implementación de los planes o políticas son insuficientes.

Esta es la trampa del silencio: no podemos hablar de atención primaria con equidad y con universalidad si no se incluyen programas de salud mental integrada. Si no hablamos francamente de esto, nos mentimos a nosotros mismos sobre la realidad e incidencia de este problema. Usando un ejemplo de la misma psiquiatría: si nadie habla en la familia del abuso de sustancias, o de la depresión, se mantiene la ilusión de que el problema, sin más, no existe.

Pero lo cierto es que no puede haber equidad ni atención primaria integral si no se incluye en el plan básico a la salud mental, ni tampoco cobertura universal sin un acceso real al tratamiento de los trastornos mentales. Las excusas no son aceptables pues contamos con ejemplos que muestran que es posible integrar la atención en salud mental en el nivel primario, como ha sido el caso de Chile y su expansión en la cobertura de la depresión. Este ejemplo debe animar al resto de la región.

Tomando cartas en el asunto

Existen barreras internas a una mayor integración de la salud mental en los marcos de políticas públicas. El movimiento por la salud mental requiere de un marco común que recoja las innovaciones e intervenciones que mayor costo-efectividad ofrezcan, que se puedan implementar a escala y que se comuniquen de manera clara a los tomadores de decisiones.

La participación del paciente, que se enfrenta a un reto aún mayor en salud mental en comparación con otras enfermedades crónicas, es crítica para transformar los sistemas de salud. Por razones de estigma (de la sociedad, de los encargados de las políticas de salud mental, e incluso de algunos profesionales de salud), las personas con trastornos mentales no son escuchadas y con frecuencia no se sienten con derecho a participar en el sistema de salud al igual que otros pacientes.

Por ello, urge empoderar a los pacientes de salud mental y hacer mayores esfuerzos por incrementar la información y formación en salud mental. Sin embargo, esta creciente participación de pacientes y familias debe encontrar un eco en quienes influyen en las políticas de salud pública, quienes son finalmente los responsables de integrar la salud mental en la atención primaria.

Comparto 5 acciones específicas para promover la salud mental en las políticas de salud.

1.     Romper el silencio: cuando se hable de políticas y planes de salud, pregunte por la salud mental.
2.     Romper el estigma: conocer las experiencias reales de personas con trastornos mentales en su proceso de recuperación.
3.     Evitar la fragmentación: no hay atención primaria sin integración de salud mental, no hay cobertura universal sin cobertura en salud mental.
4.     Olvidar los prejuicios: hay modelos de intervención para los trastornos mentales, con suficiente evidencia de efectividad.
5.     Acabar con la exclusión: incluir a los pacientes y sus familias en los planes de salud, en la decisión compartida y en la evaluación de desenlaces y resultados.

¿Qué estrategias se usan en tu país para hacer frente a los problemas de salud mental? ¿Es la salud mental reconocida o estigmatizada en tu círculo? Déjanos tus comentarios o súmate a la conversación usando @BIDgente en Twitter.

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Showing 4 comments
  • Gabriela
    Responder

    Cómo está contribuyendo el BID para promover la salud mental?

  • Isabel Hurtado
    Responder

    Me parece un tema vital, cada vez más visible en la vida cotidiana de la gente. Sin embargo, fuera de las instituciones escolares, es más difícil identificarlas en la población, y varios fenómenos se visibilizan en esa etapa de la vida. Los servicios locales son casi inexistentes debido a que las autoridades no conocen cuáles son los límites de la salud mental; no existe una demanda pública.
    Así como existen los ODM, y la preocupación global por reducirlos, debería haber una preocupación mundial por los niveles de salud mental en la población. En esta primera parte, con indicadores de atención mínimos de salud primaria y comunitaria, que deberían ser alcanzados en todos los países en la próxima década, mientras se intenta reunir información pertinente en los niveles nacionales. Así como se ha logrado estandarizar propuestas estatales de reducción de la desnutrición crónica a nivel global, también los países debieran preocuparse por institucionalizar las mejores propuestas de atención de la salud mental.

  • ROBERTO CISNEROS OSORIO
    Responder

    En México, desafortunadamente los hacedores de las políticas publicas en materia de salud (2013-2018) se olvidaron de la salud mental y por ende de las intervenciones posibles en el primer nivel de atención, desde luego el problema de ansiedad y depresión nos pueden acompañar desde los primeros meses del nacimiento (Melanie Klein) si no se tiene especial atención en la etapas del desarrollo del niñ@ . Las acciones y su financiamiento se han direccionado a los programas de crónico-degenerativos, tratamiento del Cáncer de mama y otros cáncer, olvidando las estrategias preventivas aun cuando están escritas en sus planes, desgraciadamente el populismo y la espectacularidad importa mas.

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