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Integracion Comercio

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14 Jun 2016

Una nueva agenda comercial: ¿De qué modo puede vincularse América Latina más allá de los tradicionales tratados de libre comercio?

Cuando se habla de integración en América Latina, hay algo que resuena todo el tiempo, la Alianza del Pacífico (AP); una iniciativa de integración que vincula a Chile, Colombia, Perú y México, y que se ha convertido en modelo de un enfoque moderno de integración regional. La AP no solo ha eliminado las barreras comerciales tradicionales —el grupo ya hizo nulos los aranceles sobre el 92 % de los bienes comerciados y armonizó sus reglas de origen—, sino que también aborda los principales temas comerciales del siglo xxi, como la facilitación del comercio, la integración financiera y el comercio electrónico, y está trabajando con socios extrarregionales para forjar relaciones económicas valiosas.

Esta es una labor muy encomiable dado el contexto económico actual en la región y las dificultades que han enfrentado los países en sus intentos por diseñar y poner en marcha distintas iniciativas de integración. Pero ¿qué pasa en el resto de América Latina? ¿Qué puede hacer la región en su conjunto para fortalecer los lazos económicos intrarregionales y mejorar su competitividad a nivel mundial?

Este fue el tema central de un evento organizado recientemente por la institución Brookings (enlace en inglés). El gerente del Sector de Integración y Comercio del BID, Antoni Estevadeordal, lideró un panel de especialistas en comercio y representantes de los gobiernos de Argentina, Brasil, Costa Rica, Perú y Estados Unidos en un debate sobre cómo puede la región trabajar en conjunto para promover el comercio y la integración de manera coordinada sin que esto implique necesariamente la negociación de un acuerdo comercial formal, que constituye una tarea por demás compleja políticamente.

La idea propuesta fue construir sobre la base de la arquitectura comercial existente y aplicar políticas específicas destinadas a promover la convergencia entre los TLC vigentes, de modo de mejorar su funcionalidad.

Con este objetivo, Ernesto Talvi,Antoni Estevadeordal proponen formar un Acuerdo Transamericano (TAP), desde el cual los países trabajarían juntos en pos de:

  1. Armonizar las reglas de origen (ROO) entre los distintos TLC actualmente vigentes y
  2. Poner en marcha una agenda de facilitación del comercio en todo el hemisferio.

Este enfoque abordaría uno de los mayores obstáculos al comercio en la región: los elevadísimos costos de comerciar. De hecho, uno de los principales desafíos que enfrenta la región, como explicó el Vice Ministro de Comercio Exterior de Costa Rica, Jhon Fonseca, es cómo reducir los costos para que las empresas puedan lograr mejor acceso a los mercados, aumentar la productividad y, en última instancia, generar más inversiones y empleos en la región.

Al sustituir el mosaico de reglas de origen por un único régimen de ROO y aplicar medidas de facilitación del comercio para estandarizar y armonizar las operaciones aduaneras en la región, el TAP ayudaría a reducir los costos asociados al comercio. La creación de un único régimen de ROO permitiría que las empresas de cualquier país utilicen materiales de cualesquiera de los otros países sin arriesgar su acceso preferencial, lo que eliminaría una barrera importante al comercio intrarregional, y facilitaría la formación de cadenas de suministro. La aplicación de medidas de facilitación del comercio coordinaría las operaciones aduaneras en la región, y esto tornaría la circulación de mercancías a través de las fronteras y a lo largo de la cadena de suministro mucho más eficiente y rentable.

Competitividad latinoamericana en la economía mundial

Más allá de simplemente incrementar el comercio intrarregional, una estrategia coordinada como el TAP ayudaría a América Latina a aumentar su competitividad en la economía mundial e impulsar el crecimiento. Esto es hoy más importante que nunca, ya que la región enfrenta el estancamiento del crecimiento de sus exportaciones, la caída de los precios de los productos básicos que no se revierte y la disminución de la demanda de su principal comprador, China.

Como señaló el Subsecretario Adjunto de Comercio Internacional de los Estados Unidos, Kenneth Hyatt, es importante que la región encuentre soluciones útiles y prácticas y desarrolle un programa exhaustivo con una orientación pragmática que agregue valor. Centrarse en la mejora de las relaciones comerciales constituye un gran paso adelante. Como expresó la ministra de Comercio, Comercio Exterior y Turismo de Perú, Magali Silva, el libre comercio crea más empleos y hace que más personas estén incluidas en la economía mundial. Precisamente esta es la meta que pretende alcanzar el TAP.

En lugar de empezar de cero, el TAP proporciona una plataforma para intensificar los esfuerzos subregionales existentes.

Este tipo de trabajo incremental sirve para “allanar el camino por medio de elementos fundamentales” que den lugar a iniciativas más ambiciosas en el futuro y “ayuden a toda la región a pensar nuevamente en una iniciativa para a las Américas en su totalidad”.

Este es un buen momento para comenzar a pensar en un proyecto regional como el TAP, y la discusión suscitada en Brookings demostró que los países están preparados. Por ejemplo, el Secretario de Comercio Exterior de Brasil, Daniel Godinho, señaló que su país ha lanzado recientemente un plan de exportaciones nacionales con el objeto de incrementar la participación de estas en las cadenas globales de valor, pero observó que Brasil no puede alcanzar este objetivo si no cuenta con cadenas de valor sólidas a nivel regional. Apuntó a la facilitación del comercio como el tema más importante que la región debe encarar en el corto plazo.

Asimismo, el Secretario de Comercio de Argentina, Miguel Braun, destacó que su país está dispuesto a volver a trabajar de manera constructiva con otros países a fin de profundizar el comercio intrarregional. Si los países tienen la seria intención de revitalizar a la región y emplear medios innovadores para estimular el crecimiento económico, deben trabajar juntos. La mejor manera de avanzar es a través de una estrategia regional coherente que funcione explícitamente tanto para profundizar la integración entre los países ya asociados por medio de TLC como para maximizar la conectividad entre aquellos que no han suscripto TLC.

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