Por Jane Leer

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Estamos un año más cerca de 2015 —año en que vence el plazo establecido por los 193 estados miembros de las Naciones Unidas y al menos 23 organizaciones internacionales para alcanzar los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). ¿Qué logros hemos alcanzado a favor de los miembros más jóvenes y vulnerables de nuestra sociedad hasta ahora? Y mientras la comunidad internacional prepara el marco de los ODM post 2015 ¿se incluirá el tema del desarrollo infantil temprano?

El cuarto ODM “reducir la tasa de mortalidad de los niños menores de 5 años en dos tercios” es el único ODM dedicado específicamente al período de la infancia. Desde 1990 la mortalidad infantil se ha reducido en un 35% a nivel global, pero la probabilidad de que los niños de la región en desarrollo en su conjunto mueran antes de cumplir cinco años sigue siendo el doble comparada con la de aquellos niños provenientes del 20% de los hogares más adinerados. La lucha contra la mortalidad infantil es un primer paso esencial y se requiere de mayores inversiones para garantizar embarazos y partos saludables y combatir las causas prevenibles de mortalidad infantil, como son la malnutrición y la diarrea.

Sin embargo, hasta ahora los programas integrales de atención y educación de la primera infancia (AEPI) se han visto ampliamente desatendidos, ya que los esfuerzos internacionales se han concentrado en la matriculación universal en la escuela primaria (segundo ODM) y en la eliminación de la disparidad ente géneros en la enseñanza primaria y secundaria (tercer ODM). Ambos objetivos son necesarios. Sin embargo, se lograrán solo si la inversión en los primeros cinco años de vida permite que los niños vulnerables superen los obstáculos con los que nacen, tales como el hambre, el estrés y la falta de una buena interacción con sus padres, con las personas encargadas de su cuidado y con sus maestros. Hoy en día, menos del 50% de los niños del mundo reciben cuidados y educación preescolar.  

Sin embargo, resulta prometedor revisar la preparación inicial de los ODM post 2015, particularmente en lo que concierne a las propuestas educativas. Hasta ahora, el abrumador consenso de la comunidad internacional se inclina hacia el compromiso con el aprendizaje y la construcción de destrezas, dado que el significativo incremento en el acceso a las escuelas no ha ido de la mano con el mejoramiento de la calidad de la educación o la equidad dentro del aula. No obstante, como parte integral del compromiso con el aprendizaje, se ha reconocido que la cimentación de bases débiles durante los primeros años constituye una de las barreras más importantes tanto para el aprendizaje que vendrá a lo largo de toda la vida como para los logros académicos.

La Oficina del Secretario General de Naciones Unidas, la agencia que encabeza el debate sobre la educación post 2015, propone reducir el número de niños menores de 5 años que sufren de malnutrición en un 50% y aumentar la participación en programas de desarrollo infantil temprano de calidad dirigidos a niños marginados. La UNESCO ha definido la educación preescolar como un área temática principal. La Estrategia de Educación 2020 del Grupo del Banco Mundial describe el desarrollo infantil temprano —la salud prenatal, la calidad en las interacciones con los padres y la educación inicial— como un pilar central en su Estrategia de Aprendizaje para Todos. El Pacto Mundial sobre el Aprendizaje dirigido por la Institución Brookings propone que los programas de desarrollo infantil temprano de alta calidad sean una estrategia fundamental para combatir la desigualdad.

Aquí en el BID, el desarrollo infantil temprano es considerado una prioridad para nuestra Estrategia del Sector Social. De hecho, una próxima publicación del BID a cargo de María Caridad Araujo, Florencia López Boo y Juan Manuel Puyana recopila información detallada sobre los 42 programas de desarrollo infantil en 19 países de América latina y el Caribe, la misma que evidencia la tremenda heterogeneidad que existe en la región, en particular en el tema de cobertura. Esto debe ser tomado en cuenta al reflexionar sobre los ODM. La Organización de Estados Iberoamericanos  incluye la atención integral de la primera infancia dentro de los once objetivos educativos regionales post 2015 listados en su publicación “Metas Educativas 2021” .

Por supuesto que los ODM no son la panacea para el desarrollo global. El éxito que puedan tener dependerá de cómo se establezcan los objetivos, de cómo se midan los avances, de cómo deban rendir cuentas los donantes y los países prestatarios y, especialmente en el caso de la educación infantil, de cómo se defina la calidad. De todas maneras, los ODM seguirán estableciendo las prioridades para el futuro previsible. Por ello es esencial que el desarrollo infantil temprano se convierta en un elemento importante en el marco post 2015.

Las plataformas disponibles en línea de las Naciones Unidas y el Instituto de Desarrollo de Ultramar permiten que todos podamos participar y contribuir para asegurar que en esta ocasión se dé prioridad a los esfuerzos relacionados con el desarrollo infantil temprano integral, ya no como un elemento secundario en la agenda educativa, sino más bien como una herramienta esencial  para detener el ciclo de la pobreza.

Jane Rachel Leer tiene un B.A. de la Universidad de California, Berkeley, en Estudios de Desarrollo. Actualmente Jane trabaja como consultora en la oficina del BID en Managua, Nicaragua, donde apoya a proyectos de la primera infancia.

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