Más de 86 millones de hogares de América Latina residen en barrios informales, sin servicios básicos ni títulos de propiedad, lo cual se traduce en una grave traba para generar una sociedad más próspera y justa,ya que la vivienda es una plataforma esencial para el desarrollo humano. Esta es la premisa del Día Mundial del Hábitat —el primer lunes de octubre de cada año—que fue designado por las Naciones Unidas en 1985 como una fecha para reflexionar sobre el estado de la infraestructura de nuestras ciudades y el derecho básico a tener una vivienda adecuada.

Entre muchas cosas, las condiciones de residencia de un hogar impactan directamente en los índices de salud de la población debido a que determinan el acceso a servicios de agua, saneamiento y electricidad, y a la exposición a contaminantes ambientales y a riesgos climáticos. La ubicación de una vivienda está correlacionada con las posibilidades de sus habitantes de participar plenamente de la vida cívica y económica de su ciudad. De manera similar, contar con caminos en buen estado y con medios de transporte adecuados es crítico para conectarse con empleos bien remunerados y con centros educativos de calidad. Tal lo demuestra un estudio sobre la carga de la vivienda de interés social, en el cual se analiza el impacto de la ubicación de este tipo de viviendas en la periferia de la ciudad sobre los ingresos y la calidad de vida de sus residentes.

La escala del problema de la ubicación de barrios informales —el cual afecta directamente a uno de cada cuatro habitantes urbanos de América Latina— requierede acciones tanto remediales, como preventivas. Entre las primeras se encuentran los programas de mejoramiento, que buscan renovar y aumentar la calidad de vida y las condiciones de estos barrios. Dichos programas han dado resultados positivos en términos de mejora en la salud de la población, y en algunos casos han contribuido a reducir los niveles de violencia local.

Un ejemplo interesante de mejoramiento es el Programa Integrado Urbano en la ciudad de Medellín, Colombia,una iniciativa para la renovación de infraestructura y los espacios públicos, que incluye actividades culturales que preservan las tradiciones locales. Este programa ha ayudado a mejorar significativamente la seguridad ciudadana en los vecindarios donde se implementó,ha triplicado las actividades comerciales en el área y ha fortalecido la participación de sus residentes y el liderazgo de la comunidad. Un caso similar se ha impulsado en Soweto, Sudáfrica, donde las mejoras integrales del vecindario ayudaron a reducir las tasas locales de violencia y a aumentar el valor de la vivienda por metro cuadrado.

Sin embargo, los programas de mejoramiento de barrios son correctivos y no pueden reemplazar una buena planificación. Estos programas son complejos de implementar y de replicar, ya que su costo es de tres a siete veces mayor que el costo de haber hecho una urbanización tradicional. La falta de inversión en infraestructura urbana, de una política que facilite el acceso a créditos hipotecarios para hogares de bajos recursos, y de una planificación territorial a escala metropolitana y de largo plazo, han contribuido a la proliferación de barrios informales. Atender estas causas es fundamental para generar ciudades más justas, sostenibles y prósperas para todos.

Es por eso que el principal objetivo de la División de Vivienda y Desarrollo Urbano del BID es integrar en el ámbito urbano las políticas que buscan la equidad con aquellas que promueven la sostenibilidad y la productividad. La nueva visión del sector urbano integra el desafío del acceso a la vivienda con el de los barrios informales, entendiendo que ambas políticas están relacionadas y determinan el futuro de nuestras ciudades.


Edición por Andreina Seijas